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Opinión

  • | 2020/05/18 00:01

    Reestructuración económica y comercial: nuevos retos

    Estabilizar la economía y cambiar el rumbo de la recesión económica que se avecina no es tarea fácil. Es muy probable que la pandemia del coronavirus deje un impacto duradero en la estructuración económica mundial y, por supuesto, en el comportamiento del consumidor.

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Aunque la covid-19 registra, por ahora, una tasa de mortalidad mucho menor en comparación a epidemias como el ébola y el síndrome respiratorio de oriente Medio (MERS), el rango de contagio no para de ampliarse. A pesar de todas las medidas adoptadas por diversos gobiernos, gran parte de la población aún no es realmente consciente del impacto que esta nueva epidemia puede tener si no se cumplen las restricciones y recomendaciones.

Entre más resistencia se ponga, la crisis a nivel social y económica se va a profundizar mucho más. En Colombia, hemos dado pequeños pasos en torno a la reapertura de varios sectores de la economía, pero si no se procede con el cuidado y las medidas de protección necesarias, solo es cuestión de tiempo para que vuelvan a clausurar estos sectores.

Este mismo panorama se está experimentando a nivel global. Por ahora, el impacto económico del coronavirus tendrá un potencial significativo por su expansión a nivel geográfico, nivel de contagio, una economía mundial frágil, y el impacto de China en esta situación. Y en esto no se ha contemplado el número de casos no reportados. La situación es realmente grave.

Según estudios publicados de Euromonitor, ante los riesgos externos que la economía global enfrentó desde el inicio del 2020, el pronóstico del crecimiento para el mundo se ubica por lo pronto en -3,1%. La Eurozona y Estados Unidos serán las dos regiones con la mayor caída en su producto interno, con un -7,2% y un -5,8%, respectivamente.

Incluso, se ha comprobado que la covid-19 afectará a las economías de una manera diferente y mucho más profunda que la crisis financiera de 2008. Y no olvidemos los estragos y obstáculos que terminaron en una fuerte caída productiva. La gran recesión de 2008 impactó al PIB Mundial con un desplome de cerca de 5,5 puntos porcentuales, mientras que el gran encierro, producto de esta nueva pandemia, lo hará caer en casi 7 puntos.

Asimismo, de crisis pasadas es posible sacar algunas lecciones aprendidas. Por ejemplo, la incertidumbre sobre la recuperación futura y los shocks financieros son criterios que pueden exacerbar la crisis. También es importante considerar dentro de los marcos de acción de gobierno el tiempo que suele llevar la recuperación en la producción a largo plazo, la productividad y los hábitos de consumo. No es fácil volver a los patrones y tendencias pre-pandemia.

Previo a la propagación de este virus, la incorporación de capacidades impulsadas por tendencias tecnológicas como la inteligencia artificial o algo más cercano con el desarrollo de aplicativos móviles, se empezaron a considerar como estrategias de largo plazo. Ahora, al elegir el autoaislamiento y la necesidad de compras sin contacto, que se consideraba como opciones a largo plazo, es casi que un mandatorio justo, en la medida de las posibilidades de quien lo puede hacer.

De igual forma, muchas marcas del sector entretenimiento deben identificar fragmentos de contenido muchos más útiles, ante una tendencia en que el consumidor espera más contenido en menos tiempo. No obstante, esta tendencia no se restringe únicamente a este sector ante otros patrones más generales, como la búsqueda de periodos de atención más cortos buscando algo más personalizado, y de canales al alcance y más atractivos.

En términos de movilidad, hemos pasado también de sentirnos en libertad, hasta llegar al punto de congestionar miles de ciudades en el mundo, a tener un movimiento más limitado con leves momentos en los que nos es posible movilizarnos, pero con una cautela mucho mayor. En muchas ciudades capitales de Colombia, la cautela era patrocinada por la alta inseguridad; ahora, se le suma una crisis de salud pública.

Nuestros hogares se han convertido en nuestro refugio de toda la incertidumbre que ronda afuera. Se han convertido, para muchos, en la nueva oficina para trabajar a distancia de una manera más segura. La exploración del trabajo remoto se ha vuelto crucial y solo tenemos la posibilidad de socializar virtualmente con nuestros colegas. El hogar se ha convertido en el centro, y ámbitos como el laboral se han tenido que adoptar a este.

Así, una de las tendencias más marcadas del consumidor hasta en el mediano plazo será el cuidado personal en la medida que crea una nueva normalidad. Algunos esperan una estimulación para adoptar prácticas responsables, pero en un escenario en donde, por ejemplo, día a día nos enfrentamos a desechar millones de tapabocas, guantes, toallas desechables y envases de plástico (de alcohol, gel antibacterial) pensar en un consumo responsable está muy lejos de la realidad.

De hecho, una de las tendencias analizadas y que va en picada en la revolucionara tendencia de la reutilización. En muchas economías avanzadas la regla de reducir, reutilizar y reciclar estuvo presente en muchos discursos de marca; incluso discursos gubernamentales. La ansiedad por el abastecimiento y ser más limpios que “verdes” puso en una mala proyección a estas prácticas responsables. Se espera que a largo plazo la tendencia por productos reutilizables se recupere poco a poco.

Por ahora, no tenemos mejor opción (ojalá temporal) que lidiar con esta disrupción. Como se mencionó, en el mediano plazo estaríamos retornando a una nueva normalidad, pero jamás será como antes. A largo plazo, se verán reforzados los discursos frente a la importancia de una planeación estratégica que no pierda de vista el futuro. Estar preparados para múltiples escenarios será primordial.

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