Opinión

  • | 2018/06/27 00:01

    Offside…Tarjeta amarilla

    Nada más lamentable que lo que ha ocurrido (y puede llegar a ocurrir) con la represa Hidroituango, la tercera hidroeléctrica más grande de Suramérica, y de lejos el proyecto más importante que se ha hecho en Colombia.

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Según informes de prensa, después de nueve años de espera, y cuando estaba a poco menos del 10% para completar su construcción y entrar en operación, una emergencia – que comenzó hace poco más de 60 días – dejará a Hidroituango en jaque.

El propósito del presente artículo no es señalar ni las causas de la emergencia, ni mucho menos las responsabilidades. Esta tarea le corresponde a los los entes de control y a las entidades aseguradoras y reaseguradoras del proyecto, que tendrán que determinar cuáles fueron las causas reales, y si hubo o no una previsión y una falta de precaución.

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Lo que al autor de esta nota le preocupa es el siguiente artículo publicado en el diario Portafolio el pasado 15 de Mayo: “El verdadero dolor de cabeza para el conglomerado antioqueño es sacar del sombrero la fórmula para que la Nación les ayude por la tragedia de la Hidroeléctrica de Ituango (Hidroituango) por la inundación provocada del cuarto de máquinas.

Portafolio estableció que desde la semana pasada, cuando se tomó esta decisión, los abogados del grupo, en compañía de asesores externos, vienen explorando varias alternativas con el fin de trasladarle al Gobierno Nacional una fracción del problema y que desde las arcas públicas se cubra el hueco financiero.

Para los asesores jurídicos del conglomerado, el panorama está pasando de castaño a oscuro, ya que al analizar las consecuencias que traería el llenado controlado del cuarto de máquinas, la recuperación del lugar se estima en más de US$500 millones, dinero que ni el país ni la misma EPM poseen.

Esta cifra corroborada por voceros de la banca de inversión a los que Portafolio consultó, y que conocen al detalle la situación, pero que pidieron reserva del nombre por lo complicado del caso, no dudaron en afirmar que el tema es complejo. Según los peritos en banca, lo delicado del tema obedece a que prácticamente tocaría montar un nuevo cuarto de máquinas para que Hidroituango cumpla con el compromiso y garantice el suministro de energía al 100% al Sistema Interconectado Nacional (SIN). “Hay que tener en cuenta que lo que le entró fue agua contaminada y llena de desechos y sedimentos del río Cauca. Y lo que se encontraba en este lugar eran equipos de última tecnología, delicados y sensibles por su misma fabricación”, describió uno de los analistas.

En plata blanca, lo que se viene cocinando entre los abogados de EPM, en compañía de asesores externos, son alternativas con el fin de trasladarle al Gobierno Nacional una fracción del problema y que desde las arcas públicas se cubra el hueco financiero.

Dado que no existe algo abstracto como las tales ‘arcas públicas’ ya que los recursos del Estado se nutren es con los impuestos que pagamos los colombianos, lo que pretenden los abogados y los asesores de EPM es que los contribuyentes seamos los que tengamos que cubrir parcialmente el hueco con el peregrino argumento que a la represa le entró fue agua contaminada y llena de desechos y sedimentos del río Cauca y lo que se encontraba en el cuarto de máquinas eran equipos de última tecnología, delicados y sensibles por su misma fabricación. ¡Por Dios!, ¿qué esperaban que trajera el río Cauca?, ¿agua bendita?, ¿agua cristalina lista para embotellar?, ¿San Pellegrino?, ¿soda con limón?  

Como reflexión final le pregunto a los abogados y asesores de la EPM: ¿los contribuyentes íbamos a disfrutar de las utilidades con Hidroituango? Por supuesto que no, pero ahora dichos asesores sí pretenden que los que pagamos impuestos cubramos las pérdidas. ¡Offside…Tarjeta Amarilla!

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