Opinión

  • | 2019/02/27 00:01

    ¿Debería su empresa tener una cultura de innovación?

    Tener una cultura de innovación no necesariamente asegura resultados. Comprenda los escenarios que definen esta decisión

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Las empresas han sido creadas para generar valor y en esa búsqueda por crear valor, la innovación se plantea como un poderoso camino que, a través de la transformación de prácticas, oferta o mercados, busca alcanzar resultados diferentes.

Curiosamente, en el vasto universo de la innovación, se habla de métodos, procesos y estrategias que habilitan la consecución de estos resultados, pero también se busca desesperadamente construir culturas de innovación que apoyen dichos procesos. Según Cris Beswick, una cultura de innovación es la combinación de estilos de liderazgo, valores, actitudes y prácticas organizacionales que posibilitan la innovación. La pregunta es: ¿Se necesita realmente de una cultura de innovación para innovar? Eso depende.

La respuesta se encuentra en el tipo de objetivos que se buscan alcanzar, de ahí la importancia de contar con una estrategia claramente definida y con unos focos estructurados que permitan identificar a qué se le va a apostar y los presupuestos que se van a destinar para ello. Así, cuando lo que se busca es alcanzar eficiencias operacionales a lo largo de la organización, y con apuestas que impliquen bajo riesgo y demanden pocos recursos, crear culturas alrededor de la mejora continua es siempre una buena idea. Esto permitirá contar con un gran número de colaboradores identificando oportunidades de mejora constantes, pues muchas de estas seguramente se harán visibles con las actividades del día a día.

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Así mismo, cuando se buscan esfuerzos colectivos que permitan mejorar la ventaja competitiva y fortalecer el foco en el cliente, tener una cultura de innovación puede ayudar a identificar ideas, pero no necesariamente se verá reflejada en la consecución de resultados. Este ejercicio, por lo general, estará en manos de equipos multidisciplinarios que no necesariamente integran a personas de todos los niveles organizacionales, aunque sí deben contar con una representación de diversas áreas. Pero ojo, el que no exista un esfuerzo significativo de transformación cultural, no implica que no se deban contar con equipos ágiles, flexibles, con capacidad para colaborar y con una alta tolerancia a la incertidumbre. Lo importante aquí es que estos equipos tengan el apoyo organizacional para sacar los nuevos proyectos adelante.

Ahora, cuando lo que se quiere es alcanzar innovaciones disruptivas que cambien las reglas de juego del negocio, enfocar los esfuerzos en la consolidación de una cultura de innovación no es una decisión acertada. Las innovaciones disruptivas plantean transformaciones profundas, que van mucho más allá de las actividades core del negocio, con un alto foco estratégico. Por esto, no es necesario involucrar a toda la organización en el proceso, pues este ejercicio debe definirse principalmente desde el equipo directivo.

Lo anterior no quiere decir que invertir en la formación de habilidades o en la estructuración de retos y sesiones de ideación focalizada no sea importante, pues todas cumplen un rol fundamental en diferentes etapas del proceso. Sin embargo, hay que ser estratégicos a la hora de definir nuestro accionar, para que antes de decidir crear un sistema robusto que movilice la innovación, se logren alcanzar victorias tempranas que permitan rápidamente ganar adeptos. Aun así, emprender este camino requiere de una mentalidad adaptable, colaborativa e inteligente que haga posible enfrentarse a la ambigüedad, resistir la frustración y experimentar sin morir en el intento.

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