Opinión

  • | 2018/12/06 00:01

    Futurología para dummies

    “La mejor forma de predecir el futuro es creándolo” – Abraham Lincoln

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Singularity University ha construido un foro global de pensadores, activistas y científicos dedicados a construir el futuro. La semana pasada, en un formato a la altura de los mejores eventos globales, hicieron escala en Bogotá para compartir con más de 800 personas su visión acerca de lo que podemos esperar como humanidad en las décadas por venir.

Al contrario de esa visión caótica y apocalíptica del futuro, hoy tan de moda en ciertas esquinas del saber y que predicen una humanidad a merced de la inteligencia artificial y sometida por una élite corrupta, la realidad dibujada por el grupo de pensadores que pasaron por Colombia abre un compás de optimismo que está alineado con lo que hoy describen autores como Matt Ridley en el “Optimista Racional” o Steven Pinker  “En defensa de la ilustración”.

Estos autores entre muchos otros que se unen a la era del optimismo, recogen con cifras y datos los grandes avances que ha tenido la humanidad en casi absolutamente todos los indicadores de desarrollo, todos estos medidos por las Naciones Unidas: expectativa de vida al nacer, acceso a la educación, ingreso per capita, acceso a salud, equidad de género, empleabilidad, etc. Tal vez con excepción de las emisiones per cápita de dióxido de carbono, la humanidad como un todo ha generado brincos sustanciales.

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Partiendo de estas realidades, el evento nos paseó por casi todas las áreas del saber, sin excepción, apelando a nuestra capacidad de sorpresa frente a realidades que hoy ya se empiezan a vivir y que parecerían ciencia ficción: Carros voladores, carros autónomos, auto generación eléctrica, extracción de agua del medio ambiente, planetas habitables, farmacéuticos por diseño personalizados, genética que inhibe enfermedades desde el embrión (ya nació en China el primer bebé genéticamente inmune al sida), aviones eléctricos, agricultura 100% robotizada, construcción de vivienda 3D... en fin, la era de los Supersónicos a la vuelta de la esquina.

En este entorno, el de aquellos que apalancados en tecnología construyen un mundo de cambios exponenciales siguiendo la ley de Moore (el valor de la tecnología se reduce a la mitad cada dos años y su capacidad se duplica), aparece un ecosistema empresarial que cambia dramáticamente: las empresas que hacen parte del S&P 500 están siendo reemplazadas cada dos semanas y el 40% de las empresas del Fortune 500 dejarán de existir en los próximos 10 años.

El caso Latinoamericano no es diferente: grupos empresariales, sobre todo de origen familiar, que nacieron y crecieron hace ya varias décadas en una época de mercados embrionarios, imperfectos y de necesidades desatendidas, que hoy se dan en la cabeza al ver cómo organizaciones jóvenes, redibujan los procesos críticos y arman una oferta de valor más eficiente y generalmente más económica.

Esas organizaciones no han captado de otra parte cómo hacer innovación. Creen, erradamente, que la solución está solo en la atracción de talento externo, atrayendo un crack que los “ponga a innovar” o un nuevo líder que “cambie la cultura”, pero siguen manejando los mismos derroteros de gobierno corporativo de los últimos 50 años: un club de amigos que validan las decisiones del fundador.

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De otra parte, cuando eventualmente llega un líder revolucionario que quiere poner la organización, su gente y sus procesos a tono con lo que está sucediendo en el mundo exponencial, se hacen en los pantalones, entran en conflicto, deslegitiman las acciones y terminan sacándolo por la puerta de atrás y sin explicaciones lógicas.

El mayor enemigo del futuro no es la falta de acceso a conocimiento, tecnología y hoy mucho menos a capital. Está en la mente de organizaciones que sienten pánico al cambio porque implica modificar las competencias de todos aquellos que han comandado un barco que fue exitoso pero hace rato que está haciendose agua. Es la falta de mentalidad, la poca vocación al riesgo y en últimas una pavorosa falta de humildad que los inhabilita para el cambio así este muestre sus evidencias en el PyG junta tras junta.

Si esto pasa en lo privado, ni qué decir de lo público. No vi a ninguno de los honorables padres de la patria en el escenario aprendiendo de futuro y de las posibilidades que tenemos en países como el nuestro, no de alcanzar a las naciones civilizadas, sino de hacer “saltos de sapo” que nos pongan a la vanguardia en la adopción de estas tecnologías ahorrando millones de dólares y muchos años de atraso.

Nuestro Presidente se disculpó y en su reemplazo estuvo el Ministro de Comercio Exterior que valga la verdad tiene una visión fresca y renovada de las oportunidades que hoy ofrece el futuro. Nuestros gobernantes estaban dedicados a forzar la ley de financiamiento, Frankenstein tributario que terminó siendo otra vez, más de lo mismo, cuando Singularity U nos explicaba cómo hacer cambios fundamentales, por ejemplo, en los modelos de Educación de vanguardia tema tan discutido en la reforma.

Mientras no cambiemos la mentalidad seguiremos, tristemente, en un país al que lo está dejando el futuro.

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