Opinión

  • | 2019/02/05 00:01

    El caso del Parque el Japón

    De por qué no deben talarse más árboles en Bogotá. El de la capital del país, una de las más grandes metrópolis latinoamericanas, es el ejemplo de lo que no debe hacerse, en ningún lugar del mundo.

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La situación presentada en varios parques de Bogotá preocupa a la comunidad. Quiero hacer especial énfasis en el Parque El Japón, a modo de ejemplo. Los vecinos del sector han hecho pronunciamientos en contra de estas talas, precisamente porque les quita aire limpio, ese que tanto necesitamos y que parece cada vez más escaso.

Ciudadanos de distintas áreas de Bogotá han desplegado sendas manifestaciones en las que se oponen a esta política de la administración Peñalosa. El sábado pasado se realizaron más de 16 velatones en varios puntos de la ciudad en las que cientos de bogotanos protestaron contra estas medidas.

Debo resaltar que también se realizó un plantón por parte de un grupo de ciudadanos, justamente en el parque el Japón, a favor de la tala de árboles, la cual fue ampliamente emitida por medios de comunicación oficiales del Distrito. Debo también decir que los manifestantes no eran precisamente vecinos del sector, y que este plantón fue claramente liderado por una concejal amiga de Peñalosa (también voto a favor de la valorización).

Orlando Molano, director del Instituto Distrital para la Recreación y el Deporte (IDRD), ha manifestado en varias declaraciones a la prensa, que con la renovación de parques como El Japón se pretende construir puntos de encuentro para los ciudadanos, en los que niños y jóvenes tengan derecho a disfrutar. Asimismo, afirma que esta es una iniciativa que va a beneficiar a todos los bogotanos y no sólo a unos pocos.

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Frente a ello, vecinos del parque, como Nohra Puyana de Pastrana afirman que las personas que viven en esa zona de la ciudad tienen acceso a clubes para desarrollar actividades sociales y recreativas, por lo que no se necesitaría la reforma del parque. Además de éste, hay otros parques cerca, con canchas de fútbol y baloncesto. Haciendo un análisis un poco más profundo de la situación, si bien el parque es para todos, no conozco a la primera persona que se desplace de El Codito para jugar fútbol en un parque cualquiera del Tunal, teniendo más canchas cerca. Es una cuestión de sentido común, la misma que hace que hagamos mercado en el lugar más cercano a nuestros hogares. En lo personal, no me desplazo a comprar leche a Chía; lo hago en Bogotá, en el supermercado más cercano a mi casa.

Esta lógica la aplicamos creería que casi el 100% de los bogotanos, pues las distancias son enormes, con relación a otras ciudades del país o del mundo. Los árboles son vida y la vida hay que respetarla. La tala de árboles ha representado más de $17.000 millones, todos del bolsillo de los bogotanos. Si bien es cierto que varios árboles debían ser cortados pues estaban enfermos, esto no aplica a la mayoría. Hay que construir y reformar parques, pero en zonas en las que realmente se requieran. Los recursos públicos deben utilizarse de manera efectiva.

Ahora bien, en un escenario hipotético digamos que la construcción del parque es buena y que aporta beneficios y experiencias positivas para la comunidad. Entonces, recuerdo de manera inmediata el parque de la esquina de mi casa, que estaba en perfecto estado y en el que los niños iban a jugar felices. De manera injustificada para los vecinos (aun no tenemos claro porque decidieron remodelarlo) cambiaron el piso, lo cual no era necesario. El parque se encuentra cerrado desde finales de octubre del año pasado, rodeado por una malla azul, sin que nadie se haga cargo de la obra, que se encuentra en estado de completo abandono. Empezó febrero y nada cambia. ¿Será ese el futuro del parque el Japón así como de otros parques de la ciudad? Si es así, menos aun es conveniente que se hagan este tipo de obras.

El paisajismo que se observa en el Central Park en Nueva York, los jardines de Luxemburgo en París, el Hide Park en Londres o el Retiro en Madrid son ejemplos de lo mucho que embellecen los árboles al paisaje. Asimismo contribuyen con la salud de los habitantes de estas ciudades, pues allí se respira un aire más limpio que en el resto de la ciudad, siendo a la vez pulmón de las mismas.

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No tengo nada contra el alcalde, celebro iniciativas que ha desarrollado, como el cierre del Bronx, que no fue una obra perfecta, pero fue lo mejor que pudo hacerse. También celebro la construcción de escenarios deportivos en lugares requeridos por la comunidad. Sin duda alguna también hay muchas cosas buenas. Pero en este caso, hay que hacer un llamado a la reflexión.

El problema ambiental

En marzo de 2018 en Bogotá se declaró la alerta amarilla como consecuencia de los altos índices de contaminación ambiental en la ciudad. El material particulado (PM2,5), un polvo microscópico que inhalado por los humanos es capaz de generar enfermedades tales como la bronquitis, asma, alergias, EPOC e incluso dolencias de carácter cardiovascular, se encontraba en 55 µg/m3 (microgramo por metro cúbico), cuando de acuerdo con la Resolución 2410 de 2010 este no debe pasar de los 25 µg/m3 en 24 horas.

La situación es delicada, pues para julio de ese mismo año el Ministerio de Ambiente solicitó a la Alcaldía Mayor que tomara medidas para mejorar la calidad del aire que respiran los bogotanos. El material particulado en Bogotá, de acuerdo con el grupo de investigación “Atmospheric Polution” de la Universidad de Huelva en España, demostró que el material particulado PM10 (partículas más grandes que las del PM2,5 anteriormente mencionado, igualmente nocivo), tenía una concentración anual promedio de 38 µg/m3 (microgramo metro cúbico), casi doblando el límite autorizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que es de 20 µg/m3.

Las ausencias a nivel laboral, así como la actividad económica se ven comprometidas por esta problemática. La productividad de las empresas también disminuye como consecuencia de este tipo de fenómenos.

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