Opinión

  • | 2018/09/14 00:01

    Historias de Legalland: Capítulo final. El sufrimiento de un emprendedor

    Juan entendió que el Estado no era el sitio ideal para él, mientras que el emprendimiento podría convertirse en su nuevo proyecto de vida. ¡Emprender en Legalland! Después de todo, se hablaba mucho de la moda de emprender.

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(…continuado de parte 1 y 2)

Satisfecho con su nueva decisión, Juan decidió buscar información sobre el emprendimiento. En camino a la biblioteca, encontró personas agolpándose y lanzando arengas en pro de una nueva consulta popular. Curioso, preguntó a un asistente:

- “¿De qué es la consulta?”

- “La idea es saber si la maldad en verdad es mala. ¡Si no votas, seguramente eres perverso!”

Algo confundido, con su mano en el mentón, siguió su camino y pensó que si el Estado tenía fondos para preguntarle a todos si la maldad era mala, seguro tendrían algo para ayudar a los emprendedores. Así, leyó, se instruyó y se lanzó como emprendedor del sector editorial. “Imprimiré códigos y todo lo que se inventen en Legalland”, pensó.

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Tuvo una feliz y sorprendente experiencia en la Cámara de Emprendedores; creó su empresa y juntó sus ahorros para contratar a su asistente, aunque pronto le dijeron que tendría que ir a 5 lugares distintos para registrar a su asistente. Y bien, sin dejarse desmotivar por la burocracia, pensó que otro de sus pasos sería abrir una cuenta en un banco. Al llegar, una amable señorita le explicó:

- “Tenemos un paquete especial para emprendedores. En vez de cobrarte estos 35 rubros, te cobraremos 34. Por entrar al banco, por ejemplo, ya debes pagar, ¡pero lo puedes diferir a 95 cuotas con nuestra nueva tarjeta de crédito!”

- “No entiendo, no se supone que diferir a tantas cuotas es malo”, preguntó algo perdido Juan

- “No, no te preocupes por eso, firma aquí”.

Sabiendo que su primer cliente prospectivo había advertido que el emprendimiento necesitaría una cuenta para trabajar con él, Juan se decidió por el banco de la amable señorita. Al lograr su primera venta de un código de 5.000 páginas a un familiar, fue feliz de saber que contaba con $100. Ingresó entonces al banco online y su boca quedó abierta como las puertas de los azules cielos de Legalland:

Concepto

Monto

Ingreso por Ventas

100$

Costo Plataforma

(65$)

Impuesto del clima

(2$)

Impuesto 100 x 1000

(10$)

Retenciones y futuros conceptos inexplicables

(13$)

Costo por pagos hechos en otras ciudades

(5$)

Pagos por Decreto 345664 Art. 3 nr. 4 par. 6

(6$)

CXQSNP (Costo porque Sí, No Pregunte)

(1$)

Balance

(2$)

Pero, ¡no puede ser! ¡Todo lo que sufrí por vender mi primer código y ahora debo 2$!

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Con valentía, decidió Juan que era hora de atacar mercados más grandes. Luego de varios meses, copiosos ruegos a la familia para que le ayudaran a sostener su nuevo pequeño imperio y varios momentos de tácita gritería en su corazón, logró que MonsterMult S.A., una poderosa empresa, expidiera una primera orden de compra por 100 códigos de ultraregulación. Con algunas dudas, llamó a la empresa. Luego de 3 días de intentar, le contestaron:

- “¿Sí?”

- ¡Buenos días señores! Tengo unas preguntas sobre el pedido nr. 0001 de los códigos.

- “Sí, ingrese a esta página y lea todas las condiciones”

- “Pero señor, un momento por favor”

- “Estoy ocupado, hasta luego”

- “Pero…un momento”

- “!A ver! No ve que estoy ocupado, feliz día.”, colgó el señor para dedicar su tiempo productivo a chatear con sus amigos sobre el último partido de futbol.

Sin darse por vencido, Juan leyó y entendió las condiciones,

Condición nr. 300048455: los pagos se efectuarán a 180 días calendario

Condición nr. 300048458: radicación de facturas entre las 8:04 y 8:08 am, una vez al mes.

Condición nr. 340487458: toda mercancía en consignación. No respondemos por daños.

Algo sobresaltado, decidió que no iba dar su brazo a torcer. Acudió entonces al Estado para asesorarse bien. Preguntó por capital semilla en varios lugares, hasta que le confesó un amable funcionario que la única semilla que iba a dar fruto era la de su frustración en unos buenos dolores de cabeza. ¡Ojalá le vaya bien, Sr. Juan!

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Al salir de la Oficina Multitrámite de Legalland (OMF), vio a un señor de avanzada edad con el radio junto a la cabeza. Se sentó junto a él y le preguntó si podía oír algo de radio en su compañía. El señor lo miró como si la estulticia lo dominara y asintió, “Claro, muchacho, adelante”.

Las noticias estaban empezando y habría seguramente mucha información sobre el último incendio ocurrido el día anterior:

- “Luego de aparatoso incendio, Congreso sanciona Ley 345763, por medio de la cual se destierra al fuego del territorio de Legalland y se expide un código de castigos para los que interactúen con el fuego y para la misma naturaleza… En otras noticias, ante el fuerte aumento del desempleo, el Municipio decretó que de ahora en adelante seremos más productivos, ¡disipando cualquier miedo de problemas económicos! Ahora pasemos al entretenimiento”.

Nuestro emprendedor le agradeció al amable viejito, le dijo que esas Leyes y Decretos no iban a solucionar nada y decidió entonces que iba a organizar sus pensamientos en la biblioteca.

Mirando al horizonte, decorado éste por suspiros de nostalgia y esperanza, desempolvó un olvidado libro de un tal Tácito y abrió el tercer libro de aquella sabiduría de antaño, cuyo tenor versaba: Corruptissima re publica plurimae leges… cuantas más leyes tiene un país, más corrupto será…

FIN

Reflexiones finales

El ultralegalismo inhibe el progreso de una sociedad, frena su innovación, o, como diría Schumpeter, su destrucción creativa que da vida a nuevas ideas, procesos, industrias y oportunidades. Son los emprendedores, los funcionarios innovadores, las personas que entran a generar disrupción en burocracia y procedimientos absurdos en las organizaciones y los que se arriesgan y sufren por cambiar su entorno… aquellos que crean una verdadera esperanza de transformar un país.

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