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Opinión

  • | 2019/11/05 00:01

    Bancos, constructoras & poder: ¿engañosa narrativa de las pensiones voluntarias?

    Sí, claro que debemos ahorrar. Sí, hay un boquete pensional y la cosa no pinta bien. Sí, pero el sistema está diseñado para que unas personas pierdan o ganen un poco y las entidades financieras (casi) nunca pierdan. El caso de las pensiones voluntarias y de la vivienda nos sirve de ejemplo para ver cómo una realidad, dulcemente dibujada, esconde unas estructuras de poder temibles.

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Si usted quiere construir su propia casa porque encontró un lote y busca hacer realidad un sueño, pequeño o grande, las pensiones voluntarias serían una opción meramente teórica. El tema es engañoso, y no le va a servir de mucho la pensión voluntaria si no lleva mucho tiempo ahorrando o aún está lejos de la edad de pensión. En cambio, si se la compra a una constructora, el tema es distinto. Ahí sí le funciona.

Empecemos con algunas aclaraciones. Las pensiones voluntarias son un tipo de ahorro que no tiene que estar ligado a la AFP de la persona. El gancho de este sistema es el beneficio tributario, que implica que nuestros aportes quedan exentos de renta. Eso se da solo en uno de estos tres casos: a) que los aportes estén mínimo 10 años en la cuenta (maravilloso para la liquidez de la entidad), b) que el aportante cumpla la edad de pensión y, c) que se usen para comprar vivienda. En esta última opción, donde todo parece muy bonito, se revelan unas impresionantes estructuras de poder, quizá las mismas que nos ayudan a entender por qué el sistema financiero en Colombia confunde, domina, y no se deja cuestionar.

Imagine ahora que usted no quiere comprar una vivienda, sino construirla usted mismo con algún profesional. Suena descabellado, pero aún existen personas que lo sueñan, en lotes pequeños o grandes, dentro o fuera de las ciudades. Si no cumple alguno de los tres requisitos, puede estar seguro de que perderá mucho dinero por retenciones. Súmele el 4 x 1000 ahora, y se dará cuenta de que tantas historias de grandes rentabilidades apenas darían lo suficiente para contrarrestar la inflación. Si una familia quiere construir su propia casa, este mecanismo no le sirve automáticamente. Y eso no se lo advierten mucho cuando lo tratan de envolver en el elixir del ahorro voluntario.

En una página de una entidad que maneja estos fondos, dice textualmente “Si llegaras a necesitar tu dinero, puedes disponer de él cuando quieras por medio de nuestra zona transaccional (…), tendrás beneficios tributarios”. Claro que puedes disponer de él, solo que no te contamos lo duro que serán los descuentos si no cumples unos requisitos. La idea, al fin y al cabo, es ahorrar para la vejez. Pero sucede que hay distintas formas de ahorrar, y el sistema está diseñado para que no le quitemos la oportunidad a los bancos de acompañarnos en dichos propósitos.

La Ley 488 de 1998, pensada, entre otros, para el “fomento a la construcción”, preveía en su Art. 23 que “los recursos captados a través de las cuentas de ahorro “AFC”, únicamente podrán ser destinados a financiar créditos hipotecarios o a la inversión en titularización de cartera originada en adquisición de vivienda”. Estas cuentas de Ahorro para el Fomento a la Construcción, claramente se diseñaron pensando en los bancos, todo bajo la égida del incuestionable discurso del ahorro. Preguntemos. ¿A quién se le va a ocurrir cuestionar la importancia del ahorro? ¿Quién estaría tan loco para cuestionar la necesidad de aumentar la cobertura pensional? Bajo estas narrativas, está claro que los bancos y las constructoras tienen que estar en el medio del juego.

Me gusta lo que escribe Mariana Mazzucato en The Value of Everything, porque resalta que la discusión sobre los que generan valor y los que lo extraen, se perdió hace mucho tiempo, mientras que la financiarización de la economía cogía fuerza. Hace poco vi cómo un economista le decía “país en desarrollo” a Alemania, porque su market cap apenas superaba la suma del de Apple y Microsoft. Alguien le respondió sabiamente: “real vs. inflado”. Quizá la economía alemana haya aprendido algo del desastre del 2008, y sus cifras hablan más de lo real que de aquello que se infla artificialmente.

Recordemos que las constructoras y los bancos en Colombia están fuertemente entrelazados. Cuando baja el desempleo gracias al jalonamiento de la construcción, parece haber una alegría homogénea e incuestionable. Claro, es una buena noticia, pero siempre pienso que sería una mejor noticia que aumenten los empleos en sectores que jalonan y multiplican otro tipo de capital humano, y que esto también se acompañara del crecimiento en el sector de la construcción.

La financiarización de la economía no es mala de por sí, porque facilita, entre otros, el intercambio mismo en la economía real. Ecuyer (2019) muestra cómo se puede inclusive mejorar el acceso al agua en Colombia a través de cooperativas que fomentan una “emancipación” financiera. Pero, el lío está en los excesos, dice Steve Denning, tal y como se ha visto en casos corporativos como el de IBM, que se obsesionó por multiplicar el valor de sus acciones a través de “ingeniería financiera”.

En Colombia, un caso tan invisible como el de las pensiones voluntarias refleja el gran poder que ejerce el sector financiero, más allá de lo productivo. Casi hace impensable la opción de construir uno mismo su casa, con expertos y por la vía legal, ahorrando vía pensiones voluntarias. Me llama la atención que inclusive digan que el 4 x 1000 no aplica, cuando al consultar a asesores de estas entidades, sostienen que, al sacar el dinero, sí aplica el otrora temporal 4 x 1000. ¿A quién le creemos entonces? Por eso, cada vez que llaman a felicitarme por ganarme la oportunidad de acceder a un crédito, les propongo que hagamos una comparación entre sus tasas (E.A.) y la tasa de intervención del Banco de la República. Tanta generosidad no podía ser.

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