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Opinión

  • | 2020/06/05 09:22

    Game Over: adoptemos el cambio hacia una nueva economía poscoronavirus

    No solo la poca capacidad de consumo cambiará el juego de la política fiscal y monetaria en Colombia. Además, las preferencias de consumo están cambiando.

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En 2019, el ministro Carrasquilla presentaba estimaciones del PIB mayores al consenso del mercado. Cuando le preguntaban las razones de su optimismo, solía decir que, desde el año 2000, los analistas consistentemente habían predicho menores crecimientos a los conseguidos por la economía; tenía, además, una gráfica para probarlo.

Con un objetivo de duplicar el ingreso de las familias en menos de 25 años y unas políticas fiscales y monetarias bien definidas, Colombia, desde 2018, tenía concentrados sus esfuerzos de crecimiento económico en las industrias que hoy presentan el mayor choque negativo: la construcción, el comercio, la industria y el gasto fiscal enfocados a la infraestructura.

De acuerdo con el Marco Fiscal de Mediano Plazo de 2019, el crecimiento de estas industrias presentaba una esperanza de cambio positivo en la tendencia de crecimiento, y lo definía como “la principal señal del inicio de una nueva fase de aceleración”.

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Pero teniendo en cuenta que el consumo de hogares representa cerca del 70% del crecimiento del PIB real de Colombia, desde el punto de vista del gasto, hoy el juego es otro.

Durante los dos últimos meses, a nivel mundial se discute abiertamente sobre la velocidad de recuperación económica con dos escenarios principales:

  1. La recuperación inmediata una vez se levante el aislamiento obligatorio, bajo el supuesto de que todos retomamos nuestra vida pre-coronavirus.
  1. La recuperación lenta, en la que los gustos y las necesidades del consumidor cambian.

El primero generaría unas tasas de crecimiento real altas en el tercer y cuarto trimestre de este año; se contrarrestarían los malos resultados actualmente experimentados y habría un final relativamente feliz. Este escenario explica el actual comportamiento positivo de las bolsas globales: el S&P 500 en Estados Unidos ha subido 30% desde el 23 de marzo del presente año, por ejemplo.

El segundo generaría una significativa contracción a la economía para todo este año y confirmaría así que la estimación del FMI fue muy optimista. Este escenario tiende a ser cada día más probable, si se tiene en cuenta que Reino Unido y España, dos de los países más afectados por el coronavirus, no muestran buenos resultados.

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El Banco Central del Reino Unido estima que el desempleo se duplique, alcanzando 8%, y la economía se contraiga a -14%, niveles no vistos desde hace 300 años. En España, el Gobierno estima un desempleo del 19% y una contracción del PIB de -9%.

Con una pérdida de 1,6 millones de empleos durante marzo, que alcanza una tasa de desempleo de 12.6% —niveles solo vistos en la Gran Recesión de 2008—, la capacidad de consumo de los colombianos comienza a mostrar sus grietas.

Pero no solo la poca capacidad de consumo cambiará el juego de la política fiscal y monetaria en Colombia, también las preferencias de consumo están cambiando.

Con solo dos meses de estar en las casas, hemos acelerado el proceso de apropiación de la tecnología, dada la necesidad de desarrollar nuestro trabajo y comunicarnos con nuestras familias. Adicionalmente, nuestro apetito por gastar en artículos de lujo se ha disminuido y es evidente que valoramos más la acumulación de experiencias que la acumulación de bienes.

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Mas aún, en el reciente fin de semana, durante el cual conmemoramos el final de la Segunda Guerra Mundial, es difícil no percibir una similitud entre nuestras costumbres de hoy y la preferencia por experiencias y alimentos saludables de los consumidores de los años sesenta y setenta del siglo pasado.

Un primer indicio de esto son comentarios como el del CEO de Cargill, Dave MacLennan, en una reciente entrevista para David Rubenstain en Bloomberg, en la cual dice que él invertiría sus propios ahorros en el segmento de alimentos saludables.

En conclusión, cada día es más visible que la recuperación de esta crisis tardará más de lo estimado y que los consumidores demandarán productos y servicios diferentes o, por lo menos, en diferentes cantidades que antes.

Debemos entender que estamos comenzando un nuevo juego y que podemos implementar política fiscal para desarrollar sectores económicos que soporten una nueva demanda global, a costa de dejar que otros importantes sectores que están marchitando continúen su proceso natural.

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