Opinión

  • | 2018/02/10 00:01

    “El mundo no es plano”

    La reciente reunión del Foro Económico Mundial (FEM) en Davos ratificó muchas de las fallas que presenta la “globalización”, pero sobre todo el hecho de que la riqueza se concentra cada vez más, y que la apertura del comercio no se da necesariamente de manera justa en doble vía.

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Muchos expertos afirman que Davos 2018, desarrollado bajo el lema “creación de un futuro compartido en un mundo fracturado”, fue una gran crítica al fracasado modelo económico predominante  puesto que son evidentes las muestras actuales a nivel mundial de “la fragmentación, el nacionalismo y el conflicto”, en palabras del mismo fundador y directivo de este foro, Klaus Schwab.

 Efectivamente, el nuevo orden mundial ha experimentado fisuras en distintos órdenes: muchos de los acuerdos comerciales multilaterales se han roto debido al abandono del juego por parte de influyentes actores, la cooperación global alrededor del cambio climático se ha debilitado luego de significativos esfuerzos (París 2015 COP 21), en lo político y lo social se han incrementado los movimientos independentistas que luchan por su identidad y por un mayor control de sus destinos, y para consumar todo este panorama, los EEUU han evidenciado su nacionalismo tratando de convencer a los demás países que hagan lo propio y que el “interés nacional esté por sobre todas las cosas”.

 En el marco de cerca de 400 sesiones de trabajo y la participación de aproximadamente 3000 personas, este foro deja vitales y significativas tareas a todas las naciones en distintos frentes: el manejo de una eventual crisis financiera, el daño que produce el comercio global por el auge del proteccionismo y de los nacionalismos, la verdadera unificación de las naciones a través del comercio electrónico tan en auge, el poder desarrollar acciones más concretas frente al cambio climático, el enfrentar la “cuarta revolución industrial” de la mano de las tecnologías de la información y las comunicaciones, la necesidad de crear un sistema global de tributación que sea justo y que disuada la evasión, hallar nuevas formas de luchar contra la pobreza y la desigualdad y esforzarse permanentemente por compensar los efectos negativos de la globalización.

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 Para entender este último fenómeno, que ha sido objeto de tantas críticas a través del tiempo pero que igualmente ha sido exaltado, es indispensable saber en términos generales de qué se trata: “es la integración más estrecha de los países y pueblos del mundo, producida por la enorme reducción de los costes de transporte y comunicación, y el desmantelamiento de las barreras artificiales a los flujos de bienes, servicios, capitales, conocimientos, y en menor grado, personas a través de las fronteras” (Stiglitz, 2002).

 Ya en el pasado cercano, destacados autores se han pronunciado acerca de los efectos nocivos de este movimiento. Baste tan solo mencionar algunos:

 “La imposición de las reformas macroeconómicas bajo el liderazgo del FMI, el Banco Mundial y la OMC (Organización Mundial del Comercio) conduce a la recolonización forzada de los países de manera ´pacífica´ por la manipulación de las fuerzas del mercado. Sin necesidad de recurrir abiertamente a la fuerza, el carácter implacable de estas medidas no obstante constituye una forma de guerra económica” (Chossudovsky, 2003).

 “Algún dolor era indudablemente necesario, pero a mi juicio el padecido por los países en desarrollo en el proceso de globalización y desarrollo orientado por el FMI y las organizaciones económicas internacionales fue muy superior al necesario. La reacción contra la globalización obtiene su fuerza no sólo de los perjuicios ocasionados a los países en desarrollo por las políticas guiadas por la ideología, sino también por las desigualdades del sistema comercial mundial. En la actualidad –aparte de aquellos con intereses espurios que se benefician con el cierre de las puertas ante los bienes producidos por los países pobres- son pocos los que defienden la hipocresía de pretender ayudar a los países subdesarrollados obligándolos a abrir sus mercados a los bienes de los países industrializados más adelantados y al mismo tiempo protegiendo los mercados de éstos: esto hace a los ricos cada vez más ricos y a los pobres cada vez más pobres….y cada vez más enfadados” (Stiglitz, 2002).

 El mismo Friedman (2005), autor de un libro clave para entender este proceso y sus consecuencias: “La tierra es plana. Breve historia del mundo globalizado del siglo XXI”, se pronuncia acerca de que el mundo no es completamente “plano” como se quisiera: “…..La línea que separa a los que están en el mundo plano de los que no, es, precisamente, esta frontera hecha de esperanza”, y continúa afirmando que “…hay muchísimas personas que siguen viviendo fuera de este círculo. Viven en pueblos o zonas rurales en las que sólo unos delincuentes querrían invertir. Son regiones donde la violencia, la guerra civil y las enfermedades compiten entre sí para ver cuál puede causar más estragos entre la población. El mundo solo quedará totalmente plano cuando entren en él todas estas personas”.

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 Ya a un nivel más “micro”, y lógicamente sin pretender abordar la totalidad de los retos impuestos, pienso que la famosa “globalización” no debemos tomarla los colombianos, ni los latinoamericanos, en el sentido pasivo de recibir todo lo que provenga del exterior, momento en el cual los países desarrollados, debido a la saturación de sus mercados, estarían viendo los nuestros como una alternativa muy interesante y provechosa para desarrollar su estrategia de expansión geográfica, y financiera.

 Tampoco debiéramos pensar en ella solo como la mejor manera de comprar en nuestro país una buena cantidad de productos importados sino también la de tener la capacidad, por parte de nuestros emprendedores, de colocar su oferta en mercados externos. Adicionalmente, otra de las perspectivas de este movimiento, es la de atraer la inversión extranjera en nuestros países, pero en los últimos años hemos constatado que ello se ha producido “extrayendo valor” y no creándolo en nuestro contexto.

 Son amplios y variados los desafíos que tienen todos nuestros empresarios, pero igualmente a los que tienen que hacer frente aquellos que dirigen las riendas del país actualmente, lo mismo que los que se están postulando para esta máxima responsabilidad. ¿Qué planteamiento concreto tienen para este escenario?

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