Opinión

  • | 2019/08/06 00:01

    ¿Importará su número de seguidores en redes sociales para conseguir trabajo?

    Aceptémoslo, la superficialidad nos seduce. Es más fácil saltarle emocionalmente a algo que detenerse y pensar.

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Es mejor un mesías con eufemismos que alguien que quiere arreglar una ciudad o un país. Es más fácil medirse en seguidores que apelar a la esencia del ser humano. Será que nos preguntarán en entrevistas de trabajo futuras ¿Usted cuántos seguidores tiene?

El mundo de las redes nos ha ayudado a contagiarnos más de algo de cortoplacismo, emoción y marketing no muy sincero, como lo es el de los influenciadores. Una de las métricas sagradas de la falsedad digital es el número de seguidores que tiene alguien. Vemos personas esforzándose por mostrar lo que no son, gente haciéndole perfiles a perros que quizá agradecerían si los dejaran ser simples perros, unos preocupados por las Kardashian y las marcas vorazmente buscando formas efectivas de visibilizarse.

La pregunta que formulo en el artículo no es mía, sino de una persona que admiro y respeto por su calidad intelectual y personal: Freddy Castro, un economista que ha dedicado sus energías a tratar de mejorar y transformar el malherido Estado colombiano. En su cuenta de Twitter, hizo la pregunta y el 11% de los encuestados respondió que definitivamente sí será un criterio tener seguidores digitales para un trabajo. Para ser influencer, claro, ¿pero también para otros cargos un poco más mundanos? 

El mercado de los influenciadores mueve US$8.000 millones anualmente, según un poco accesible informe de Business Insider. Luego de encuestar a 192 agencias en varios países, el 48% de los marketeros concluyeron que el influencer marketing es el mejor canal que existe. En este mundo, clasificamos a los influencers como megainfluencers (más de un millón de seguidores) o microinfluencers (entre 1.000 y 100.000). También están los nanoinfluencers, dedicados solo a nichos y probablemente los más efectivos en B2B.

Es posible que, para cargos de comunicaciones, promociones, ventas, community management, etc, aparezca la pregunta. Sin embargo, si surge, sería vergonzoso en la mayoría de los casos, dado que la experticia y el conocimiento de las redes no se mide en el efecto numérico de las sandeces que uno ha dicho en redes personales. Por ejemplo, un mercadólogo digital o un ciber antropólogo no necesitan ser muy visibles en redes para ser efectivos para una organización. Si la pregunta surge, es necesario estar armado de argumentos para revelar el valor agregado que uno significará a la empresa, en vez de ser una mera pluma que el viento se llevará. Algo muy distinto, sin embargo, es que se busque contratar a un influenciador para que promocione directamente algo gracias a su visibilidad. En ese caso, sus seguidores sí serán un criterio vital.

El hecho que surja la pregunta de las entrevistas de trabajo es un síntoma de la productiva falsedad del marketing. Hace años doy clases de branding y marketing, y aceptar esta realidad me ha ayudado a entrar más en sus complejidades. Daniel Kahneman, un brillante psicólogo israelí, alguna vez escribió que la ley del mínimo esfuerzo aplica en el ser humano en lo cognitivo y físico. Cuanto más me gusten combinaciones de colores y empaque, así el producto sea algo malo, más compraré si de una u otra forma lo conecto con mi identidad. Para Herbert Blumer, sociólogo, el ‘mecanismo de la moda’ se da cuando buscamos alinearnos con las preferencias más reconocidas en el mercado, y no necesariamente con las ganas de ser distinto.

A esto, Freddy Castro agrega que “criticamos el ambiente agresivo que se vive en redes sociales, pero dependemos de ellas y las empoderamos; creemos lo que allí se dice (ejemplo, la bandera de Colombia en la Torre Eiffel, cuando Egan Bernal ganó el Tour) y, en el caso de algunos funcionarios públicos, se comparten fotos de reuniones sin importancia". Este es el problema central: empoderar tanto a las redes en nuestro uso caótico del tiempo, pero también en nuestra superficial construcción de criterio.

No se dejen timar por tanta visibilidad, porque sigue fielmente los tácitos y a la vez gritones infundios del marketing. No se dejen timar para tomar decisiones de vida y traten de construir su identidad con influencia interna, sensata y sincera, de lo contrario entrarán al flow orwelliano que Steve Jobs quiso ilustrar en el famoso comercial del Macintosh en 1984: nos ven como autómatas, hasta que alguien llega y rompe los moldes. El problema ahora no es romperlos, sino vivir auténticamente en los moldes digitales sin necesidad de odiarlos. No se preocupen si no tienen seguidores; preocúpense si no tienen competencias y amigos.

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