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Opinión

  • | 2018/08/16 00:01

    La irresponsabilidad del turista en una Colombia que busca promover el turismo sostenible

    Si medimos el impacto del turismo para el país a la luz de las cifras económicas, estamos siendo muy reduccionistas con aquello a lo que llamamos impacto.

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Me alegra mucho ver que el turismo en Colombia se erige como una de las apuestas de desarrollo del país a futuro. Cuando era niño (ochentas y noventas), era poco común ver a un extranjero caminando por Bogotá o verlo en el Tayrona y mucho menos, asomándose por el Caquetá o Putumayo, por ejemplo. Hoy en día ya hasta nos parece normal esta situación, lo cual está muy bien. Por otra parte, los mismos colombianos estamos aprendiendo a viajar dentro de nuestro territorio y no vemos en cada vacaciones la oportunidad para ir a los mismos destinos de sol, piscina-balneario o playa caribeños atestados de personas. En otras palabras, estamos aprendiendo a diversificar la elección de los destinos que elegimos y ya nos atrevemos a explorar esa Colombia desconocida por muchos. Todo eso me alegra en realidad y denota oportunidades de desarrollo para todos.

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Las cifras desde el punto de vista económico son alentadoras:

Hay turismo de todo tipo y para todos los gustos: de diversión, de salud, de negocios, gastronómico, étnico, de aventura, agrícola y el que más me gusta, turismo de naturaleza/ecoturismo (sin entrar en debates conceptuales). Las cifras son claras y me limitaré a parafrasearlas, pero antes, me anticipo a la conclusión de este artículo: Si medimos el impacto del turismo para el país a la luz de las cifras económicas, estamos siendo muy reduccionistas con aquello a lo que llamamos impacto. Algunas cifras aleatoreas que evidencian el avance del turismo en términos de oportunidades y realidades económicas:

  • Número de visitantes extranjeros en 2017: 6,53 millones (más de 1 millón en comparación al año 2016 y 2 millones con relación al 2015). Lo cual representó en divisas para el país, casi US$4.698 millones (aumento del 7,4% con relación al 2016) -cifra del Banco de la República-.
  • Se proyecta que al finalizar el 2018 lleguen al país 7,5 millones de visitantes extranjeros, según declaraciones de Paula Cortés, presidente de la Asociación Colombiana de Viajes y Turismo (Anato) a la Revista Dinero[1].
  • Hoy Colombia cuenta con 24 aerolíneas que operan 1.109 frecuencias internacionales directas por semana a 26 países -Ibid-.
  • Número de turistas que llegan a San Andrés cada año: apróximadamente 1,1 millones en 2017 cuando la población local es de no más de 100 mil habitantes -en un espacio territorial de 26 km2-.
  • En Leticia (Amazonas), la capacidad hotelera creció en un 20% desde el 2017 y las frecuencias aéreas y el portafolio de actividades ya son suficientes para atender a unas 180.000 personas anualmente[2].

Y los otros impactos que no son económicos, ¿qué?

También aplaudo las políticas de turismo que han permitido fortalecer la oferta de los servicios turísticos desde un enfoque de clúster. Las normas técnicas sectoriales de turismo sostenible han logrado un buen desempeño y objetivo: fortalecer las capacidades de las agencias de viaje, hoteles, restaurantes, guías, servicios de transporte, etc. Este buen desempeño  hay que reconocerlo.

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No obstante, y pese al aún alto grado de informalidad que se presenta en el sector del turismo, hay cuestionamientos que me hago cada vez que viajo por trabajo por Colombia cuando debo asesorar a algún prestador de algunos de los servicios turísticos en temas de sostenibilidad. Estos interrogantes se resumen en uno: ¿Qué tipo de turistas están llegando a los destinos del país? ¿Sus comportamientos son responsables, promueven la conservación del territorio y las tradiciones locales? O es más de lo mismo: puro turismo de chancleta, guaro, bulla y generación de residuos que simplemente se traslada a las zonas inexploradas por el turismo en el país?

Me duele ver lo que pasó con lo que promovía la Madamme en Cartagena, pero más aún, me cuestiona lo que estamos haciendo como sector para que este tipo de turistas no se deje cautivar por este tipo de ofertas turísticas aberrantes. Me duele ver que San Andrés se esté sumiendo en residuos y que siempre la culpa la tenga el gobierno y no haya una autocrítica por parte del consumidor/turista. Me preocupa saber que habrán 180 mil visitantes en Leticia y con ellos una huella de carbono y toneladas de plásticos rondando por ahí. Me duele ver lo que vi en una de las hermosas cascadas de Caquetá, en donde visitantes, e incluso habitantes locales, terminaban dejando un arrume de basura y/o lavando sus carros con grandes cantidades de jabón mientras se bañaban en esas espectaculares aguas y departían un fiambre. Todo esto me cuestiona pero también me motiva a alertar por medio de este artículo. Aquí quiero compartir un consejo que le doy a aquellos con los que trabajo: Hay que aprender a ponerle un filtro al tipo de consumidor que busca el servicio de uno. El hecho de recibir unos pesos no justifica la existencia de conductas inapropiadas que afecten lo ambiental, lo social o lo cultural.

En conclusión (número dos): O fortalecemos las estrategias y mecanismos de comunicación y educación a los turistas, antes, durante y  después del viaje, o lentamente acabaremos con la riqueza natural y paisajística que tenemos.

Promover el turismo en Colombia se nos puede volver un dumping ecológico: mucho dinero recibido hoy, a costa de muchos pasivos ambientales y sociales futuros que costarán mucho más dinero de lo que se recibe en el presente.

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