Opinión

  • | 2018/04/24 00:01

    La siguiente caída del petróleo flota sobre el océano Índico

    Arabia Saudita juega una carta peligrosa que podría devolvernos a los precios del crudo en 2014.

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La actual estrategia de Arabia Saudita es similar a la audaz maniobra de Dédalo en el mito griego. Al igual que este personaje, quien fabricó dos pares de alas con las que él y su hijo Ícaro huyeron de la isla de Creta, el país árabe tomó dos decisiones clave para recuperar el precio del petróleo, que paradójicamente podrían ponerle trabas a su ascenso.

Los saudíes se pusieron la meta de recuperar los precios del petróleo, que se fueron a pique en 2014, a través de un recorte conjunto en la producción de combustible. Luego, generaron un gran inventario flotante para contener el exceso de producción creado por la industria de esquisto de EE.UU.

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Estas decisiones han permitido elevar el precio del barril a US$70. Sin embargo, esto puede desacelerar tanto la demanda proveniente de India y China, como crear presiones inflacionarias en EE.UU y Europa, lo cual deterioraría aún más la demanda global del crudo.

Mucho se ha hablado del recorte de la producción de Arabia Saudita. Sin embargo, queremos centrarnos en los inventarios flotantes de crudo. Por eso, es necesario entender que el petróleo, como todas las materias primas, no solo se basa en la oferta y la demanda, sino también en la creación y destrucción de inventarios.

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Esto es importante porque con la caída del precio del petróleo, los inventarios en EE.UU aumentaron considerablemente. Esto obligó al mercado petrolero entrar en contango, es decir, el precio del barril de entrega inmediata (Spot) fue inferior al precio futuro del mismo. En otras palabras, fue más rentable almacenar petróleo para venderlo en el futuro.

En consecuencia, los inventarios en EE.UU alcanzaron máximos históricos desde febrero de 2016 hasta junio de 2017. Pero EE.UU no fue el único que construyó inventarios, también lo hizo Arabia Saudita, quienes usando buques almacenaron su petróleo en aguas internacionales. A su vez, varios fondos de cobertura alquilaron barcos para almacenar petróleo y tener mayores utilidades, gracias al gran contango del mercado de petróleo.

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Esto ha desembocado en una gran congestión de tráfico marítimo en el océano Índico y en el estrecho de Malacca, ubicado entre Malasia y Singapur.

Sin embargo, desde Septiembre 2017 el mercado del petróleo pasó de contango a Backwardation, es decir los precios futuros de largo plazo son inferiores a los de corto plazo, lo que hace bastante costoso tener inventarios de petróleo. Como respuesta, EE.UU comenzó a reducir sus inventarios de manera significativa, mientras la producción de crudo alcanzó récords históricos.

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Mantener un buque de petróleo es caro y con el mercado en Backwardation, comienza la cuenta regresiva para que la presión de estos costosos obligue a Arabia Saudita a inundar el mercado con este crudo flotante.

Hay que tener claro que la única manera de que la venta no afecte el precio, es que la demanda por el crudo aumente de manera importante y ese no es el escenario actual. De hecho, EE.UU llegó a mínimos históricos de importaciones netas de petróleo, mientras que China las mantiene constantes desde 2014.

Por su parte, India ha sido el único país que ha aumentado sus importaciones de crudo desde el 2014. El único problema es que a precios de US$80 el barril, el petróleo podría crear grandes presiones inflacionarias para ese país que desacelerarían su crecimiento económico y con ello su demanda de combustible.

Los fondos de cobertura han consolidado sus posiciones especulando por un aumento de los precios. Lo irónico es que la estrategia de Arabia Saudita produciría una gran caída del crudo, tal como ocurrió en 2014.

La cera de las alas se está quemando, Ícaro podría caer. Y en este caso, la venta de los inventarios flotantes sería una debacle para las monedas de Rusia, Brasil y Colombia, países que han visto en el reciente aumento del precio una tabla de salvación para sus economías.

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