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Opinión

  • | 2020/01/03 17:33

    Escándalos y populismo

    Ira en Latinoamérica.

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El año 2019 latinoamericano comenzó con la investidura de Bolsonaro en Brasil, un populista de derechas, y terminó con una ola de protestas que acabó con la presidencia en Bolivia de Evo Morales (un populista de izquierdas y el líder más antiguo de América Latina) y sacudió a un Chile próspero y aparentemente estable.

Los países perturbados por las protestas y el cambio político drástico tienen circunstancias muy diferentes. Brasil estaba saliendo de una recesión cuando Bolsonaro fue elegido. Morales había presidido durante años de crecimiento y reducción de la pobreza. Colombia, donde se produjeron huelgas en todo el país en noviembre y diciembre, es una democracia estable con una economía bien administrada. Venezuela, donde el líder de la oposición, Juan Guaidó, es reconocido como presidente legítimo por unos 60 países y muchos de sus compatriotas, es una dictadura cuya economía está en ruinas.

A pesar de estas diferencias, las características comunes ayudan a explicar el descontento en muchos países. Una es que, después de un período de rápido crecimiento en la región causado por un aumento en la demanda mundial de materias primas, las economías se han desacelerado. El crecimiento desde 2014 ha sido de media de menos del 0,6% (aunque el dato sería superior sin el terrible desempeño de Venezuela). Debido al débil crecimiento, millones de latinoamericanos que recientemente habían pasado a integrar la clase media temen abandonarla nuevamente. En varios países, la desigualdad ocupaba el primer lugar en la lista de quejas de los manifestantes.

Los escándalos en toda la región han debilitado la fe de los votantes en la democracia. Bolsonaro se hizo famoso al denunciar sobornos revelados por las investigaciones de la operación Lava Jato (Lavado de Autos). Afectó a algunos de los políticos más poderosos del país, entre ellos el expresidente Lula. Odebrecht, constructora brasileña en el centro de las investigaciones, también sobornó a políticos en otros países de la región, incluidos Ecuador, Colombia y México. En Perú, cuatro expresidentes están bajo investigación (uno de ellos, Alan García, se suicidó en abril). El actual presidente de Perú, Martín Vizcarra, es popular en gran parte porque disolvió un Congreso impopular. Menos de una cuarta parte de los latinoamericanos están satisfechos con el funcionamiento de la democracia según el Latinobarómetro de 2018.

En varios países como Brasil, México y Argentina, estas quejas han llevado a un cambio pacífico y democrático. Los mexicanos reaccionaron a la corrupción y al lento crecimiento en 2018 eligiendo a un populista de izquierdas: Andrés Manuel López Obrador (AMLO). En Argentina, receptor del mayor rescate financiero del FMI, los votantes expulsaron al presidente de centroderecha, Mauricio Macri, y eligieron a Alberto Fernández, un peronista cuya vicepresidenta, Cristina Kirchner, ayudó a destruir la economía cuando fue presidenta de 2007 a 2015.

Morales fue expulsado de Bolivia por votantes que vieron el intento del Gobierno de manipular su reelección. Chile y Ecuador, donde los disturbios se desencadenaron por aumentos de precios (del transporte en Chile y de la gasolina en Ecuador), no tenían elecciones programadas en 2019. Sus presidentes han tratado de calmar a los ciudadanos al retirarse. El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, anuló el aumento del precio de la gasolina. En Chile, las quejas fueron mucho más allá del aumento de tarifas que el presidente del país, Sebastián Piñera, acordó revertir. Muchos chilenos están indignados por la distribución desigual de la riqueza y del poder, por las pensiones insignificantes y por los largos tiempos de espera para las visitas al médico y las paupérrimas escuelas. Piñera acordó celebrar un referéndum en 2020 para redactar una nueva Constitución.

¿El ejercicio de poder popular de este año mejorará la vida de las personas y la calidad de la política? Hay razones para dudarlo. Ni Bolsonaro ni AMLO parecen saber cómo controlar la corrupción o el crimen violento que afecta a sus países. Bolsonaro ha realizado una reforma útil del sistema de pensiones, pero AMLO parece tan despistado sobre la economía como sobre el crimen. El nuevo presidente populista de Argentina acaba de llegar y será examinado por las masas.

El Gobierno interino de Bolivia aún no ha fijado fecha para las nuevas elecciones. El tirano e inepto Nicolás Maduro parece haber reforzado su control sobre el poder. En Ecuador, Moreno, cuyo índice de aprobación es inferior al 30%, está luchando por cumplir con el FMI. Perú está en espera hasta que elija nuevo Congreso en enero.

Sólo en Chile, parece haber una fuerte perspectiva de progreso. El modelo chileno ha convertido al país en uno de los más prósperos de la región, pero se debe revisar. La clave en 2020 será guiar al país hacia un estado de bienestar de estilo europeo en lugar de hacia el populismo latinoamericano.

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