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Opinión

  • | 2019/10/22 00:01

    Elecciones, pereza y burocracia: no crear más entidades públicas por favor

    La irracionalidad y la pereza mental son clásicos ingredientes para votar, así nos generen costos sociales que luego no sabemos relacionar con malas decisiones pasadas.

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Hay un tema que me preocupa: querer crear nuevas entidades en Bogotá, como si fuera necesario. Pasa desapercibido bajo el encanto, el carisma, los logos, y la manera en que ignoramos lo más importante: estudiar bien los planes de gobierno. Les contaré, bajo dicho criterio, cuál me parece la propuesta más seria para Bogotá. 

Si queremos votar de manera estudiada, bajémosle un poco a los sentimientos y a las sandeces de los pseudoinfluencers de las redes, aquellos que guían nuestra voluntad gracias a su bulla y no a sus argumentos. La ciencia ha demostrado cómo las elecciones sucumben ante atributos irrelevantes de candidatos. En el 2014, en EE.UU se mostró cómo las personas que se sienten enfermas el día de elecciones prefieren candidatos atractivos físicamente. En vez de usar nuestro sistema 2 de pensamiento, como diría Kahneman, nos vamos con el 1: el rápido, el que no requiere mucha reflexión; el del sentimiento, de la emoción y la recomendación del vecino, “porque el candidato es como querido, como buenmozo, como buena gente”. 

La indignación también sirve como una feroz arma de manipulación. Indigna y triunfarás. Según Vaish, Grossman & Woodward (2008), usamos la información negativa más que la positiva en nuestras vidas, influenciando nuestro comportamiento. En los años 90, se estudió cómo los sentimientos negativos tenían consecuencias directas sobre el comportamiento electoral, ayudándoles a los candidatos que satanizan a los demás. Para no ir muy lejos, miren los casos de Trump y el alboroto sobre la inmigración en 2016 de los pro-brexit.

Cuando uno es mediocre y solo tiene grandes discursos que sirven en cualquier contexto o conversación de cafetería, la mejor táctica puede ser volcar a las personas contra otros. Sin embargo, si el electorado se detiene a reflexionar, no necesariamente caerá en esos juegos, tan frecuentes en este país. 

Las ganas de crear más y más entidades, Agencias y Secretarías, sugieren un campo de análisis. Como lo documenté en otra columna, el tema luego se vuelve una bola de nieve en donde claman: “Necesitamos más presupuesto” y a final de año se pelean por visibilidad, a ver a qué oficina le dan más plata y, por ende, más atención, capital político para su líder, y gasolina al partido que indirecta o directamente representa. ¡No se imaginan cuánto daño hace esto! Peor aún, como Colombia es sedienta de control y de buscar responsables, llegan los incontables entes de control a pedir más presupuesto, sabiendo que tendrán la presión de “mostrar resultados” contra “tanto corrupto”, así esto fomente una cultura de falsos positivos burocráticos que quizá no ataca a los que de verdad hacen daño y viven de la corrupción.

Hamel & Zanini (2018) muestran que la burocracia, inclusive en el sector privado, ha venido creciendo más que la productividad. Pero hay organizaciones, como Haier, que han sabido dar la vuelta a las cosas: crean una “burocracia” alternativa de empleados que se ven y se evalúan como si fueran emprendedores. Son eficientes y están bien capacitados, actuando en una federación de pequeñas unidades de negocio. Necesitamos una burocracia alternativa y eficiente en el Distrito, una de personas que llegan por meritocracia y no por lagartocracia.

A continuación, doy mi opinión sobre el tema de nuevas entidades, partiendo de información recogida en los planes de gobierno, con su página correspondiente. 

  • Hollman Morris propone convertir la Secretaría de Desarrollo en una de Ciencia y Tecnología (p.8). No veo mucha profundidad en las propuestas, pero tampoco veo que quiera crear nuevas entidades públicas. Me preocupa la meta de un aumento del 7% en el PIB con una política de trabajo decente. No tengo muy claro cómo se hace esto “fortaleciendo el marco normativo de garantías laborales” (p.9)

  • Claudia López dice en su programa, que crearála Agencia de ciencia, innovación y educación superior de Bogotá” para garantizar “la oferta de no menos de 20.000 cupos de educación superior gratuita en Bogotá (…) para aprovechar las oportunidades de innovación y empleo de Bogotá y la región” (p.20). Si bien la educación técnica es vital, no veo por qué una agencia sea la solución. No estoy de acuerdo con la dominación del SENA en Colombia tampoco, toda una torre de marfil absolutista que nadie puede cuestionar, pero crear otra agencia para Bogotá puede hacernos caer en más burocracia. Esto se puede resolver con programas.

  • Miguel Uribe dice en su programa que creará la Agencia Distrital de Infraestructura, la Universidad del Deporte, una autoridad regional para la “planeación el Transporte, Seguridad y Desarrollo Económico y ambiente [sic]” (p.8) y también la “Secretaría de Tecnología e Innovación” (p.86). La primera tiene sentido, aunque el tema de la Universidad del Deporte no me queda muy claro. Sin embargo, la propuesta de una nueva Secretaría pareciera ser más y más burocracia, porque éstas no tienen flexibilidad y se ahogan en su rol de “crear políticas”, responder requerimientos y promover actividades que no son estructurales. 

  • En el programa de Carlos Fernando Galán, aparece la propuesta de crear una oficina de planeación estratégica de la inversión. Esta no es una nueva entidad, sino un espacio para hacer economías de escala y sinergias, cosa que hace mucha falta en el Distrito. Me parece estratégico que se hable de crear programas y rutas, y no Agencias y Secretarías en el programa de Galán. Aquí se habla del Fondo de Innovación (p.34), que me parece vital para el desarrollo productivo y, por ende, el empleo. 

Creo en lo que dice David Miller sobre el efecto moralizante de la deliberación política para bajarle a la irracionalidad. Esta columna es un pequeño ejemplo de buscar contenido y argumentos en planes de gobierno, usando un tema específico, en vez de enfrascarse en símbolos que nos ayudan a no pensar mientras le hacemos daño a la sociedad que sostenemos con nuestros impuestos.

Por mi parte, votaré por Carlos Fernando Galán, pues considero que tiene la propuesta más seria, que no necesita de más burocracia. Me gusta que promueva un equilibrio en las emociones y una manera distinta de hacer política, que le permitirá concentrarse en los problemas de la ciudad, y no en las veleidades superficiales que embriagan el subconsciente. Me parece esencial que no tenga compromisos con partidos, cosa que se refleja en los cientos de ataques que recibe y, en que no tiene afán de crear más y más entidades públicas inútiles que drenan los presupuestos y suenan irracionalmente “chéveres”. 

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