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Opinión

  • | 2020/02/20 00:01

    Clase corta: el principal activo de un emprendedor sostenible

    Un mes después de haber tomado la decisión de emprender, asistí a un taller sobre emprendimiento. El objetivo de la sesión era empoderar a los asistentes con herramientas para identificar y gestionar los recursos que los jóvenes emprendedores tienen para diseñar y desarrollar su idea y modelo de negocio. Rápidamente, me enganché con la sesión porque el contenido me parecía pertinente, oportuno y muy necesario.

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El ejercicio se inició con una pregunta muy general. Nos dieron 15 minutos para discutirla en grupos de tres personas: ¿Cuáles son los siete recursos principales con los que cuenta un emprendedor para llevar a cabo el emprendimiento? ¿Qué responderías tú en este momento?

Bien, tengo aún el papel en donde consolidamos las respuestas de los diferentes grupos y todo se resumió en los siguientes siete elementos, en orden de importancia: 1. Equipo de trabajo. 2. Recursos financieros. 3. Contactos y redes. 4. Proveedores e insumos operativos. 5. Aliados para desarrollar cadenas de aprovisinamiento. 6. Marca. 7. Conocimiento y técnicas.

Posteriormente, hicimos el ejercicio de identificar las actitudes que el emprendedor debe tener para sacar a su organización adelante. La respuesta fue la siguiente, sin orden de importancia: a) Constancia. b) Dedicación y compromiso. c) Liderazgo, carisma y empatía. d)  Disciplina. e) Responsabilidad.

Bueno, salí convencido, aunque no sorprendido, de los resultados de este ejercicio, pues estas respuestas han sido recurrentes en ejercicios similares que había facilitado con otros emprende- dores anteriormente.

A medida que fueron pasando los meses y comenzaba a remar en el día a día del emprendimiento, comprendí que hacía falta otro activo, uno que empecé a valorar mucho más, incluso, por encima de los que hemos mencionado: mi estabilidad emocional

La columna vertebral de todo

Cuando uno decide aventurarse a crear y a desarrollar su organización, debe ser consciente de que pierde algo que se tiene cuando se es empleado (o, al menos, cuando uno tiene un contrato de seis o 12 meses de duración). Esto es la certeza y la estabilidad económica del ingreso fijo.

De igual manera, al decidir emprender, uno se encuentra con la disyuntiva planteada en las siguientes preguntas:

  • Pensar en el hoy: ¿Cómo cubrir las necesidades del día a día, no malgastar los ahorros, tener recursos de supervivencia, responder a las obligaciones adquiridas que no dan espera y empezar a vender? 
  • Pensar en el mañana: ¿Cómo mantener el enfoque, la disciplina, la constancia y la dedicación para lograr materializar el esfuerzo que se ha invertido y la visión de la organización que se proyecta para el largo plazo?

Después de recorrer siete años de trabajo en AISO-Academia de Innovación para la Sostenibilidad, he llegado a la conclusión de que la estabilidad emocional es la columna vertebral que permite ayudar a encontrar las respuestas a las preguntas del hoy y del mañana. Pero, sobre todo, es el sustento de los siete recursos estratégicos y las actitudes que todo emprendedor necesita para desarrollar su modelo de negocio.

La estabilidad emocional depende de muchas cosas y para cada persona puede significar algo completamente diferente. En mi caso, el significado adopta múltiples interpretaciones: contar siempre con un buen estado de ánimo; tener una excusa para reírme; tener una buena relación con las personas cercanas y, sobre todo, rodearme siempre de personas positivas, con ‘buena vibra’ como decimos en Colombia. Confieso que cuando siento que alguien me absorbe la energía, que tiene ‘mala vibra’, que se queja, que siempre busca la culpa y las razones de sus penas en los demás, lo evito.

Es una posición radical, lo sé. Alguna vez, una amiga me dijo que también era un tanto egoísta y lo reconozco. Sin embargo, he aprendido que para que mi rendimiento, mi enfoque, mi proactividad y mi energía estén al máximo, mi estado de ánimo debe estar cargado siempre de manera positiva.

Siempre habrá momentos de tristeza, angustia, desespero, etc., y es inevitable escapar a ellos; sencillamente, hay que asumirlos. En mi caso opto por hacer lo posible por desahogarme y recuperarme rápido. 

De lo que sí estoy seguro es de que si me levanto todos los días con enormes ganas de trabajar es porque el 98% del tiempo estoy con buena energía, con una sonrisa y, especialmente, rodeado de personas con una actitud similar. Eso es algo invaluable. 

(Segmento de mi libro “30 cosas sobre emprendimiento que nadie me enseñó en la universidad”)

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