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Opinión

  • | 2019/11/28 00:01

    El problema es la base, estúpido

    El debate relevante sobre el impuesto a la renta no es la tasa del impuesto: es la base y cómo incentive el crecimiento económico y la generación de buenos empleos.

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El debate sobre la reducción en la tasa del impuesto de renta a las sociedades es el equivocado. El 4 de julio de 2016, el último año del gobierno de David Cameron, su ministro de Hacienda, George Osborn, presentó un plan para reducir el impuesto de renta a las sociedades a menos de 15%. El impuesto a las sociedades llegó a su pico en 1972, con 52% y se redujo paulatinamente hasta 30% en 1999. En 2007, Cameron planteó una estrategia muy agresiva para generar crecimiento e incentivar la innovación y las patentes.

El impuesto a las sociedades lo vienen reduciendo desde 2008, cuando estaba en 30%, y en 2020 la tasa será de 18%. Los periódicos titularon con estas tasas y los opinadores, desinformados, vaticinaron la debacle fiscal. No obstante, las cifras de recaudo muestran que en el Reino Unido se recauda más que el doble por cuenta del impuesto a la renta de las sociedades que lo que recaudan en Francia, donde la tasa marginal es de 33,3% y a partir del 2020 baja a 28%, o en Alemania donde la tasa llega también a algo entre 30% y 33%.

La respuesta fácil sería decir que fue el crecimiento económico y que, como dice Laffer, si bajamos la tasa aumenta el recaudo y crece la economía. Pero eso es todo falso. Ni Inglaterra creció tanto más, ni la elasticidad del recaudo del impuesto a la baja de la tasa es negativa.

Lo más importante en tributación es la base: el monto sobre el que se aplica el impuesto, más que la tasa del impuesto. Si el sistema tolera que la gente no reporte ingresos e inflen gastos, la tasa puede ser de 100% y el recaudo va a ser cero. En Colombia es clarísimo que la manipulación contable es sistemática. A muchos contadores les dicen "cuadre la contabilidad que este año voy a pagar X, así que quite ingresos e invéntese gastos". Entonces, es urgente, primero, eliminar la reserva de las declaraciones de impuestos de personas jurídicas y fundaciones. No existe argumento real para que esto no sea todo público. Segundo, la penalización de la evasión a quienes falseen la contabilidad en más de $500 millones es esencial, no solo para que paguen, sino para parar la corrupción como la de Odebrecht y todas las otras 16 empresas que se inventaron gastos ficticios para financiar campañas políticas.

En tercer lugar, y lo más importante, lo que más impacta la base son los gastos deducibles y aquí hay tres asuntos gruesos que valen billones y son los que el Reino Unido cambió para favorecer un crecimiento más inclusivo y dinámico: cero depreciación sobre inmuebles. Sí señores: propiedades y edificios no son gasto fiscal. Los terrenos nunca pierden su valor, son una inversión, y los edificios duran muchísimo, el mantenimiento es gasto y punto. Las mineras y petroleras tienen que llevar equipos y gastos en minas a amortizables que se llevan al gasto solo en proporción de lo que se produce. En Colombia las gabelas a estos sectores son desproporcionadas y sus depreciaciones aceleradas en sectores que no van a ser la prosperidad de largo plazo. En cambio, que deprecien rápido inversiones en tecnología, fintech y maquinarias modernas para generar industria y empleo. Y esto sí que es claro en concesiones viales donde llevan al gasto del privado la inversión en la vía que es pública. Las NIIF son sabias cuando desnudan estos esquemas de financiamiento y los pone a tributar desde sus inicios.

Finalmente, el asunto más complejo de todos –con la excepción de la financiación de proyectos–: los gastos en intereses no son deducibles. La abundancia de pagarés en sociedades colombianas con una cautiva en Barbados y un banco en el Caribe permiten registrar capital del dueño como si fuera deuda y dividendos como si fueran intereses. No hay argumentos para privilegiar por política fiscal la deuda sobre el capital, con contadas excepciones, como los bancos, donde es el gasto del negocio. Aquí es donde importan las definiciones y los mensajes sobre dónde está el futuro del crecimiento: innovar versus atesorar tierras, explotar recursos naturales o evadir con deudas infladas.

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