Opinión

  • | 2018/04/10 00:01

    Crónica de un suicidio pensional

    El desconocimiento sobre los temas financieros hace que algunas personas atenten contra sus propios intereses. En el fondo de garantía de pensión mínima abundan ejemplos.

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Juan Fernando Plazas tuvo épocas malas, regulares y buenas en el campo laboral. De esas vicisitudes logró, a los 64 años, cotizar durante 1190 semanas (casi 23 años) y ahorrar $90 millones en su cuenta de la AFP. Ya era de disfrutar de su pensión. Se daría por bien servido con un ingreso mensual de $2 millones, el equivalente a 2,5  salarios mínimos. 

Fue un café amargo el que se tomó en una oficina de su AFP. El señor Plazas escuchó, por primera vez en la vida, sobre el concepto de renta vitalicia. Él, quien no tenía hijos y estaba casado con una mujer 7 años menor, no contaba con los recursos suficientes para recibir una pensión de un salario mínimo. Debía haber ahorrado $240 millones para ese efecto, mientras que para los $2 millones que quería inicialmente, necesitaría $505 millones. Sin embargo, como había cotizado más de 1150 semanas, accedería al Fondo de Garantía de Pensión Mínima (FGPM) y podría recibir una pensión equivalente a un salario mínimo. Eso era lo que afirmaba el asesor que le había ofrecido el café.

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Resulta que todas las personas que están afiliadas al régimen de ahorro individual con solidaridad, el de los fondos de pensiones, aportan un 1,5% del ingreso base de cotización para alimentar el FGPM. Actualmente hay una bolsa con $19,2 billones. De allí saldrían los $150 millones que le hacían falta a Juan para completar el capital necesario para una pensión de un salario mínimo. Juan Fernando, sin haberlo notado, recibiría una transferencia de parte de todas las personas que en algún momento cotizaron a una AFP.

Pese a la positiva noticia, la ira se apoderó de Plazas. Además de arreglarlo con una pensión menor a la esperada, le estaban informando que no podía llevarse sus $90 millones e invertir en un negocio que, en sus propias palabras, “le generaría mucho más que un salario mínimo”. El único camino legal para que le hicieran la “devolución de saldos” era probar que tenía otros ingresos. Justamente eso era lo que iba a demostrar, así tuviera que acudir a certificaciones falsas, para “recuperar” sus ahorros. Iba a renunciar a un subsidio de $150 millones.

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Epílogo de varias historias

Descripciones similares se repiten todos los días en las oficinas de las AFP. Personas, con expectativa de una mejor pensión, son incapaces de proyectar el beneficio de recibir mensualmente un monto de dinero por más de 20 años que, adicionalmente, le cubra la afiliación a salud, gastos funerarios y proteja a sus sobrevivientes.

Algunos pierden la malicia indígena y certifican otras fuentes de ingreso. Se olvidan de que pueden asegurar una renta por el resto de su vida, accediendo a un subsidio. Peor aún, creen que estarán exentos de malas inversiones. ¿Qué pasaría con el señor Plazas si desperdicia sus $90 millones?

Otros acuden a un juez para que les apliquen la devolución de saldos. Paradójicamente, ciertos jueces, desconociendo asuntos técnicos, omiten que la seguridad social es un derecho irrenunciable. Por eso aceptan pretensiones que vulneran a los mismos ciudadanos, quienes, sin saberlo, optan por un suicidio pensional que vulnera su bienestar y patrimonio futuro.

Las tareas

Independientemente de otros ajustes a la seguridad social es imperativo revisar el funcionamiento del FGPM, defendiendo a las personas de sí mismas y facilitando las condiciones de acceso a este esquema de solidaridad. En el mismo sentido, resulta fundamental ampliar la cultura previsional del país. Algunos sostendrán que el Estado no debe intervenir en asuntos que no le afectan, porque eso corresponde a la esfera privada. Ellos serán los mismos que exijan protección cuando Juan Fernando haya perdido sus ahorros.

Entretanto, sería deseable que los candidatos a la presidencia fijaran posturas concretas sobre algunos “pequeños problemas” del sistema pensional. Enumero algunos: seguro previsional, FGPM, bonos pensionales que difícilmente se pagan, estabilidad jurídica, pensiones de sobrevivencia, idoneidad de los agentes comerciales de las AFP y mercado de rentas vitalicias.

Adenda. Casos como el del señor Plazas son dignos de una tesis de grado, alineada con los hallazgos de Richard Thaler. El sesgo del presente hace que se ignore la promesa creíble de un subsidio periódico futuro (los recursos del FGPM ahí están).

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