Opinión

  • | 2018/07/27 00:01

    Innovación militar en Colombia: un futuro brillante y malinterpretado

    Si se habla de gasto militar, es común escuchar críticas de personas desinformadas que creen que todo se gasta en munición y armas. No, no es así y hay mucho por explicar en pro de la ciencia.

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Las Fuerzas Militares tienen un potencial enorme para impulsar la transformación económica del país si siguen construyendo alianzas con universidades e invierten en ciencias básicas y en el desarrollo de las cuatro industrias militares. El camino recorrido es extraordinario, pero apenas es un impulso cuando nos comparamos con países como EE.UU e Israel, pioneros en ciencias aplicadas a lo militar y luego a lo civil. Es hora de entender la importancia del avance tecnológico militar para el desarrollo económico del país.

El gasto militar en Colombia ha recibido más discurso superficial e ideológico que análisis profundo. Las mismas Fuerzas Militares no han recibido la atención que merecen desde la Academia. Prueba de ello es la escasa literatura que se encuentra sobre sociología militar colombiana o sobre avances científicos en industrias militares, así ya se tenga un largo camino recorrido por parte de empresas públicas del sector defensa como la CIAC, Indumil, Cotecmar y Codaltec.

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Si se habla de gasto militar, es común escuchar críticas de personas desinformadas que creen que todo se gasta en munición y armas. No, no es así y hay mucho por explicar en pro de la ciencia. Empecemos por el simple hecho de que gran parte del presupuesto de Mindefensa existe para pagar salarios y pensiones, mientras que un escaso 3% se usa en inversión. Es ese 3% el que puede jugar un rol vital en la transformación de Colombia. Veamos un caso internacional.

El ejemplo de Estados Unidos

EE.UU invierte alrededor de US$600.000 millones en defensa, es decir casi el 3,2% de su PIB (2017). De ahí, US$14.800 millones se invierten en investigación básica y aplicada para diversos programas. Recientemente, incrementaron rubros como Investigación Básica de la Armada (NBR), investigación con universidades (MUR), el legendario programa DARPA, investigación aplicada del Ejército (AAR) y un caso que no me sorprende, pero sí me hace admirar la decisiones tomadas; se aumentó también el gasto del MD5 National Security Technology Accelerator. Este corresponde a una aceleradora de emprendimientos de base tecnológica que busca incrementar la seguridad nacional.

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Existe una aceptación y admiración en la cultura de EE.UU por lo que representa un uniforme militar y a la vez hay una cooperación arraigada entre universidades y el sector público. Lutz (2009) relata cómo este desarrollo tecnológico se hizo evidente a partir de la segunda guerra mundial. En 2009, el Pentágono financiaba el 41% de todas las investigaciones en ingeniería y el 45% del apoyo posgradual en Ingeniería de Sistemas. En Brown University, por ejemplo, entre el 13 y el 20% del dinero externo recibido para investigación y desarrollo venía de fuentes militares. Hablamos mucho de universidades prestigiosas como MIT o la Universidad de California, y estas instituciones también reciben millones de dólares de las FF.MM para la investigación. Alemania ahora también impulsa los estudios en informática, pero me pregunto, ¿cómo reaccionarían los sectores que llamo “discursivos e incendiarios” en Colombia, si Mindefensa también financiara masivamente posgrados de civiles que pueden aportar al desarrollo tecnológico del país? Dirían quizá que se quiere guerra, pero no entienden que el desarrollo tecnológico trae empleo, exportaciones, estabilidad económica y nos puede ayudar a bajar las cifras de pobreza.

¿Qué nos espera en Colombia?

Me preocupa que aquí en Colombia, como nos pasa con frecuencia, empecemos a obstaculizarnos con discursos absurdos antes de entender la importancia que tiene la cofinanciación de la ciencia desde el estamento militar. Hay que leer y tener conciencia histórica para saber que esta inversión no necesariamente implica violencia, sino desarrollo de ciencias básicas que luego tendrán uso civil. La próxima vez que utilice un IPhone o un horno microondas, recuerde que su origen o el de algunas de sus partes yace en un contexto militar. Si admiran mucho a Noam Chomsky por sus proezas académicas o por sus discursos críticos, no olviden que fue contratista de la Fuerza Aérea de Estados Unidos entre 1963 y 1965. Tampoco olvidemos que Malinowski, pionero de la antropología, estuvo al servicio del imperio británico en la época de la primera guerra mundial. No todo es como parece.

Hay formas de medir la “efectividad” de la tecnología militar, y no es agradable ligarlo a la violencia, pero tampoco es conveniente que otros países sean los únicos que desarrollen tecnología militar y el nuestro sólo la importe. Afortunadamente en Colombia, ya existen desarrollos tecnológicos impresionantes en lo militar desde el Grupo Social y Empresarial de la Defensa (GSED). El reemplazo de polígonos convencionales por campos de tiro virtuales hechos en Colombia no solo tiene efectos ambientales, también jalona otros subsectores, crea empleo y pide desarrollo científico in house.

Es hora de impulsar la inversión pública en el sector defensa para contribuir con el desarrollo tecnológico, en asocio con universidades y centros de pensamiento. Esto implica becas en ingenierías, ciencias básicas, ciencias sociales y económicas, para poder hacer que crezcan los centros de investigación existentes, se creen nuevas alianzas y se creen prototipos cuando se juntan los sectores de educación y defensa.

PS: Si les interesa saber más sobre la sociología militar en Colombia, les sugiero un paper que escribí al respecto en Fuerzas Armadas.

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