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Opinión

  • | 2020/11/17 00:01

    Caminamos hacia una era digital polarizada

    El bloqueo constante de las redes sociales de Donald Trump ha creado el efecto contrario. Estas plataformas tenderán a ser espacios menos ‘libres’ y cada vez más divididos.

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Las elecciones de este año en Estados Unidos demostraron que la polarización es el cáncer de una democracia. El debate por el estímulo fiscal, que no se concretó en el Senado de ese país, es un ejemplo de cómo el promedio de dos polos opuestos siempre será cero, un punto muerto en el que alcanzar pactos resulta imposible. 

Y si la polarización es el cáncer, la división en las redes sociales es el síntoma de la expansión de la enfermedad. 

Este año vimos cómo la campaña de Donald Trump fue bloqueada en Facebook y Twitter, donde se borraron sus mensajes y, dependiendo de la plataforma, se los etiquetó de fraudulentos. No pretendo defenderlo, sino explicar por qué estas acciones demuestran que caminamos hacia un mundo cada vez más polarizado.

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Sí, los políticos, no solo Trump, emplean informaciones falsas o verdades a medias para defender sus puntos ideológicos. Todos lo han hecho en alguna ocasión, pero al reducir su voz en un espacio que se considera garante de la libertad de expresión, se obtiene el efecto contrario.

Estos bloqueos fueron uno de los incentivos para la creación de Parler, una red social pensada para el movimiento de derecha que Trump lidera, y que según NBC, desde su creación en junio cuenta con más de 4 millones de usuarios. Esta red dice defender la libertad de expresión y sus usuarios pueden sentirse libres de no ser cuestionados. En la práctica plantea un regreso a los primeros años de Facebook y Twitter, donde era posible hacer ataques y amenazas sin sufrir consecuencias penales.

De hecho, los algoritmos detrás de Facebook ya han construido una burbuja como la que Parler promete: solo le muestran al usuario el contenido que le podría gustar. Otro ejemplo es China, que ya cuenta en sus redes sociales con la capacidad de perfilar a sus ciudadanos y, en una versión más sofisticada, no solo vigila, sino que castiga a quienes cuestionen las políticas del partido comunista. 

La mayor arma de las redes sociales es generar dopamina en los cerebros de las personas para mantenerlas enganchadas. Todas estas plataformas buscan crear esa conexión que, como contamos en nuestro newsletter, deteriora a las democracias frágiles. 

Un arma de la política

Antes de Cambridge Analytica, las redes sociales eran espacios incipientes de participación. Esto cambió en 2007 cuando el equipo de campaña de Barack Obama contrató a Blue State Digital para construir su estrategia.

“El problema era que la mecánica del proceso político estaba desconectada de la pasión y el sentido de impulso de lo que realmente estaba sucediendo”, explicó Joe Rospars, fundador de la empresa, en una investigación publicada en 2009 por la Universidad de Stanford.  

Redes sociales

Comparación de las redes sociales de Obama y MacCain en 2008. Fuente: Social Media 101

Para conectar a la gente con esa pasión que menciona Rospars, la campaña de Obama se centró en contenido para teléfonos móviles, redes sociales, interactividad y newsletters. Agotaron la frase, “ir a dónde va la gente”, y en poco tiempo ya eran un enorme ejército digital que superaba en cifras a su contrincante, John MacCain. Perfeccionaron esta estrategia y ganaron de nuevo en la elección de 2012.

Luego, en 2016, con el uso masivo de cuentas falsas, captura de datos y explotación de la atención de los usuarios, se refinó la estrategia creada por Obama, lo que le permitió a Trump llegar a la Presidencia. Por estos hechos, las cabezas de Cambridge Analytica fueron juzgadas, mientras que a Twitter y Facebook se los cuestionó en el Congreso de EE. UU. 

Puede pensarse que las medidas estrictas que hoy aplican estas plataformas contra contenidos políticos son resultado de la presión que han ejercido las instituciones sobre ellas. Sin embargo, las restricciones a la campaña de Donald Trump indican que, al menos Twitter, carece del poder necesario para aplicar sus propias reglas. En otras palabras, cuestiona a unos, mientras que a otros les permite divulgar aquello que tanto prohíbe. 

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Esa falencia fue criticada en el Senado estadounidense hace unas semanas por el republicano Ted Cruz, quien le preguntó a Jack Dorsey, CEO de Twitter: “¿Quién te ha dado el poder de decidir qué deben ver los estadounidenses?”. La respuesta a esta pregunta no está en la fuente de ese poder, sino en cómo las redes sociales lo han ejercido. El resultado alimenta la idea de que estas sí defienden una visión política.  

Los esfuerzos de Twitter por aplicar sus reglas demuestran que la tensión extremismo-redes sociales nos conducirá hacia una sociedad digital cada vez más polarizada y compartimentada, que para el caso de Estados Unidos se asemejará a la iracunda división que se ha vivido en las calles de este país. 

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