Opinión

  • | 2017/08/14 00:01

    Educación y reconciliación nacional

    La educación no tendría sentido si su objetivo no fuera la vida, la convivencia, la libertad, la mejora del conocimiento, el progreso y la necesidad de luchar por preservar los derechos que hoy disfrutamos, gracias a las luchas de nuestros antepasados.

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Para el próximo 30 de agosto, un grupo de instituciones y personas del sector educativo están promoviendo la celebración de una jornada nacional por la reconciliación y el perdón en los establecimientos educativos.

Celebro y acompaño esta iniciativa porque el sector educativo por su tamaño y su misión tiene responsabilidades morales, éticas y sociales que van más allá de la educación. Por ello es loable que pedagogos como Julián de Zubiria; las secretarías de educación de Bogotá, Cali y Barranquilla, entre otras; organizaciones como Todos por la Educación y la Asociacion de Establecimientos Educativos Privados, ADESPRIP; cerca de 5.000 colegios oficiales y privados;  universidades como la del Rosario, la Pedagógica; y las agremiaciones estudiantiles estén vinculadas con la jornada nacional por la reconciliación y el perdón.

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La reconciliación nacional y el perdón alrededor de la paz debería estar en la agenda de los dirigentes empresariales, políticos, gubernamentales, académicos y sindicales. Los hechos demuestran lo contrario, los acuerdos de la Habana ampliaron divisiones y heridas con respecto al proceso de paz, aún entre sectores de la población que nunca estuvieron en la guerra. las diferencias con respecto al proceso de paz pueden ser de franca enemistad, entre amigos, compañeros de trabajo y familiares. Lo anterior es un reflejo de lo que ocurrió en el plebiscito donde la votación fue mitad a favor y mitad en contra.

Las últimas encuestas políticas muestran que el país está cansado de la polarización en torno a la paz, que sus dirigentes de uno y otro lado sufren el desgaste, la opinión desfavorable del presidente Santos es del 73% y la Uribe del 58%, con un incremento sustancial de este último, de no cambiar esta tendencia, en 2 o 3 meses estarán iguales. En el marco de las pasiones y odios que generó el proceso de paz, la evidencia indica que las FARC se desarmaron, cumplen con lo firmado y ahora no son un obstáculo para eliminar cultivos ilícitos en aquellos territorios donde ejercían influencia.

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Por ejemplo, sobre evidencia de beneficios del proceso de paz, Zubiría sostiene en revista Semana que el Hospital Militar atendió en 2011 a 424 militares y a 388 en 2012. Para el año 2016 recibió 36 heridos y en lo corrido del año, apenas van tres. También, el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos, CERAC señala que en el año 2007 hubo en Colombia 1795 muertos (civiles, fuerzas armadas y guerrilleros) por acciones en eventos de conflicto con participación de las FARC, para el año 2016 se registraron 6 muertos y ninguno en lo corrido en el año 2017. Recordemos que la vida es el primer derecho humano, sin ella no existen los otros. En palabras de Antanas Mockus: “Cuando una sociedad aprende a respetar la vida, aprende a respetar los otros derechos”.   

La paz, la reconciliación y el perdón van de la mano

La reconciliación según Karen Brounéus implica reconocer que entre las partes hay un sentimiento mutuo de sufrimiento generado en el pasado que aleja y produce enemistad. Las acciones de reconciliación tienen como objetivo cambiar aquello que nos separa por actitudes, conductas y emociones constructivas, propias de la razón humana y de la necesidad de fortalecer la convivencia social y política.

La reconciliación en sí misma es un acto de paz y de posibilidad de unidad humana en favor de la vida, la amistad y la convivencia. La reconciliación debe llegar a permitir compartir con el otro, así el otro piense diferente, no es mi enemigo y puedo llegar a participar en acciones que nos convienen. La reconciliación no requiere perdón total, pero hay algo de perdón. La reconciliación en torno a la paz debería ser ejemplo para frenar otras formas de reproducción de la violencia y para favorecer un tejido social más proclive a la búsqueda de acuerdos.

La paz es un bien humano, nadie puede ser dueño o apropiarse de la paz. la experiencia de Colombia muestra que la paz es compleja y difícil de alcanzar, hay que luchar por la paz. La reconciliación en pequeños actos con la familia, con los compañeros de trabajo y los amigos, así como los eventos y movilizaciones públicas en favor de la reconciliación nacional son formas de lucha por la paz civilizadas, propias de la inteligencia y del amor humano.

La educación no tendría sentido si su objetivo no fuera la vida, la convivencia, la libertad, la mejora del conocimiento, el progreso y la necesidad de luchar por preservar los derechos que hoy disfrutamos, gracias a las luchas de nuestros antepasados. A la vez, tenemos la responsabilidad de dejar a las nuevas generaciones mejores derechos, por ejemplo, garantizar, a corto plazo, el derecho a la vida a los niños y a quienes nazcan en Colombia, en los próximos años.  

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Por último, este 30 de agosto de 2017, como sostiene Zubiría: “démosle la bienvenida al papa con la celebración de una Jornada Nacional por la Reconciliación y el Perdón en todos los colegios y universidades del país. Una jornada que le enseñe a Colombia a contagiarse de paz, confianza, fe, esperanza y alegría: la posibilidad de despedirnos definitivamente de la guerra”. Invito a las secretarias de educación a las instituciones escolares, a las universidades y a los más de 500.000 docentes, para que junto con los estudiantes se preparé y se celebré en un ambiente académico y festivo la Jornada Nacional por la Reconciliación y el Perdón.

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