Opinión

  • | 2018/05/23 00:01

    Contigo EPM

    La tragedia de Hidroituango es ante todo una lección de lo que sucede cuando se cuenta con una cultura organizacional sólida.

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Las circunstancias ocurridas con Hidroituando en las últimas semanas son sin duda lamentables. La zozobra ante los fenómenos naturales, los desplazados e incluso las pérdidas económicas generan un sentimiento de impotencia y de nostalgia al mismo tiempo, por una gran obra de ingeniería que esperando reconocimiento ha recibido todo tipo de críticas.

Sin embargo, mi objetivo hoy no es el de señalar culpables, de hablar de malas prácticas en ingeniería o entrar incluso a discutir los errores que se han dado en las comunicaciones entre miembros del Gobierno, como ya muchos se han encargado de hacerlo. Por el contrario, quiero resaltar la prudencia y efectividad de EPM para responder ante la crisis. Pero sobretodo, me siento personalmente movida por las manifestaciones de afecto y la unión de las manos de los colaboradores de esta empresa que con orgullo ratifican mantener la fe en EPM.

No son muchas las oportunidades en las que los empleados de una compañía se unen para darle una voz de aliento a su gerente para que no desfallezca ante la presión o las veces que una ciudad entera se moviliza para apoyar a aquellos que con largas horas de trabajo buscan responder a tiempo para proteger la vida de otros. Eso solo se logra cuando se tiene una cultura sólida que no solo demuestra que la unión hace la fuerza, sino que la resilencia emerge como el mejor signo de compromiso, de pertenencia y de amor. Eso solo lo logran aquellas organizaciones que más allá de representar un trabajo, se convierten en una familia.

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Lo anterior es una validación de que “ponerse la camiseta” va más allá de cumplir con la responsabilidad porque es lo adecuado; “ponerse la camiseta” es el resultado de la motivación intrínseca y la pasión que se tiene por lo que se hace. Por eso invertir en la construcción de una cultura sólida siempre será una buena inversión, pues aunque el retorno pueda no ser tan evidente, siempre resulta ser la salvación cuando más se requiere del compromiso.

Cuando los errores, fracasos y tragedias ocurren, las decisiones que toma la empresa en los momentos de dolor son los que determinarán la velocidad y fuerza de la recuperación. Esto solo se logra reconociendo los errores, pero también requiere de humildad para demostrar nuestra propia vulnerabilidad ante los demás y coraje para admitir que hemos fallado frente a nosotros mismos. Lo más importante aquí es la acción que se lleva a cabo después de la honestidad, pues siempre nos arrepentiremos, no de lo que hacemos, sino de lo que dejamos de hacer.

El valor radica en aprender a ver el fracaso como oportunidad de aprendizaje, pues en los entornos donde es seguro hablar de los errores, es más probable que la gente dé cuentas de estos, pero también es menos probable que se equivoquen de nuevo.

Nuestra verdadera esencia se demuestra cuando enfrentamos situaciones que se salen del curso normal y esperado de las cosas, y esto aplica tanto para las personas como para las empresas. Por eso hoy no solo siento más respeto y admiración por EPM. Así mismo, envío luz a las poblaciones afectadas y mi apoyo a EPM. Unámonos desde el positivismo y la esperanza, no desde la crítica discriminada, pues esta no construye, pero sí es mucho lo que destruye.

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