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Opinión

  • | 2020/08/22 01:09

    Financiar la reactivación económica

    La reactivación de la economía requerirá de un importante esfuerzo fiscal por parte del Gobierno para ejecutar inversión.

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Volver a los niveles de actividad previos al choque recibido por el coronavirus demandará que el Estado lleve a cabo una inversión importante para, a través de ella, reactivar la demanda y generar empleo formal.  

Nuestra economía, por una parte, tiene amplias necesidades de desarrollo de infraestructura de todo tipo, entre las que se destacan la construcción de los corredores de comercio internacional; puertos en el Pacífico; terminar las obras de infraestructura 4G e iniciar con las 5G; distritos de riego y drenaje; la red de vías terciarias; y la modernización de la red férrea entre otras. 

Si se pone en marcha, ese portafolio de obras tiene el potencial de ser un dinamizador de la economía y generador de empleo, puesto que durante la fase de construcción demanda numerosa mano de obra y así mismo el sector constructor tiene encadenamientos con más de treinta subsectores productivos.  

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Además, la inversión que se emplee ahí beneficiará el incremento de la productividad de nuestra economía. El lado positivo de esta coyuntura es que es una oportunidad que tiene el Gobierno para implementar un plan audaz de reactivación, y dejar algún legado en los dos últimos años que le quedan de mandato. 

Aunque parece obvia la necesidad de reactivación y las acciones que deben realizarse, ponerlas andar no lo es, porque dependen fundamentalmente de las decisiones que el Ejecutivo tome para financiar la reactivación. Un plan audaz de reactivación mediante la inversión demanda igualmente decisiones audaces para financiarla.  

Si el Gobierno se va por el camino de no modificar su postura sobre los impuestos, o el déficit, o se concentra más en lo político que en lo económico, se le olvida que puede coordinar la política económica con el Banco de la República y se empeña en buscar la enajenación de los activos de la Nación, al final va a terminar con pocos recursos y con ello su capacidad de inversión estará menguada y la reactivación será lánguida y quedará a expensas de cómo se comporte el sector externo, en especial los precios del petróleo y del café. 

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Para asegurarse de que tendrá dinero para invertir, al Gobierno no le queda más remedio que aceptar que en la reforma tributaria que debería presentar iniciando 2021 le toca poner en cintura el gasto tributario, es decir ese paquete de 229 beneficios tributarios entre exenciones, exclusiones y tratamientos diferenciales sobre algunos impuestos y contribuyentes que hacen que los ingresos del Estado se erosionen en una cifra cercana a los $92,4 billones, según lo dijo recientemente el director de la Dian.  

Ese monto equivale al 9% del PIB mientras que las necesidades de nuevo recaudo de acuerdo con el Marco Fiscal de Mediano Plazo son de $20 billones o 2% del PIB. 

Tampoco debe descartar buscar financiamiento directo o indirecto a la Nación por parte del Banco de la República, un crédito, o una emisión de bonos, que sea adquirida por el Banco para financiar únicamente inversión en un paquete de obras de infraestructura concreto y que esté vinculado a los PEDT regionales tiene mucho sentido bajo la coyuntura actual.  

Además, porque aunque el Banco de la República es independiente desde la Constitución del 91, la misma carta política contempla mecanismos de financiamiento en casos excepcionales. Por supuesto la situación actual es excepcional como lo demostró la caída del producto en 15,7%, un desempleo del 20% y la promulgación de los decretos de emergencia económica y social, más la caída en los ingresos del Estado que llegará derivada de este escenario. 

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El financiamiento de la reactivación económica debe lograrse buscando el dinero donde lo hay sin sobrecargar a los hogares con más impuestos, o a los empresarios que pagan con una mayor carga.  

Los nuevos recursos deben ser buscados en los bolsillos de los sectores que disfrutan un tratamiento preferencial que en términos prácticos es un subsidio desde los demás sectores. Aumentar la deuda pública parece tentador, pero es solo el aplazamiento de las decisiones fiscales que de todos modos habrá que tomar para pagarla, y ese espacio se vienen cerrando poco a poco conforme la percepción de riesgo aumenta y el indicie de deuda sobre PIB se acerca al 60%.   

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