Opinión

  • | 2018/11/22 00:01

    La lucha contra el cambio climático requiere mejores instrumentos de comunicación

    Recientemente vi uno de los memes más geniales que haya visto últimamente: “La gente se tomó más en serio la profecía Maya del fin del mundo en el 2012, que la advertencia de la ONU sobre qué pasará en el 2030 si no cambiamos nuestro estilo de vida a uno más sostenible”.

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Y es que esta sátira refleja qué tanto o qué tan poco le importa a la persona “de a pie” el tema del cambio climático. Puede que sea su amigo, colega, su prima,  su expareja, su socio o su alumna, el grueso de las personas no tienen ni idea, no se dan por enteradas, no se interesan o simplemente, no dimensionan lo que va a suceder si no actuamos como un todo social para hacerle frente al calentamiento global por medio del cambio de nuestros hábitos de consumo y de producción.

En resumen, enunciados como el del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU, pasaron de agache. Pero, ¿por qué?, ¿por qué nos interesa tan poquito este tema? Acaso enterarse, preocuparse y actuar para limitar el cambio climático en los próximos 12 años con el objetivo de evitar catástrofes locales, nacionales y globales como la pérdida de especies, de agua, migraciones y desplazamientos ambientales, etc., etc., etc., ¿no es acaso un tema que debería interesarnos tanto como el mundial o los realities?

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¿Será que estamos tan maniatados por los memes, la rosa de guadalupe, las noticias tóxicas que no generan valor alguno, la vanidad de los selfies propios y la observancia de las vidas felices de los otros mostradas por medio de las redes sociales que no hay tiempo o campo para enterarnos de lo importante o lo urgente?

Esta pregunta me consume los sesos. Este artículo es corto porque quiero ir al grano. La razón por la cual el 75,11% de los colombianos se sientan poco informados sobre el fenómeno del cambio climático, o que el 80% no comprenda siquiera el concepto de “gases de efecto de invernadero” (según datos del IDEAM, 2017), significa que debemos mejorar todos la manera como le estamos llegando a las personas.

Significa que si bien el dinero, las tecnologías y las políticas públicas son importantes, solamente llegan a hacerse legítimas en el momento en el que ellas se detonen y dejen de ser papel inerte o meras intenciones. Algo debe estar fallando en la comunicación. Algo debe estar faltando para que todos, llámense inversionistas, emprendedores, estudiantes, madres y padres de familia, administradores del poder, católicos, cristianos, deportistas o bailarines, estemos tan apartados de una realidad que nos afecta a todos.

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Una comunicación mejor pensada, más emotiva, mucho más diseminada y mejor orientada, permite sensibilizar mejor, generar conciencia entre quien consume la información, contribuye a transformar percepciones sobre lo que es importante y lo que es urgente, logra aumentar la comprensión de las oportunidades que ofrece la lucha contra el cambio climático y finalmente, promueve la acción.

La lucha contra el cambio climático empieza por luchar contra la información distractora en la que nos ha sumido el uso de las redes sociales, de la farsándula, del chismorreo de la vida del otro a costa de dejar de vivir la vida propia. Y no es un llamado a mamertizar ni las redes sociales, ni la TV, ni la radio, ni el día a día, pero sí a balancear la información que estamos produciendo y consumiendo.

O nos interesamos más, o simplemente revivamos el presagio maya unos años más hacia el futuro.

¡Escucho ideas!

¡Hasta el próximo jueves!

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