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Opinión

  • | 2019/10/30 00:01

    De cómo la Ocde predijo las elecciones del domingo

    La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos nos dio los resultados antes de las elecciones.

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Todas las encuestadoras se equivocaron. Pareciera que los astrólogos o quizás las pitonisas pudieran ser más acertadas, y seguramente mucho menos costosas, no solamente para las campañas, pues cada una contrata una firma para que realice sondeos de opinión, sino también para los noticieros y en general a los medios de comunicación quienes sin duda alguna deberían ser indemnizados. También los ciudadanos, pues esto suscita desinformación, lo cual repercute directamente en la intencion de voto.

Sorprendentemente, los únicos que acertaron fueron los de la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). La semana pasada vinieron a Colombia, justamente para hablar de mediciones y de bienestar. Su diagnóstico está directamente ligado a las protestas sociales que padecemos los latinoamericanos, así como a las elecciones.

Retomando una reciente columna de Jeffrey Sachs para Project Syndicate “perdiendo el contacto con el sentimiento público, funcionarios en París, Hong Kong y Santiago no anticiparon que una acción política aparentemente modesta (un aumento del impuesto al combustible, un proyecto de ley de extradición y precios más altos del metro, respectivamente) provocaría una explosión social masiva”.

Esto es justamente lo que está sucediendo en todo el mundo, pues hay un inmenso malestar de la población con varios de sus gobiernos. Si bien es cierto que hay cosas que el dinero no puede comprar, y que para todo lo demás existe Mastercard, cerca del 31 % de la población adulta mundial aún no se encuentra bancarizada de acuerdo al Global Findex del Banco Mundial. Más de 1700 millones de personas no tienen inclusión financiera el cual es un primer paso para salir de la pobreza. Muy probablemente, la mayoría de ellos nunca podrá tener una Mastercard.

Un mayor nivel de ingresos eleva los niveles de bienestar. Esto se prueba a través de Informes como el de la Felicidad Mundial, publicado este año por la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible para Naciones Unidas. Este informe revela que los países más felices son en su orden:

  • Finlandia
  • Dinamarca
  • Noruega
  • Islandia
  • Países Bajos
  • Suiza
  • Suecia
  • Nueva Zelanda
  • Canadá
  • Australia

Un factor determinante para la felicidad de sus habitantes son los niveles de igualdad y de equidad. A pesar de que en estos países sus ciudadanos padecen unos inviernos extremos, y se ven cada vez más afectados por el cambio climático, no comen tan bien como en París (no tienen tantos restaurantes con estrella Michelin), lo cierto es que más allá de los ingresos son determinantes los altos niveles de igualdad que gozan estas democracias.

Si la evaluación de bienestar se centrara solo en el nivel de ingreso, Luxemburgo, que tiene la renta per cápita más alta del mundo (115,200 dólares), Catar (72,680 dólares), Estados Unidos (65,060 dólares) o Singapur (62,980), deberían estar dentro de los más felices. Si bien también lo son, no están en el top 10 de felicidad, pues esta no solamente se refiere al ingreso, sino a factores tales como libertad, confianza, esperanza de vida saludable, apoyo social y generosidad. La felicidad es multidimensional, y es a eso a lo que deben apuntalar las políticas públicas. Este enfoque multidimensional debe procurar ser congruente con la Agenda 2030. 

Ahora bien, regresando a las ciudades-protesta, de acuerdo con el profesor Sachs los ingresos en Hong Kong, París y Santiago son buenos, de hecho, en Santiago se tienen los más altos de América Latina. Sin embargo, su población está lejos de estar satisfecha.

Los ciudadanos no se sienten incluidos, lo cual genera una desconexión muy grande entre ellos y sus gobiernos. Asimismo, derechos de cuarta generación, como lo son el acceso a la informática, al acceso a la sociedad de información en condiciones de igualdad y no discriminación, la autodeterminación informativa y la seguridad digital, también hacen que los ciudadanos sientan cierta orfandad, pues los Estados contemporáneos apenas empiezan a desarrollar legislaciones al respecto. El internet de las cosas, el big data y la inteligencia artificial van más rápido que la construcción de políticas en torno a ellas. 

La Ocde, en su informe de Perspectivas económicas de América Latina, señala cuatro trampas fundamentales para la región: productividad (afectando directamente a las Mypimes), vulnerabilidad social (en especial la clase media vulnerable que representa el 40 % de la población, que podría regresar a la pobreza), institucional (caída de confianza y de satisfacción en las instituciones lo cual merma la participación electoral y el pago de impuestos) y la medioambiental (el uso intensivo de recursos naturales y materiales pueden llevarnos a una dinámica insostenible desde la perspectiva ambiental y económica). 

Si observamos detenidamente las cuatro trampas, estas se traducen claramente en los resultados electorales del domingo. La desconfianza en las instituciones, así como una preocupación ambiental latente en especial por parte de nuevos votantes, millennials y centennials, hacen que aumente la votación de grupos políticos como los verdes. Los altos índices de corrupción (que viene acumulada de administraciones anteriores), hacen que la gente no vote o lo haga por movimientos políticos distintos a los tradicionales. Por todo lo anterior, se puede inferir que la Ocde predijo las elecciones del domingo, pues estas cuatro trampas, así como la necesidad de indicadores adecuados para medir las necesidades de la población se traducen en los resultados electorales que todos conocemos.

Una mayor inclusión, es lo que están pidiendo los colombianos y franceses, así como nuestros hermanos ecuatorianos y chilenos.

De acuerdo con Mario Pezzini, director del Centro de Desarrollo de la Ocde y de Martine Durand, Directora y Jefa de Estadística en la Dirección de Estadística , “ La paradoja latinoamericana nos recuerda una realidad importante: el proceso de desarrollo es un fenómeno multidimensional que impacta la vida de las personas de diferentes maneras con base en diferentes contextos sociales. Por lo tanto, a medida que el número de países que integren el concepto de bienestar en la formulación de políticas nacionales—y cuyo principal medio para lograrlo sea el crecimiento incluyente y sostenible—aumente, mayor importancia cobrará la recolección de indicadores del bienestar propios y el seguimiento periódico sobre el progreso emanado de los mismos. Lo anterior será de particular utilidad en la identificación de opciones y compromisos políticos.”

Mayor bienestar reclaman los pueblos latinoamericanos.

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