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Opinión

  • | 2020/05/27 09:26

    El miedo a tomar acción

    "Solo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar": Paulo Coelho

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Un avión había llegado a la altura y a las coordenadas indicadas. Cinco paracaidistas estaban en la puerta abierta listos para saltar. Tres de ellos decidieron saltar. ¿Cuántos quedaron en el avión? Piense su respuesta por unos segundos. ¿Sencillo, cierto? Si respondió que los mismos cinco, acertó. Porque los tres solo decidieron saltar, pero no saltaron.

Entre la toma de la decisión y el emprendimiento de la acción hay una brecha; en ocasiones un abismo. Los separa ese instante que permite tomar un respiro para llenarse del coraje y la valentía que se necesitan para asumir los riesgos que conlleva la incertidumbre sobre los posibles resultados de la acción. Se requiere la contribución de las creencias y de las convicciones personales que fortalecen la voluntad para vencer el miedo que genera la incertidumbre. Stephen Covey señaló que ese era el instante para el ejercicio de nuestra libertad. Ciertamente lo es.

Supongamos, además, que el envío de los paracaidistas fue la estrategia escogida por recomendación de los más calificados expertos en operaciones de rescate. Era la manera más indicada para salvar las vidas de un grupo de personas que habían quedado atrapadas y amenazadas de muerte por una avalancha. Se completaron todas las etapas señaladas hasta llegar al momento de la verdad: el salto de los paracaidistas. Esa estrategia, como todas, termina a discreción personal de cada uno de ellos; es solo una intención, una hipótesis, mientras no se tomen las acciones que la materializan.

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Esa brecha depende del grado de incertidumbre que rodee los resultados de las acciones que se intentan emprender. Cuando se podrían generar perjuicios considerables o cuando las consecuencias son de largo plazo, esa incertidumbre se acrecienta y puede generar un miedo que paraliza el emprendimiento de las acciones. Para facilitarlo, se requieren apoyos que mitiguen esa incertidumbre.

La recomendación tradicional consistió en refinar los esfuerzos de planeación utilizando el pensamiento estratégico para refinar los análisis que permitieran prospectar los escenarios futuros y sus correspondientes resultados. Se aconsejaba utilizar herramientas para escudriñar el futuro y para identificar sus tendencias más sutiles. Pero no existe ningún grado de sofisticación de la planeación que elimine la incertidumbre sobre el futuro.

Menos ahora, cuando estamos participando, en vivo, en el experimento mundial que demuestra, más allá de toda duda, que nuestro futuro seguirá tan incierto como siempre lo fue. Solo que pretendíamos desconocer esa incómoda incertidumbre. Creíamos que existían maneras de predecir o prospectar el futuro. Lástima que haya sido una vana ilusión.

Cuando hayamos aceptado el redescubrimiento de la incertidumbre, tendremos que volver a aprender las lecciones de nuestra historia. La única manera de enfrentar este sentimiento es con la acción. Más precisamente con la acción valiente que cristalice la idea brillante.

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Tendremos que enfrentar los retos de esta nueva gran crisis con el coraje y la valentía que demanden las acciones novedosas que tendremos que emprender. No había un plan estratégico y mucho menos un manual para manejar la pandemia ni para emprender las acciones que demande la reparación de sus enormes perjuicios.

Pero ya nuestros antepasados lo hicieron y se levantaron de las cenizas que dejó la Segunda Guerra Mundial y los más remotos, del siglo XV que, sin los medios de hoy disponemos, se recuperaron del covid de entonces, la pandemia de la peste negra, que arrasó con el 40 por ciento de la población europea de aquel entonces. Si ellos pudieron, nosotros también. La solidaridad y la voluntad inquebrantable, hoy rebautizada como resiliencia, a las que apelaron entonces, son las mismas a las que debemos recurrir de nuevo.

Habrá que sobreponerse al miedo, a las adversidades, recurriendo a las virtudes que fortalecen la voluntad para emprender las acciones que se sobreponen al miedo que genera la incertidumbre. Las mismas que se requieren para reinventarnos, como está ahora tan de moda recomendar.

* Por: Alfredo Ceballos Ramirez. MBA Stanford University y DBA Harvard University. Presidente y Fundador de Iara Consulting Group

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