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Opinión

  • | 2019/11/28 00:01

    El emprendimiento le apuesta a la pesca responsable y al consumo sostenible

    El cambio climático ya puso a pensar a más de uno por ahí. Me alegra por lo menos que las personas se estén cuestionando qué hacer para “poner su granito de arena” y sumarse a la causa climática.

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Qué día, conversando con Sara, una tremenda emprendedora paisa, hablamos sobre lo que podíamos hacer los consumidores para disminuir nuestra huella de carbono en cada uno de los ámbitos de nuestros estilos de vida. Entre varias de las respuestas, sobresale una relacionada con la transformación de nuestras dietas para moderar el consumo de carne roja. Llevo años reduciendo paulatinamente su consumo, aunque no del todo, porque su sabor muy sabroso en hamburguesas o en asados, de vez en cuando.

Así que entonces ¿qué hacer?, ¿por dónde coger?, ¿qué consumir?, ¿volverme vegetariano o vegano es la alternativa? ¿pero por qué serlo si me gusta la carne? La búsqueda de alternativas me llevó a mudarme al consumo de pollo o de pescado cuando se ratifica el franco derecho a no ser vegetariano, ni vegano.

Llevo unos años consumiendo más pescado pero también me cuestiono sobre el impacto que este genera y si verídicamente mi decisión como consumidor justificó el cambio de la carne roja a este tipo de carne. Bien, investigando un poco, encontré los siguientes datos:

  • Que el consumo de pescado en Colombia es aún bajo, pero va en crecimiento: En 2018 su consumo per cápita fue de 8 kilos anuales promedio vs. los casi 18 kilos de carne roja y 14 kilos de aves de corral.
  • Que los recursos pesqueros en Colombia, así como en el mundo, han disminuido en cantidad. Encontré en una cita de WWF que según “la Autoridad Nacional de Pesca y Acuicultura (Aunap), en 2016, se reportaron 43.000 toneladas de recursos marinos mientras que en los 90 se reportaban 133.000 toneladas. Asimismo, registra el artículo la “alarmante disminución de pesquerías en las cuencas de los ríos Magdalena, Orinoco y Amazonas. En el Magdalena, las capturas de peces se han reducido en un 90% desde 1970, principalmente la del bagre rayado. Una especie de la que, en promedio, se obtenían 2.000 toneladas y hoy, no se alcanzan las 500”.

En ese orden de ideas, me sigo preguntando: ¿qué sigue siendo mejor entonces: el pescado o la carne roja? Recuerdo haber abordado este tema en esta otra columna que titulé y que recomiendo leer nuevamente: ‘Debate entre carnívoros y vegetarianos: dogmas, fanatismo y falta de autoliderazgo ambiental. Ahora bien, si se saltó la columna recomendada, resumo la conclusión diciendo que el meollo del asunto gira en parte, en la elección que asumen los consumidores, pero también y muy importante, en la manera como se producen y llevan a la mesa los alimentos que consumimos.

Seguí indagando en el pescado y ahora con más veras, pues encontré una hermosa compañía a quien también le encanta su carne. Me di a la tarea de comprender qué es un pescado sostenible o responsable, o más bien, qué es una pesca responsable. Si quiero ser parte de los consumidores que aumentan su consumo de pescado, debo saber cuál es mi impacto al hacerlo. Para comprenderlo, hice el ejercicio de entender y analizar el modelo de negocio de FreshGo y disfrutar las recetas que hacemos con los pescados producto de su pesca. 

La pesca responsable de FreshGo (@freshgocol en Instagram)

Cuando estoy en Bogotá, cada sábado hago mi pedido de pescado fresco de FreshGo. Camarones y atún es lo que he comprado hasta ahora, pero estoy en mora de comprarle a este emprendimiento el róbalo, corvina, berrugate, largo, merluza o el dorado, los cuales son otros de los productos que ella ofrece. La compra llega en una caja que más bien parece un regalo de cumpleaños. Sin olores y en un agradable frío, llega el pescado que me ha permitido hacer camarones gratinados, en ensalada y atún salpimentado.

Más allá de la frescura, sabrosura y modelo de entrega del producto, me gustó la historia que tiene la empresa sobre cómo realiza la pesca, con quien lo hace y cómo esto impacta positivamente a la región de donde provienen los pescados.

FreshGo apoya a 12 pescadores en Bahía Solano y 15 en El Litoral del San Juan Chocó. Este emprendimiento que hace poco nació, inició con una premisa y es la construcción de confianza con las comunidades de pescadores para que ellos pudiesen reconocer las ganancias derivadas de su actividad productiva. Para el emprendimiento la confianza y las relaciones cercanas son realmente la base del éxito de este emprendimiento pues les permite ser capaces de llegar a acuerdos transparentes y justos que beneficien a la comunidad, conocer sus prácticas de pesca, tanto en calidad como en sostenibilidad, entender qué tan lejos o qué tan cerca están desarrollar su actividad económica de manera responsable ambientalmente, y de esta manera saber cuáles son los aspectos que deben trabajar y fortalecer para que las especies que pescan se regeneren y no desaparezcan como lo evidenciaron los datos expuestos en los párrafos anteriores. 

FreshGo quiere que su marca vaya más allá de una simple transacción comercial para poder hablarle directo al cliente, de manera que este pueda ser un consumidor consciente, del impacto directo y poderoso que tienen sus acciones a la hora de comprar, no solo en su salud y bienestar, sino también en las comunidades y en el medioambiente, en el que se desarrolla la operación de su empresa. 

Para ella es importante promover la diversidad del pacífico colombiano como la carne de jaiba y mostrarle a los consumidores que hay otras especies más allá de las típicas especies y que podemos diversificar la alimentación sin sobre explotar siempre las mismas.

Los criterios de pesca responsable que FreshGo promueve van desde la compra de especies que superan su talla mínima de madurez sexual y con ello asegurar que han dejado su descendencia en el hábitat. No compran especies que están en vía de extinción, como el mero, la cherna café, tiburón, o las rayas, entre otras. Trabaja con pescadores que usan como arte o método de pesca la línea de mano, espinel y palangra, todas artes de pesca selectivas, que usan anzuelo. Esto permite que la pesca sea más artesanal y selectiva. Y algo que me llamó la atención, cada semana varía la pesca para apoyar la estacionalidad de los productos y ofrecer los que provea el mar.

El ejemplo de FreshGo me ayudó a comprender un poco más qué es la pesca responsable y con ello, así como existe también la ganadería sostenible (para el caso del consumo de carne roja), o la siembra hortifrutícola depredadora de los suelos, poder disminuir la furia dogmática y hasta polarizante que se escucha por ahí entre los ambientalistas neófitos. 

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