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Opinión

  • | 2020/01/30 00:01

    Florencia-Caquetá: el lugar para vivir una experiencia de turismo sostenible

    Casi cuatro años han pasado desde la primera vez que visité la Reserva La Avispa en Florencia y una parte del río Orteguaza, donde me presentaron el Ferry Marco Polo. Desde entonces he visitado la capital de Caquetá al menos unas 30 veces y esto me ha llevado a concluir que una cosa era la tímida Florencia de la época de los acuerdos de paz, y otra es la pujante ciudad que viene haciendo la tarea y preparándose para recibir a miles de turistas colombianos y extranjeros.

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Pese a este noviazgo que tengo con la ciudad y con el departamento desde entonces, la columna que hoy escribo la tenía en remojo. Quería esperar el momento preciso para escribirla y por fín llegó. Para hacerlo con mayor rigor necesitaba ir más allá de mi experiencia y contar con un validador externo que me permitiera afirmar que, en la actualidad,  Florencia es uno de los destinos de turismo sostenible que sobresalen en el país por lo que tiene por ofrecer.

Este validador fue un artículo que llegó a mis manos recientemente y que refleja la investigación realizada por  dos expertos en el tema de turismo sostenible. Yenny Rivera y Alejandro Echeverry analizaron con paciencia y metodología el presente y el futuro del sector en la ciudad (pueden acceder al artículo aquí). 

El artículo confirma las percepciones de sus habitantes sobre Florencia y de quienes la visitamos con frecuencia. Por una parte, que la ciudad y sus alrededores tienen maravillas naturales que muy pocos colombianos conocen aún. Por otra, está la manera como los emprendedores y empresarios del sector turístico han logrado hacer de los verdes paisajes, las aguas y los atardeceres de la ciudad instrumentos para recrear historias de optimismo y de progreso. 

Para nadie es secreto que Caquetá guardó durante muchos años el estigma del conflicto armado. Pero lo interesante hoy es que Caquetá, y en especial Florencia, está repitiendo acertadamente lo que vivió Medellín en su época: pasar de ser la ciudad estigmatizada debido a la violencia de los 80 y 90, a ser hoy una ciudad que se asocia con la innovación y el emprendimiento. 

Tal y como sucedió en la capital antioqueña, Florencia y el departamento vienen construyendo con paso firme y bien trabajado, una nueva narrativa que con seguridad mejorará la percepción que sobre ella tienen los colombianos (¡en mí al menos ya lo logró!). De los estigmas del pasado, Florencia hoy habla y seguirá hablando sobre naturaleza, turismo, aventura y conservación.

Mucho de ello se debe al apoyo de las instituciones nacionales y locales, en especial, aquellas dedicadas al fortalecimiento y la promoción del turismo. Esto, pero sobre todo el trabajo dedicado de aquellos que están ejerciendo la actividad turística, ha permitido resaltar la belleza natural de la región e imprimirle una nueva imagen a la ciudad y al departamento.

Mi experiencia como turista en la Reserva La Avispa en Florencia

Hace más de un año llevé a mis estudiantes bogotanos de ingeniería ambiental a Caquetá. Varios de ellos regresaron meses después con sus parejas, amigos y familiares. Visitaron El Horeb en Belén de los Andaquíes, bajamos también hasta San José del Fragua y, desafortunadamente, nos faltó un día para subir hasta El Doncello. Fue una gran experiencia para todos. Pero lo que más me llena de alegría es saber que una salida de campo logró que ellos recomendaran a Caquetá como un destino vacacional con sus familiares y amigos. 

Resaltan los investigadores del artículo que existen las “condiciones óptimas para desarrollar una oferta de productos y servicios de turismo” y que este hermoso destino denominado La Puerta de Oro de la Amazonia ya “cuenta con la capacidad para prestar servicios de turismo, alojamiento, alimentación, transporte, y el constante apoyo de diferentes instituciones públicas y privadas, nacionales, departamentales e internacionales, que velan por que se oferten servicios turísticos de calidad”. 

Florencia sorprende con sus reservas naturales. Creo, o mejor dicho, estoy convencido, de que la caminata que hice hace algunos meses atrás junto con Julie por Las Palmas, y el visitar la cueva de los colores, fueron los detonantes para que hoy en día me tome junto a ella muchas más fotos en los paisajes de nuestra querida Amazonia. 

Para mi próxima visita repetiré la experiencia de pasar una tarde en Corcaraño, uno de los modelos de turismo comunitario que los expertos en turismo siempre resaltan de manera ejemplar, y conoceré por fin la Reserva Las Dalias y el Danubio. Comeré de nuevo pirarucú (cultivado en estanques de manera sostenible) y sorprenderé a mi sobrina con una artesanía elaborada por las comunidades indígenas caqueteñas. Regresaré a Bogotá con unos paquetes de chocolate de copoazú y otros de sacha inchi para que aquellos que no han mirado hacia el Caquetá como su próximo destino, empiecen a familiarizarse a través del paladar.

Mis estudiantes en El Horeb en Belén de los Andaquíes

Yenny y Alexander remarcan algo que es necesario y que demanda del aporte de todos (por ello,  si usted es caqueteño y está leyendo esta columna, compártasela a un paisano suyo): debemos crear y darle fuerza a una nueva narrativa orientada hacia el optimismo y las oportunidades que tiene el departamento. Necesitamos construir entre todos una marca regional que en poco tiempo logre lo que han logrado los amigos de Medellín o Barranquilla (ciudad futuro de Colombia). 

Una marca regional no es simplemente un logo de una mariposa de colores, ni un eslogan, ni una canción; es sobre todo una actitud, una manera de vivir y poder mostrarle a los demás lo bueno y lo bonito de pasar un día en cualquier rincón de Caquetá. Si escribo esta columna es porque un día, un atardecer florenciano me hizo caer en cuenta de que el lenguaje del progreso se escribe con la palabra actitud.

Sin dejar de ser crítico con lo que sucede en su entorno, procure resaltar lo bueno y lo bello del Caquetá y hable bien sobre su paisano. Con frente en alto y sacando pecho (como lo hacen los emprendedores del turismo locales), motive a sus amigos y conocidos a visitar en la próxima Semana Santa la región. Ganan los restaurantes, los transportadores, los hoteles y gana el comercio pero, sobre todo, ganamos todos como nación, hayamos nacido o no en el territorio. El turismo en Caquetá, sumándome a los autores del estudio mencionado previamente, es hoy por hoy la punta de lanza para motivar el desarrollo sostenible del departamento.

Gracias Caquetá por abrirme las puertas. Queda trabajo por hacer y retos por superar (reducir la deforestación y continuar por la senda de la reconciliación, por ejemplo), pero así como el sector del turismo de la región ha logrado comprender el valor de la palabras “unión” y “colaboración”, la sociedad caqueteña debe convencerse que esta es la única manera para hacer del departamento uno de los vivideros de paz y naturaleza más destacados del país en los siguientes años. 

Hasta la próxima.  

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