Opinión

  • | 2019/03/07 00:01

    Cultura para emprender y plan de vida: fórmula del emprendimiento sostenible

    Si bien lo que valida a un emprendimiento sostenible es la generación de impactos ambientales, sociales y económicos, el punto de partida trasciende las estrategias y se sustenta en el ser: la persona como centro y columna vertebral del emprendimiento.

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Reconozco de entrada que el título de mi columna es muy reduccionista y minimalista. La fórmula para desarrollar emprendimientos sostenibles en Colombia contempla muchas más variables (que abordaré en las siguientes columnas, cada jueves). Sin embargo, quiero concentrarme en esta ocasión en dos aspectos: la cultura de emprendimiento y el plan de vida del emprendedor.

La razón por la cual empiezo con estos dos factores es porque, para mí, según lo que voy aprendiendo desde hace ya 12 años de trabajo en el sector del desarrollo empresarial sostenible, si bien lo que valida a un emprendimiento sostenible es la generación de impactos ambientales, sociales y económicos (a partir de una estrategia), el punto de partida trasciende dicha estrategia y se sustenta en el ser: la persona como centro y columna vertebral del emprendimiento.

Hasta el momento, estoy reinventando la rueda y no he dicho algo que usted como lector(a) experto o emprendedor(a) no sepa. No obstante, por ser algo tan obvio, termina siendo desestimado por parte de los mismos emprendedores, la academia e incluso (asumiendo el riesgo de recibir críticas), de la misma institucionalidad y los medios de comunicación.

Han sido cientos los emprendedores que he visto tirar la toalla al cabo de algunos meses por diversas razones. Pero resalto especialmente tres motivos muy característicos de nuestro entorno cultural y que inciden en el momento de dejar todo a un lado y no querer levantar la toalla para seguirla luchando: 1) el poder de la influencia en la toma de decisiones para emprender; 2) la inexistencia de la internalización del vínculo entre mercado, innovación y plan de vida; 3) el pensamiento corto-placista.

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La influencia en la toma de decisiones aceleradas

Las tendencias tecnológicas y de consumo que día a día surgen en el mundo, terminan permeando la mente de los emprendedores por medio de canales como las redes sociales, las conferencias, la academia, las notas de prensa y los programas públicos o privados. Lo positivo es que este es un gran insumo para inspirar las ideas y las decisiones de emprendimiento. No obstante, y hablando sobre cultura de emprendimiento, esta información termina convirtiéndose en un tsunami de “vicentes que van para donde va la gente” y que puede conllevar a que emprendedores (tecnológicos, agropecuarios, de servicios, sociales, etc.) terminen embarrándola, más que acertando en su decisión de emprender.

Lo veo en las zonas rurales en donde corre el rumor de que X o Y producto agrícola está rentando bien y sin estudio previo de mercado terminan los agricultores engüesandose con un producto que se encuentra en el mercado en sobre oferta y a precios bajos. Lo veo también con el boom de las apps por doquier en donde la motivación por emprender estuvo dada por la presión influenciada por el mismo boom, más que por la intención de resolver una necesidad insatisfecha.

Este reto es fácil de abordar si el freno de mano se activara por un momento y se tomara un respiro para pensar, analizar (las necesidades y el mercado, por ejemplo) y generar conclusiones más acertadas. No obstante, las velocidades con las que el boom del emprendimiento y la información han arropado nuestra sociedad, hacen difícil que los jóvenes (sobre todo), llenos de ímpetu, energía pero algunos carentes de estrategia, le pongan freno a sus decisiones. Estoy convencido de que en ello debemos trabajar como ecosistema de emprendimiento un poco más.

Vínculo entre el mercado, la innovación y el plan de vida

La diferencia entre un negocio y un emprendimiento sostenible radica en que el primero refleja la monetización de una transacción favorable para el emprendedor, mientras que el segundo, refleja la realización de un proyecto de vida que resulta en uno o varios negocios igualmente favorables para el emprendedor. Habiendo hecho esta caracterización, es necesario seguir fortaleciendo los esfuerzos propios (de los emprendedores), formativos e institucionales para que aquellos que decidan emprender lo hagan sobre la base del cumplimiento de un propósito, más no únicamente por la búsqueda de uno o varios negocios.

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Esto, aunque romántico o gaseoso, es esencial para enfocar recursos y energía en el momento de promover el emprendimiento sostenible. En otras palabras, no hay un emprendimiento más sostenible que aquel en el que un emprendedor desarrolla su propósito de vida por medio de un proyecto que le signifique buenos negocios.

El plan de vida no puede desbordarse como nuevos vicentes enceguecidos por la pasión. Es decir, la pasión por emprender, a partir de un propósito definido, también debe ir atado a un mayor trabajo de análisis de mercado e innovación. Al respecto, veo en varios emprendedores sociales muchas ganas por generar impacto gracias a su pasión, pero con bajos niveles de estrategia que les permita aterrizar esas ganas de transformación en productos o servicios que se transformen en negocios.

También lo veo en programas de desarrollo rural en donde las apuestas de emprendimiento son más impuestas por agentes externos (ejemplo: asociar a 50 productores de una fruta sin haberse cuestionado siquiera si ser cultivador de fruta hace parte de su plan de vida o no). En particular en este tipo de emprendimientos comunitarios o solidarios, necesitamos fortalecer los esfuerzos por generar emprendimientos autoimpuestos gracias al balance que existe entre “saber, poder, querer, ser”. Falta aún mucho camino por recorrer en este aspecto.

Corto-placismo

Lo menciono en esta columna, más sin embargo, hago la anotación que con este tema continuaré mi seguidilla de columnas el próximo jueves. Este aspecto merece un aparte particular dentro del análisis de cultura para el emprendimiento.

¡Hasta pronto!

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