Opinión

  • | 2019/02/20 00:01

    ¡Es la hiperinflación, estúpido!

    Los días de Maduro están contados. Y están contados porque la historia nunca ha perdonado a los regímenes que fomentan y nutren las hiperinflaciones.

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Cuando un economista forense lleve a cabo la autopsia del régimen de Nicolás Maduro, va a encontrar que la causa principal del deceso fue la galopante y descontrolada hiperinflación. Maduro y sus acólitos tienen si no la totalidad, buena parte de la culpa de alimentar el desborde inflacionario en Venezuela. Este tipo de inflación suele deberse a que los gobiernos financian sus gastos con emisión de dinero inorgánico sin ningún tipo de control, o bien porque no existe un buen sistema que regule los ingresos y egresos del Estado.

El que fuera el ‘Zar económico’ de Hugo Chávez, Jorge Giordani, afirma en reciente artículo: “El gobierno actual (el de Maduro) se asemeja a un animal desbocado, no sabe dónde se dirige ni a qué velocidad encontrará el precipicio que pretende ignorar, acelera, promueve y exacerba las tensiones políticas, sociales y económicas, pretendiendo salvarse del desastre en que se encuentra, con consecuencias inevitables para la mayoría de la población dada la inseguridad, el desabastecimiento, la angustia del vivir cotidiano…Ya el ingreso real desapareció de las estanterías de los almacenes, mientras el gobierno continúa financiando sus gastos con la emisión de dinero inorgánico, sin ningún tipo de control, ni cálculo que lo soporte… En menos de cuatro años dicha administración ha realizado el "milagro" de pasar de administrar la abundancia con criterios de abundancia, esto es derroche, a administrar la escasez con criterio de abundancia, esto es, irresponsabilidad, a la situación actual donde no es posible ni siquiera administrar la escasez con criterio de escasez, nada menos y nada más que el sobrevivir como se pueda”.  

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En escrito publicado en el diario El Tiempo el pasado domingo 17 de febrero, el historiador Nicolás Pernett afirma sobre Hugo Chávez: “Su proyecto político era claro: reivindicar a los más humildes y llevarles los beneficios que durante tanto tiempo les habían negado los ricos. Y durante varios años lo logró, especialmente cuando los precios del petróleo estuvieron por las nubes y el dinero no dejaba de entrar a borbotones. Hasta que empezó a perder elecciones y las cosas cambiaron...muchos de sus primeros colaboradores se alejaron del que empezaban a ver como un déspota. Pero eso no le importó a Chávez. Él se sentía el pueblo, él se sentía el Estado, se sentía incluso Dios, y muchos le creyeron…Pese a ser un ávido lector de historia, Chávez no aprendió de las lecciones del pasado comunista del siglo XX, y la Revolución bolivariana se dedicó a inflar el Estado hasta que llegó a controlarlo casi todo, incluyendo el cambio de divisas y las importaciones de productos básicos…Los precios del petróleo, que habían estado por encima de los cien dólares en 2008, cayeron por debajo de los cuarenta seis años después y quedó en evidencia que la Revolución bolivariana no había cumplido su promesa de diversificar la producción para que no dependiera solo del oro negro. Se creó entonces la tormenta perfecta: un gobierno decidido a quedarse de cualquier manera, cuyos miembros se dedicaban a succionar el presupuesto nacional y poco hacían por cuidar el país, en un momento de bajonazo súbito de los ingresos petroleros que obligó a Venezuela a endeudarse con las potencias orientales (como antes se había endeudado con las occidentales)…El mal manejo de las importaciones llevó al desabastecimiento, y la gente empezó entonces a morir en los hospitales por la falta de medicinas básicas. La inflación galopante hizo invivible la realidad diaria de un pueblo que suele tomar con alegría y frescura hasta las condiciones más duras”.

El historiador Perfett afirma que Chávez era un gran lector de historia. Tengo serias reservas sobre la validez de esta afirmación, pero albergó la absoluta certeza que los chavistas jamás se dieron por enterados que entre los procesos hiperinflacionarios más estudiados en el mundo se encuentran la hiperinflación en la República de Weimar, la hiperinflación argentina de 1989, y la crisis económica de 1998 en Rusia.

Los días de Maduro están contados. Y están contados porque la historia nunca ha perdonado a los regímenes que fomentan y nutren las hiperinflaciones. Maduro no va a ser la excepción.

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