Opinión

  • | 2019/03/04 00:01

    Fútbol femenino en Colombia: ¡dejemos el machismo!

    El machismo, la corrupción y la discriminación siguen presentes en las ligas del deporte femenino en nuestro país. Las deportistas siguen exigiendo un juego más limpio, pero los resultados no son los esperados.

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Una vez el Atlético Huila femenino le ganó la Copa Libertadores de 2018 al Santos de Brasil, el presidente de la División Mayor del Fútbol Colombiano (Dimayor) confirmó que para este año la liga femenina tendría continuidad, a pesar de las crecientes especulaciones de la ausencia del torneo por aspectos como la falta de patrocinio y la escasa audiencia.

Ante un triunfo de tamaño continental, muchos titulares, jugadoras y representantes varios del fútbol femenino, hicieron el llamado hacia una liga femenina que fuera más justa y equitativa. Actualmente, existen jugadoras que mantienen contratos de tres meses por fondos que no son suficientes para solventar todos sus gastos. Mientras que en la liga masculina sacan a relucir, muchas veces, varios fichajes y renovaciones anuales, o hasta por una mayor periodicidad.

Es claro que la brecha entre equipos masculinos y femeninos se ha mantenido amplia, y ya es hora de que la Dimayor empiece a jugar más bonito en este campo. Exigir una liga decente requiere de un mayor compromiso y cuentas presupuestales que no se desvíen hacia los fondos de la liga masculina, como lo han manifestado decenas de denuncias a lo largo de los últimos años.

En paralelo, el abismo en temas salariales se ha mantenido, razón por la cual varias jugadoras tienen otros empleos en paralelo, porque su pasión no les da para su sostenimiento. Un jugador hombre promedio llega a tener un sueldo como mínimo de $10 millones al mes, mientras que por ejemplo, una jugadora de nuestra Selección Colombia a duras penas alcanza los $4 millones.

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Y aunque la desigualdad salarial no es un tema exclusivo del sector ni de Colombia, existen ejemplos o casos de éxito que reflejan que un mayor presupuesto puede desembocar en una mejor calidad de juego del fútbol femenino. Por ejemplo, Estados Unidos tiene a la Selección Femenina de Fútbol en el primer puesto del ranking FIFA para la categoría, selección que ha ganado ya tres mundiales y cuatro medallas de oro en los juegos olímpicos, siendo el más reciente del 2012.

Logros que les ha llevado a las jugadoras de la selección estadounidense no solo los merecidos premios y reconocimientos, sino también ayudas para costear sus viáticos. Casos que, por supuesto, resultan ser esporádicos.

No obstante, tres años atrás la selección de Estados Unidos denunció públicamente su discriminación y emprendieron una dura batalla contra su Federación. Para entonces, alegaban que mientras los jugadores de la selección masculina llegaban a cobrar USD$ 265.000 al año, las futbolistas sólo cobraban USD$ 90.000. Y aunque la diferencia es abismal con el caso colombiano, por ahora las jugadoras mejor pagadas están en selecciones como la de Francia y Canadá.

Por otro lado, el panorama de los ingresos tampoco es alentador. Si bien existen bastantes quejas sobre la financiación y el presupuesto que destinan los clubes, el sector privado es un componente fundamental en la manutención de las ligas de fútbol. Los patrocinios llegan a representar buena parte de los ingresos en una liga de fútbol, pero la liga femenina no logra captar suficientes patrocinadores, dado el peso financiero de hasta $800 millones que se requiere para mantener a un solo equipo por una temporada.

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Es indiscutible la falta de interés de un inversionista para meter su dinero en algo que no le es rentable. El fútbol femenino no tiene suficientes espectadores a nivel nacional. Y aunque se creía que una victoria como la Copa Libertadores impulsaría la recaudación de fondos para la causa, no es lo que se proyecta. Y, contrario a lo que piensan los directivos de la Federación, el canal Premium no pareciera que configure una alternativa que vaya a estimular la inversión para la liga femenina nacional.

No obstante, no debe excusarse la escasa voluntad política para incentivar el deporte, especialmente hacia las ligas femeninas. Aún estamos lejos de consolidar una liga profesional para nuestras jugadoras y, más allá de eso, unas condiciones de trabajo estables y mucho más equitativas. No sólo se requiere pasión deportiva. La dedicación, entrega y compromiso también demanda inversión y garantías.

Ahora, frente a las recientes acusaciones por acoso sexual y laboral presentadas recientemente por parte de varias jugadoras de seleccionados nacionales, vejámenes que, poco a poco ha sacado a relucir la ahora llamada “Liga del Silencio”, particularmente desde algunas deportistas de la Selección Femenina Sub-17, que suman también un problema de discriminación, maltrato, abuso, posición dominante, hay que sumarle la crisis financiera de varios equipos; Ni siquiera los éxitos deportivos logran catapultar una mayor equidad o igualdad en el trato y la remuneración. ¿Qué hacer?

La semana pasada, la Federación Colombiana de Fútbol manifestó su rechazo frente a este tipo de conductas y ratificaron su disposición a colaborar en estas investigaciones, donde menciona textualmente en un comunicado que: “Rechazamos tajantemente el acoso sexual y laboral, y manifestamos cero tolerancia frente a actos que de cualquier forma atenten contra la integridad de cualquier miembro de nuestras Selecciones Colombia”, y abrió toda la posibilidad para acompañar e investigar los graves problemas denunciados con la Fiscalía General de la Nación, para lograr así esclarecer plenamente los hechos, y buscar que estas malas prácticas se acaben de inmediato.

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Se supone que el Gobierno Nacional tenía intenciones de traer a Colombia el Mundial de Fútbol femenino del 2023. A decir verdad, las condiciones no son lo suficientemente propicias, ni siquiera en infraestructura, mucho menos en estabilidad país, apoyo a las deportistas y formación. Bajo un ámbito en el que el deporte no tiene suficientes garantías a nivel profesional y laboral para las mujeres, nos queda grande venir a pensar en albergar una competencia cuya versión es el evento deportivo más importante a nivel mundial para las selecciones de fútbol femeninas. Primero lo primero, estabilidad, igualdad, no discriminación y abuso, y ahí sí réditos de torneos y rentabilidad económica. Nos falta mucho por aprender y entender…

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