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Opinión

  • | 2018/10/04 00:01

    Hay emprendedores que sufren por no lograr lo de Zuckerberg o Rappi

    Este artículo se lo dedico a tantas personas que ven en el emprendimiento una alternativa de vida, pero que, tal y como lo percibo en mis charlas y cursos, en lugar de disfrutar esta montaña rusa llamada emprendimiento, parecieran estar sumidos en una depresión sin sentido.

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Recuerdo muy bien los años en los que hice mi pregrado (1999-2003), tiempo en el cual si uno decía que quería ser emprendedor se atenía a escuchar comentarios como “es porque no ha conseguido un buen trabajo”. Ser emprendedor no era un símbolo de estatus.

Hoy en día es todo lo contrario, se volteó la torta y ¡ay de aquella persona que diga que quiere ser empleado, profesor o funcionario público! Los susurros empiezan a correr y comienzan a perfilarse las miradas que esconden un “¿y por qué no se lanza a ser emprendedor/a a luchar por sus sueños”.

Sí, hoy en día mucho de lo que sucede en el ámbito académico y profesional -luego de haber cruzado la barrera de los 2-3 años de experiencia laboral-, gira en torno al emprendimiento. Han surgido más cátedras universitarias, incluso en los colegios se incentiva a los jóvenes a ser emprendedores, los medios de comunicación han hecho del tema algo más visible y pues por obvias razones, el gobierno y algunas iniciativas privadas se han encargado de incrementar esfuerzos institucionales para dinamizar a la economía por medio del emprendimiento.

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¡Así que celebremos, el emprendimiento llegó para quedarse! Lo cual está muy bien, pero -siempre hay un pero-, si bien es mi tarea resaltar lo positivo de esta dinámica de desarrollo económico en la que se enruta el país, también quiero hacer la reflexión sobre los efectos rebote que se están generando por la dinámica del emprendimiento en el país y que percibo en mi trabajo. Noto una gran depresión, angustia y estrés en muchas personas que le apuestan al emprendimiento. Así de sencillo.

¿Qué está pasando? ¿Qué estamos haciendo como ecosistema de emprendimiento para que esto suceda? ¿Qué podemos hacer mejor o diferente para evitar la incuestionable frustración que se está generando por parte de aquellos que se lanzan a emprender y fracasan o tiran la toalla en el camino?

Yo encuentro varios puntos que quiero exponer y que ayudan a responder estas preguntas. Y a partir de ellos y en mi posición de columnista, quisiera invitar a alguna universidad a tomarlas como punto de lanza para realizar una investigación seria al respecto (no es que mis comentarios no sean serios, pero debo resaltar que lo que expongo no se fundamenta en algún análisis técnico realizado previo a esta columna). Bien, estos son:

1. Se comunica el emprendimiento como un fin y no como un proceso

Se muestran los casos exitosos dignos de admiración, pero que son excepciones y no las generalidades del grueso de los emprendedores locales. Por obvias razones, si las instituciones públicas o privadas generan programas para promover el emprendimiento, deberán dar respuesta a los indicadores de gestión que justifican el uso de los recursos.

Esto significa que se muestran y publicitan como resultados exitosos a aquellos emprendimientos que han evolucionado de manera satisfactoria las etapas del mismo (ideación, crecimiento, escalamiento, maduración).

Tal es el caso de la noticia reciente de los emprendedores de Rappi quienes han logrado ser el primer emprendimiento unicornio del país (al tener una valoración de 1.000 millones de dólares), la cual aplaudo. O el caso de mostrar un par de años atrás de Marck Zuckerberg (Facebook), el cual generó un frenesí de ‘APPlicacionitis‘ obsesiva entre los jóvenes.

Mostrar a este tipo de casos exitosos está bien, pero se puede hacer mejor. Cuando se comunican estos casos, se muestran segmentos sesgados de las realidades de estos emprendedores. Se muestran fotografías de la montaña rusa, pero no todo el vértigo del proceso.

Esto lo resalto, porque en un mundo como el de hoy, en donde la información se consume de manera tan rápida y en donde no queda tiempo para la reflexión, quedarse con la imagen de la fotografía puede y está generando percepciones erróneas con relación a lo que significa “ser un emprendedor o crear un emprendimiento”.

Tal fue el caso de María, una de mis estudiantes que con gran preocupación ve cómo su emprendimiento no evoluciona y quien inevitablemente la agobia más el sentimiento de envidia que el de admiración por los emprendedores exitosos.

O el caso de Armando, quien en lugar de soñar con emprender, está generando un fastidio irreconciliable con el emprendimiento y expresa con desaliento la frase “será buscar trabajo porque qué más”.

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Entonces, ¿cómo debemos comunicar la montaña rusa? ¿cómo logramos aprovechar esta oportunidad para construir valores como la paciencia, la tolerancia al fracaso, la identificación de una causa y un propósito sólido? Ahí les endoso este trabajo a los investigadores.

2. Necesitamos más fuck up nights en donde se muestre la montaña rusa del emprendimiento

Lo digo por experiencia propia. Tengo un emprendimiento hace casi 6 años en el tema de educación para la sostenibilidad y no ha sido fácil, pero ha sido a la vez lo más chevere que he hecho en mi vida. Me he disfrutado cada día, independientemente de los momentos de dificultad financiera o si llegan las vacas gordas.

En resumen, da igual la vaca que se presente, lo que me ha gustado de este proceso de emprender es la cantidad de emociones y adrenalina que se genera día a día alrededor de la causa que se abandera. Cada día es diferente y eso es importante para mi.

Es por ello que invito a los emprendedores a que le ayuden a los otros que vienen detrás o a aquellos que iniciaron primero pero que no han evolucionado.

Compartir las buenas y malas experiencias (se dice de fracaso, aunque debería buscársele otro nominativo) es algo tan valioso e incomparable para todo aquel que emprende. Los talleres o capacitaciones que más he disfrutado en los últimos años no son los relacionados con tecnologías, con temas de soluciones ambientales o de inversión, son estas clínicas de emprendimiento en donde se es posible escuchar y ser escuchado.

3. Eduquemos: emprender puede ser cualquier cosa si el fin es pasar del dicho al hecho

Una de las campañas en las que me subí desde hace 3 años es compartir un pensamiento: “emprender puede ser cualquier cosa y no es algo exclusivo al hecho de crear empresa. Emprender puede ser buscar un nuevo trabajo, salir del país a aprender un idioma, generar una estrategia de movilización social. En fin, todos somos emprendedores si y solo si cumplimos un requisito: Pasar de la intención a la acción dentro del marco de un propósito claro”.

Al respecto vuelvo a invitar a mis colegas y amigos investigadores sociales y expertos en analizar la conducta humana: ¿por qué los colombianos somos tan buenos para idear, pero tan regulares para implementar?, ¿cómo logramos un balance al respecto? Y sobre todo: ¿cómo hacemos para que más personas encuentren sus propósitos y hagan de ellos el talante de sus emprendimientos?

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En conclusión: no se estrese, cada quien vive su proceso, su tiempo. Cada quien es dueño/a de su estrategia y cada una de ellas conduce a diferentes resultados. Lo importante es ser conscientes de que al tomar la decisión de emprender lo que sea, hay un sube y baja de circunstancias que son inherentes al proceso y como tal, el mayor reto de emprender consiste en gestionar esas emociones para no descarrilarse de la montaña rusa. El dinero, el reconocimiento y los aplausos son simplemente otra circunstancia, pero no son lo fundamental.

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