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Opinión

  • | 2019/11/13 00:01

    En cuanto a la altillanura, por ahora, cháchara…

    En relación con el desarrollo del potencial de la altillanura colombiana, prácticamente todos los gobiernos hasta la fecha lo único que han hecho es hablar cháchara, o sea discursos y conversaciones animados e intrascendentes sobre temas a los cuales realmente se les debería poner más seriedad.

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Los brasileños, por el contrario, sí le pusieron mucha atención a El Cerrado, su altillanura. Carlos Fernando Gaitán, en un artículo del 27/08/13 sobre la altillanura colombiana, nos relata: “Toda esa inmensidad desperdiciada. Allá, al otro lado, cabe dos veces o más esa otra Colombia que creció de espaldas al Llano, de espaldas a sus ríos, de espaldas a sus puertas y cielos abiertos, de espaldas a sus infinitas probabilidades. Que pesar que no hayamos tenido, a diferencia de Brasil, gobernantes con la suficiente capacidad para soñar e imaginar que esa vasta extensión se hubiera podido convertir en una enorme despensa agroindustrial rodeada de ciudades espaciosas, con amplias avenidas, con urbanizaciones donde la gente no tuviera que vivir apeñuscada… pues a diferencia del resto del país el espacio en el Llano no es un problema. En la altillanura todo es posible. Pese a que el terreno es ácido, con inversiones público privadas se hubieran podido desarrollar grandes proyectos agroindustriales adecuando el terreno para el desarrollo de todo tipo de cultivos y de proyectos.”

¿Y cuál es la fórmula que utilizaron los brasileños para desarrollar El Cerrado? Jaime Triana Restrepo lo explica de manera sucinta: “Vías, electrificación, salud, nuevos asentamientos humanos, cooperativismo, ciencia y tecnología, incentivos específicos del gobierno, líneas de créditos para el desarrollo. Es decir, allí si hubo voluntad política para que El Cerrado brasilero se convirtiera en una gran región productiva y en un enorme polo de desarrollo, crecimiento y empleo.” Explica Triana que hoy El Cerrado, una región que hasta la década del 70 no producía absolutamente nada, “cuenta con 13,5 millones de héctareas productivas con cultivos anuales y 2 millones de hectáreas con cultivos permanentes y forestales. Contribuye con el 55% de los cultivos de soya, 78% del algodón, el 27% del maíz y allí pasta el 41% del hato ganadero de 163 millones de bovinos, Y registra una producción de granos que supera las 70.000 millones de toneladas, aportando más del 30% de PIB agrícola del país.Para el experto, los Llanos podrían desarrollarse así, si existiera decisión política explícita y específica del Estado que permita un desarrollo armónico y consecuente para aprovechar las ventajas comparativas y competitivas que nos ofrece nuestra gran Altillanura colombiana. Ojalá que el Jucelino Kubischek colombiano ya haya nacido...”

En reciente artículo, el autor de esta nota señalaba: “Las falencias que en materia de acceso vial presenta la altillanura son en exceso graves. ¿qué está pasando con las carreteras prometidas?, ¿qué se está haciendo por parte del Gobierno nacional para modificar la anomalía que de los más de 2.800 kilómetros de carretera, en el Vichada haya tan solo 40 kilómetros con pavimentación? No existe ninguna razón por la que no haya una carretera que conecte el departamento, desde Puerto Carreño hasta la capital. Es igualmente indispensable la construcción de una vía desde Puerto Carreño hasta el Pacífico, obra imprescindible para facilitar la salida de los productos colombianos hacia los mercados internacionales, sin utilizar el Canal de Panamá ni ir hasta los puertos de la costa Caribe del país.El Gobierno Nacional tiene que tener la certeza que de no hacer la vía que una al Vichada con la capital y eventualmente con el Pacífico, la meta de convertir a Colombia en una de las despensas alimentarias del mundo, se va quedar en un “sueño de una noche de verano”. Pero no solo no nos vamos a convertir en una despensa, sino que es casi una certeza que vamos a seguir importando alimentos y abandonando las metas de lograr tener seguridad alimentaria. La altillanura, en vez de tener 4,3 millones de hectáreas productivas, se va a quedar en las 200.000 hectáreas actuales. Ese es el precio de la inmovilidad.”

El futuro de la altillanura colombiana depende de la decidida acción del gobierno de Duque, y muy especialmente de la vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez. ¡Ojalá se le mida a tan importante reto!

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