Opinión

  • | 2018/12/07 00:01

    Camerata y el emprendimiento en la música: un desafío naranja que impulsa la educación

    No todos los réditos de emprender significan dinero: pueden significar también educación, cultura y la posibilidad de abrir empleos a capital humano especializado.

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Colombia puede sobresalir con proyectos musicales que se materializan en verdaderos emprendimientos sociales y educativos de la economía naranja. Les hablaré de Camerata en un corto recorrido por nuestras cifras colombianas, el renacimiento y la época barroca: épocas y nichos culturales que expanden nuestras perspectivas como seres humanos. Para leer mejor este artículo, les sugiero el Brandenburg Concerto nr. 3, de Johann S. Bach.

Las cifras de la música en la cultura

La Cuenta Satélite de Cultura revela cómo el valor agregado de los segmentos culturales ha venido creciendo en Colombia. Entre 2015 y 2016, creció 2,4%, jalonado por grandes segmentos como la industria audiovisual y en menor medida por las artes escénicas y visuales. La música, a pesar de crecer 0,7% en el mismo periodo, ha visto su valor agregado caer en 6,9% un año después, planteando retos importantes en el impulso a proyectos que no necesariamente son del mainstream.

En lo digital, sin embargo, las ventas se han disparado; el Global Music Report nos dice que más el 60% de los ingresos mundiales de esta industria viene de plataformas digitales y que Latinoamérica creció por encima del 17% en el 2017. En Colombia, mientras el excedente bruto de explotación de subsectores como el de juegos y juguetes es del 19%, el de la música alcanza el 79%. Así la música en Colombia no tenga el mismo peso de otros segmentos culturales, tiene todo el potencial educador, gerencial y social del que se sueña en políticas públicas.

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Camerata de Bogotá: un viaje por el renacimiento y el barroco

Buscando rescatar la pedagogía a través de la música, dos músicos colombianos, Ana María Fonseca y Juan Camilo Araoz, iniciaron un proyecto que hoy reúne a jóvenes talentos y les brinda un acercamiento artístico que va más allá de la música clásica. Aprovechando la magia de instrumentos poco conocidos en Colombia como la Tiorba, el Clavecín, el Laúd, y la presencia de músicos internacionales como Miguel A. Guzmán y Julia Boucaut, han logrado recrear épocas del devenir europeo que difícilmente podíamos presenciar en Colombia.  

En la música del renacimiento (1400-1600), aparecen compositores como Dowland y Monteverdi en el momento en que nace la ópera en Italia, mientras que en la época barroca (1600-1750), en pleno auge del mercantilismo de Cantillon y Colbert, surgen nombres como Scarlatti, Bach y Vivaldi. En tanto el primer estilo es algo melancólico, el segundo rescata afectos más dramáticos y ornamentados.

Que estudiantes bogotanos reflejen el cambio de la polifonía a la monodia y hagan desaparecer la cacofonía de las calles por un momento en el corazón de nuestra ciudad, es digno de resaltar. Son estas las iniciativas que permiten la especialización en el capital humano.

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Fotografías: cortesía de Camerata de Bogotá/ Christian GFNIN

Carolina Jiménez, estudiante de música, no solo participa voluntariamente con sus otros 29 colegas en esta iniciativa, pues también dedica su tiempo a liderar un proyecto de enseñanza en violín para niños, jóvenes y adultos en la localidad de Kennedy. Tal y como aparece en la teoría económica de Hirschman, aquí surgen encadenamientos, pero no solo económicos si lo pensamos más allá, sino educativos y culturales: justo la dimensión social de la economía naranja.

Que la música es una terapia, acompañante y amiga del pasatiempo, lo conocemos; que detrás se esconde una amalgama de artes complejos, lo intuimos, pero que su onirismo funja como una herramienta educativa y social, quizá lo estemos desaprovechando.

Anne Midgette hace un recuento de cómo en Derby, Inglaterra, un colegio usó música clásica para ‘castigar’ a estudiantes desobedientes. Luego de exponerlos a una hora de música clásica, su rendimiento subió en un 50%. Así el famoso efecto Mozart no tenga respaldo científico contundente (Crncec, Wilson & Prior, 2004), sí hay efectos positivos en el rendimiento cuando escuchamos música (Roth & Smith, 2008).

Mientras Scotland Yard está usando el poder de la música clásica para combatir el crimen en Londres, el auge del discurso de la economía naranja debe ser el contexto ideal para promover la música en Colombia como un tao de vida, una apuesta por la educación y la apertura de oportunidades para artistas que no deben tener miedo de especializarse y dedicarse a soñar.

La economía es una red de encadenamientos; los culturales pueden mover los económicos con la externalidad positiva de impulsar la educación y el arte. Ojalá surjan más iniciativas de economía naranja como Camerata de Bogotá; por ahora, su próximo compromiso con la historia es tocar las ocho estaciones de Antonio Vivaldi y Astor Piazzolla en marzo en Bogotá.

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