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Opinión

  • | 2020/03/16 09:09

    Coronavirus: globalización e inequidad

    El origen del coronavirus (covid-19) y su rápida expansión, gracias a un mundo globalizado, interconectado y con menos fronteras de tipo mural, nos recordó que estamos a merced de la naturaleza, que somos una especie más débil de lo que pensamos.

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Todos estamos expuestos. Con el covid-19 compruebo la importancia que tiene el cuidado y la salud de mi cuerpo, pero no basta, necesito que otros cuiden el suyo. Igual ocurre con la protección de los lugares donde vivimos, los animales del entorno y, sobre todo, con la tierra, este no es un problema entre nacionales, es un problema global. La propagación de la enfermedad demuestra que en escenarios como este no hay distinción entre ricos y pobres, entre personas con mayor o menor educación, entre quienes tienen más o menos acceso a recursos para cuidar su salud y sus cuerpos. 

Esta vez el miedo y la desconfianza la generan los habitantes y los sistemas de salud de los países ricos. El origen del covid-19 fue en una gran ciudad, Wuhan en China, luego pasó a otros lugares del mundo, hoy no sabemos con exactitud si, como algunos afirman, los gobiernos de Italia o España fueron o no descuidados al comienzo de la pandemia. 

El covid-19 y su forma de transmisión nos asusta porque somos seres sociales: nos encontramos en todas partes, en el transporte masivo, en los aviones, en las aulas de clase, en las empresas, en los supermercados, en los restaurantes, en las iglesias y en el cine; viajamos, otras veces vamos a los aeropuertos o a los terminales de transporte a recibir o a despedir al amigo, al familiar y allí expresamos toda clase de emociones que se reflejan en besos, abrazos, carantoñas y hasta la tradicional cogida de manos para saludarnos o despedirnos, igual ocurre en cualquier otra reunión o encuentro. Ahora nos dicen que no, que todo está mal: ni besos, ni abrazos, menos cogidas de manos, saludos a distancia y mejor si nos quedamos en casa para no encontrarnos. Duro ¿verdad? 

En el mundo interconectado y globalizado el coronavirus llegó en menos de tres meses a ciudades como Buga, Neiva y Bello, con seguridad ya había pasado por Bogotá y Medellín, dejando su estela de contagios. ¿Quién lo va a creer? Venía de ciudades maravillosas como París, Milán, Madrid o Barcelona, a Bogotá el covid-19 no llegó como se podría suponer de África o de nuestra costa pacífica.      

Ahora bien, la situación para Colombia no es fácil. Este es un país donde la informalidad y el rebusque ocupan a cerca del 50 por ciento de los trabajadores. Siguiendo datos del Dane, más de 4 millones de personas salen de sus casas, todos los días, a conseguir los ingresos diarios para su subsistencia y la de sus familias. ¿paremos el país 15 días? También, 8 millones de niños y adolescentes asisten a la escuela pública, en parte por el estímulo que produce el hecho de contar con alimentación escolar; en algunos casos los padres, de manera especial las madres cabeza de hogar, buscan un colegio-guardería, donde dejan sus hijos, para que reciban educación, alimentación y cuidado, mientras ellas trabajan en el mundo de la informalidad. 

Resulta sencillo proponer parar el país. Decidir, por ejemplo, que no lleguen a Cartagena y Santa Marta los grandes cruceros con miles de pasajeros, y por supuesto de dólares. Con seguridad los empresarios del sector turísticos ajustarán costos y plantas de personal; menos empleo formal y de paso menos oportunidades para los informales. Un taxista cartagenero me confesó que con la comida que tiene almacenada en su casa y un muy pequeño ahorro subsistirá máximo cinco días, según él amarrándose el cinturón al máximo. Este fin de semana bajaron los ingresos para los taxistas en Cartagena, esta y la próxima semana serán más duras, luego se encontrarán con Semana Santa. ¿Quiénes viajarán a Cartagena? 

Los efectos económicos del coronavirus se sentirán y serán adversos. ¿A quién le importarán los 5,62 millones de trabajadores informales, que representan al 48% del total empleo en Colombia? Según el Dane,  la proporción de informalidad en ciudades como Cúcuta alcanza el 70,1%, así mismo sucede en Sincelejo (67,5%), Riohacha (64,2%)), Santa Marta (63,1%), Valledupar (61,3) y Montería (60,6%). De nuevo los más pobres, los que tengan mayores problemas de salud y tengan peor calidad de vida serán los más afectados

Esta semana no habrá clases en la educación básica y media, el Gobierno cerró el sistema educativo, medida más que justificada, 10 millones de estudiantes sin ir al colegio. Para los más pobres, aquellas personas que se ganan la vida en la informalidad esto implica un nuevo problema: ¿Con quién dejarán sus hijos? Además, ellos gastarán más, perderán la alimentación escolar y algunos niños sin ningún tipo de educación, el sistema educativo no estaba preparado, excepto un esfuerzo inicial en Bogotá. Una investigación de la Universidad Javeriana demostró que el 63% de los estudiantes en educación media de colegios públicos no tiene acceso a internet ni computador en su hogar, caso distinto al de Bogotá, donde el 68% de estudiantes de bachillerato sí tiene acceso a internet. Más grave, el 96% de municipios del país no podrían implementar lecciones virtuales en colegios oficiales. 

Sin duda, los informales, los más pobres, de manera especial los adultos mayores y los niños la pueden pasar muy mal, se requiere la solidaridad humana y gobiernos que actúen en favor de quienes tienen menores ingresos para subsistir, durante los ocho o quince días que el país se paralice por culpa del covid-19. También, se requiere liderazgo, respeto por las decisiones del Ministerio de Salud y del Instituto Nacional de Salud, pero sobre todo solidaridad y responsabilidad humana, hasta el sacrificio, para salir de la crisis. Claro, todo sería más fácil con mayor educación, más ciudadanía universal y menos inequidad entre Estados, así como entre los habitantes de cada país. Volvemos a las fronteras, en el mundo globalizado en cada país primarán las prohibiciones y el defiéndase como puedan. Humano, demasiado humano. 

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