Opinión

  • | 2018/01/21 00:01

    Drones: ¿dejarlos volar o limitarles las alas?

    La adopción y el uso de tecnología de drones se ha venido popularizando y tiene un alto potencial de crecimiento, pero también hay grandes retos regulatorios para poder ser operados en sus usos comerciales, militares, logísticos, educativos, de rescate, o recreativos.

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Boeing presentó el 10 de enero de 2018 a su dron autónomo, capaz de transportar 500 libras de carga, y con esto se marcaría el comienzo del futuro de la tecnología de los vehículos aeroespaciales. El proyecto Wing perteneciente a la división Google X de Alphabet (cuya subsidiaria principal es Google) ha venido trabajando en diferentes experimentos y proyectos con drones desde 2012, mostrado grandes avances, sobre todo en materia de control de tráfico aéreo de estos artefactos.

En 2013 Jeff Bezos, actualmente el hombre más rico del mundo y CEO de Amazon, anunció que en unos años su empresa podría hacer entregas de pedidos livianos con cuadrópteros en menos de 30 minutos de la orden, y anticipó que el uso de drones para las entregas será tan común como lo eran entonces los camiones de reparto. Sin embargo, este ambicioso plan ha tenido grandes limitaciones para ser implementado, ya que las entidades regulatorias de los Estados Unidos no han actualizado y flexibilizado las reglas de uso y de permisos para poder hacer las pruebas de experimentación para los servicios en entrega propuestos por el Amazon Prime Air delivery. Esto porque en Estados Unidos la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus iniciales en inglés) no ha otorgado los permisos para muchas de las pruebas. 

En Colombia también existen rígidas reglas para el uso de drones. La Aeronáutica Civil tiene establecido desde septiembre del 2015 la reglamentación para operar aeronaves no tripuladas a distancia (drones). En Colombia cuando un dron se usa para fines comerciales, para cada uno de los vuelos se debe solicitar un permiso con por lo menos 15 días de anterioridad ante la Dirección de Servicios a la Navegación Aérea (DSNA) (ver apéndice B de la circular reglamentaria 002). En contraste, la autoridad de transporte de Islandia (Icetra) concedió permisos a la empresa Flytrex para operar servicios de entregas a domicilio de restaurantes y tiendas en la capital Reikiavik. 

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La tecnología de vehículos aéreos no tripulados (UAV por sus iniciales en inglés) o drones, que inicialmente fue desarrollada para propósitos militares, actualmente es usada para fines logísticos, comerciales, educacionales, de rescate, inspección, e incluso recreacionales. De hecho, los drones fueron los regalos más populares en la Navidad de 2017, y se consiguen en el mercado opciones básicas desde US$30 para usuarios de todas las edades.

A pesar de la popularización de estos gadgets -especialmente para uso recreacional como juguetes de entretenimiento, o instrumentos de fotografía y filmación aérea- su uso se encuentro prohibido en muchos lugares oficiales, turísticos, parques naturales, de eventos y áreas residenciales en diferentes países, debido a asuntos de privacidad y de seguridad (por su potencialidad como arma de guerra y espionaje, por posibles caídas o accidentes de navegación, por problemas tecnológicos de los artefactos o por su navegación en áreas restringidas). La regulación y sanciones asignadas están siendo del interés y de preocupación de las autoridades de aeronáuticas y se han establecido reglas básicas para su uso: volarlos a más de 30 metros de personas, respetar siempre la privacidad, volar siempre más bajo de 120 metros y a menos de 5,5 kilómetros de cercanía de un aeropuerto. Autoridades como el gobierno de Australia han desarrollado Apps como caniflythere que permiten identificar específicamente las áreas que están restringidas para el uso de drones. 

En los Estados Unidos se ha multado a pilotos de drones. La multa más alta registrada hasta ahora fue a la empresa de fotografía SkyPan International,  sancionada a pagar US$200.000 a la Administración Federal de Aviación  por 65 vuelos en espacio de congestión de aviones entre Chicago y Nueva York. En ese país para que los extranjeros puedan volar un dron con fines comerciales es requerido un certificado como piloto remoto (RPC) al cual se debe aplicar al Ministerio de Transporte . Para volar un dron, o incluso un aero-modelo de manera recreativa, es legalmente obligatorio que esté registrado en la página web de la FAA para este fin. 

Al viajar en avión, los drones –igual que los computadores y otros dispositivos- no pueden ser empacados como equipaje debido a sus baterías a no ser que se les sean retiradas, y deben transportarse en la cabina, aunque aerolíneas como Emirates Airlines consideran a los drones como equipo peligroso y no pueden ser transportados en la cabina.

En India las empresas que están desarrollando tecnología de vehículos aéreos no tripulados para fines comerciales, de rescate, logísticos, geo-referenciación y agricultura, tendrán que cumplir con lo que será establecido en la política de drones para las pruebas relacionadas con los nuevos desarrollos y aplicaciones.

Se anticipa que los drones de próxima generación serán de dos tipos. Los primeros se conocen como “enjambres” (o swarms en inglés). Son drones diminutos y más baratos con multiplicidad de usos que operarían como un grupo de abejas y pueden agruparse en infinitas formas (algo como en el episodio “Hated in the Nation” de la serie “Black Mirror”). También están entre los drones de próxima generación los considerados robots voladores, dotados de más altas capacidades de inteligencia artificial (AI), los cuales necesitarán menos de controladores y pilotos humanos, y podrán tener autonomía para tomar decisiones por su cuenta.  Quizás lo que debamos buscar anticipar, y ojalá controlar, son los alcances de la AI y no los de los objetos voladores.  

En 1942, el autor de ciencia ficción Isaac Asimov en su obra “Runaround” sugirió tres leyes para la robótica: (i) Un robot no puede herir o permitir que un ser humano sea herido; (ii) un robot debe obedecer las órdenes dadas por seres humanos, excepto cuando se entre en conflicto con la primera ley; y (iii) un robot debe siempre proteger su existencia a no ser que entre en conflicto con la primera y segunda ley.  

¿Deberían las empresas, científicos, países y los diseñadores de políticas considerar incorporar estas leyes de Asimov siempre en los proyectos de inteligencia artificial?

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