Opinión

  • | 2016/09/25 00:01

    ¿Hay bullying empresarial?

    El bullying (matoneo/acoso) no es un tema solo de niños y colegios. Los grupos humanos se mueven alrededor de diferentes intereses y diversas fuerzas personales que al final hacen que en algunas fallas del equipo haya abuso.

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Lo peor del bullying empresarial es que no es tan fácil de detectar y nos vamos a los extremos. La exigencia de un buen desempeño no es persecución ni abuso, es por supuesto lo mínimo que hay que hacer como miembro de una organización. El otro extremo se da cuando aguantamos todo a razón de un orden jerárquico y aunque se cruza la línea del respeto, lo volvemos parte de la cultura.

El bullying se divide en cuatro formas básicas, emocional o relacional, verbal, físico y cibernético. Normalmente usa la intimidación para cumplir con sus fines y por supuesto el maltrato que es evidente en términos organizacionales es más psicológico.

Como concepto se trabaja como “Acoso” (harassment) y de manera desafortunada se vincula normalmente al campo sexual. Pero el acoso laboral es una realidad y es  el que hace un mal líder con el mal uso del poder...

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El abuso emocional y psicológico es el más común. Llamados de atención sin soportes reales, regaños recurrentes delante del equipo, humillaciones públicas y ofensas como “estoy decepcionado de su mal desempeño”, “no puede ser que ud no vea eso” “usted no sabe de lo que habla” pueden ser abuso si se hace con la mala intención de afectar al otro.

Se supone que al ser adultos y profesionales, los empleados deben aguantar todo tipo de presión, pero no puede confundirse la presión normal de la operación con el maltrato. La actitud, la mirada, la gesticulación pueden hacer parte de una intimidación que va quebrando la autoconfianza del empleado.

El ciberbullying busca usualmente lo que no se puede decir cara a cara. Por tanto tiende a ser más duro y cruel. Esta categoría no es tan usual en  las empresas, pero en su reemplazo, a redes sociales puede haber mail ocultos, dobles agendas o mails compartidos con otros colegas con la intención de menospreciar al objeto del abuso.

Existe también el bullying de prejuicio. Este es el discriminatorio que apunta a los grupos con religión diferente, nacionalidad, cultura o una orientación sexual no aprobada por el acosador. Para no ir tan lejos conozco casos de prejuicio solamente por el tipo de ropa que usa un hombre o mujer. Por ejemplo, si una mujer se ve “demasiado” bonita puede ser pre juzgada solo por su apariencia e incluso rodar un rumor sobre ella donde no se merece en términos reales lo que tiene porque seguramente “algo hizo para lograr su posición”.

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Existen 3 variables para definir si una conducta es bullying

1. Desbalance de poder. Normalmente es el jefe directo o alguien con mayor poder jerárquico quien hace el bullying. Hay abuso de poder y el subordinado en una posición de vulnerabilidad no puede responder en la mayoría de los casos al jefe que lo maltrata. Es común que estos jefes prefieran estar en público para el abuso y la presión, pero también puede darse uno a uno. Lo más difícil es que esto se vuelve repetitivo, casi un hábito es muy difícil de probar y en muchos casos queda en la impunidad. El único castigado es el abusado que carga con su autoconfianza en el piso.

2. Acciones repetitivas. De una manera conceptual el bullying no es una acción aislada de rabia. Si los actos se dan de manera sostenida y reiterativa en el tiempo implica que es un acto de acoso. Muchas veces puede ser la misma ofensa en diferentes escenarios, “eres un inútil”, “nunca eres preciso” por ejemplo.

3. Acciones premeditadas. Cuando hay mala intención de hacer daño hay acoso. El dolo se mide por el contexto en general pero también porque si hay afirmaciones o actos que afectan la persona pero no generan valor es claro que hay matoneo.

Hay que detectar cuando hay bullying porque de ninguna manera debe ser permitido. Si es parte de la cultura hay que hacer algo para abolirlo, si es el líder quien lo hace debe cuestionarse y parar inmediatamente y si es usted el receptor… ¡no aguante! Nadie tiene derecho a maltratar.

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