Opinión

  • | 2018/06/24 00:01

    El espíritu deportivo: mucho más que ganar y perder

    “Siempre me asombro cuando escucho a la gente decir que el deporte crea conciliación entre las naciones” Orwell (1945).

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Frecuentemente se asocia al espíritu deportivo con la disciplina, el talento y el bienestar, sin embargo, la rivalidad y la competencia inherentes a las prácticas deportivas también pueden sacar lo peor de los seres humanos. No solo es cuestión de dopajes, sobornos y corrupción, también hay asuntos de violencia, irrespeto a las reglas, matoneo y exclusión, que en muchos casos terminan por normalizarse y aceptarse como válidos. La recordada “mano de Dios” de Maradona en el mundial de 1986, el equipo español de baloncesto que ganó el oro en los juegos paralímpicos de Sídney 2000 aun cuando varios de sus integrantes no tenían ningún tipo de discapacidad o la simulación de un asalto por algunos de los miembros del equipo de natación de Estados Unidos en los olímpicos de Río de Janeiro en 2016 son solo algunos ejemplos.

Las grandes trampas en los deportes…

El 21 de abril de 1980, Rosie Ruiz fue la primera mujer que llegó a la línea final en la maratón de Boston con un tiempo récord de 2 horas y 31 minutos. Sin embargo, muy pronto fue descubierto que llegó al primer lugar después de haber hecho trampa y solo correr la última media milla de la competencia. El caso de Rosie Ruiz no ha sido el único caso fraudulento, injusto y en contra de las reglas en competencias deportivas. 

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En 1976, el atleta soviético Boris Onischenko, representante icónico de pentatlón moderno (pistola, esgrima, natación, salto ecuestre y carrera), en la competencia de esgrima de los juegos olímpicos de Montreal instaló un sistema de cableado conectado a un botón con el que él podría registrar golpes al rival sin haberlo tocado. Su castigo, fue descalificarlo inmediatamente de los juegos olímpicos y no permitirle competir nunca más.

Uno de los casos más recordados es el de la patinadora artística sobre hielo Tonya Harding, cuya historia fue llevada al cine y nominada a los premios Óscar de la Academia en las categorías de mejor actriz protagónica (otorgado de Margot Robbie), mejor actriz secundaria (Allison Janney) y mejor edición (Tatiana S. Riegel). En 1994 se contactó a alguien para que golpeara en la pierna a su oponente Nancy Kerrigan y la dejara fuera de competencia. Su castigo, fue despojarla de su título nacional en los Estados Unidos y la prohibición de volver a patinar.

Al ciclista estadounidense Lance Armstrong, quien había ocupado el primer lugar en el Tour de France siete veces consecutivas entre 1999 y 2005, se le comprobó dopaje sistemático entre los años 1998 y 2012. Como castigo, fue despojado de sus títulos, y sancionado a perpetuidad para participar de competencias.

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En la ultra maratón Comrades en Sudáfrica en 1999, los hermanos gemelos Sergio y Arnold Motsoeneng hicieron trampa intercambiando sus lugares en la competencia. Como castigo, la medalla fue retirada.

El georgiano Gaioz Nigalidze, quien había obtenido el título de Grandmaster (GM) por la organización mundial de ajedrez en 2014 y 2015, durante la sexta ronda del Abierto de Dubai, se le encontró en el baño consultando un software de ajedrez en su celular. Como castigo, se le quitó el título de Grandmaster, y fue vetado de competencias por tres años.

En marzo del 2016, se anunció el resultado positivo en el control antidopaje de la tenista y modelo rusa María Sharapova en el Abierto de Australia, quien fue sancionada por parte de la Federación Internacional de Tenis por dos años para participar de competencias.

“Tan pronto cuando se despiertan fuertes sentimientos de rivalidad, la idea de jugar de acuerdo con las reglas siempre desaparece. La gente quiere ver un lado en la parte superior y el otro lado humillado y se olvidan de que la victoria obtenida a través de trampas o mediante la intervención de la multitud no tiene sentido. Incluso cuando los espectadores no intervienen físicamente, intentan influir en el juego animando a su propio bando y "sacudiendo" a los oponentes con abucheos e insultos. El deporte serio no tiene nada que ver con el juego limpio. Está ligado al odio, a los celos, a la ostentación, a la indiferencia de todas las reglas y al placer sádico de ser testigo de la violencia: en otras palabras, es guerra menos el tiroteo”. Este texto fue escrito en 1945 originariamente en inglés por el novelista, periodista, crítico y ensayista inglés George Orwell (1903-1950), quien escribió el ensayo “The Sporting Spirit”, en donde se hace un profundo análisis de los causas que comparten los deportes a gran escala con el nacionalismo.  

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