Opinión

  • | 2019/07/14 00:01

    Aumenta tu ID (inteligencia directiva)

    Sabemos que existen distintos tipos de inteligencias. La más famosa es la inteligencia matemática y verbal que se mide con los exámenes de coeficiencia intelectual. Pues bien, hay un tipo de inteligencia llamada directiva, la cual podemos medir para saber nuestro nivel directivo y que mide tres variables: el gobierno, el liderazgo y la ejecución.

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El propósito de este articulo es que lleves a cabo una reflexión personal sobre tu capacidad directiva y definas unas tareas de mejoramiento y desarrollo de esta capacidad. 

¿Qué es la Inteligencia Directiva (ID)?

Es aquella que requiere un directivo para llevar a cabo con éxito su tarea. La dirección de empresas es una actividad sui generis porque está enfocada hacia las finalidades de una organización. Por este hecho, es una disciplina práctica, orientada a la acción y, sobre todo, basada en las relaciones del directivo hacia distintas personas dentro de una organización. 

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Vemos cada una de estas capacidades directivas que desarrollan la ID:

  • La función de gobierno o la capacidad de decidir prudentemente 

Todo alto directivo debe gobernar. La diferencia entre gobernar y dirigir consiste en que el primero se relaciona, sobre todo, con la toma de las decisiones fundamentales de un área, dependencia o la organización, mientras que la dirección tiene que ver con la conducción de personas hacia determinados fines. Por consiguiente, el gobierno está separado del hacer y por ello las organizaciones disponen de órganos como las juntas directivas y los comités de dirección, puesto que, son los escenarios por excelencia para tomar decisiones, es decir, para gobernar la empresa como un todo. 

La toma de decisiones es el primer elemento de la inteligencia directiva que debemos medir dentro del gobierno de un directivo. Por esto, la objetividad, la manera de abordar los problemas, la búsqueda de alternativas, la precisión frente a las dificultades o la capacidad para diagnosticar se constituyen en factores medulares de la función de gobierno. 

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  • La función de mando o la capacidad de hacer - hacer 

Todo directivo actúa con y por medio de personas. Lo que lo distingue de un ejecutivo es la capacidad de “hacer que las cosas sucedan”. Por esto, un buen directivo es un motor de motores, es decir, es una persona con la capacidad de suscitar la acción de las personas que están a su alrededor. 

La inteligencia directiva, a partir de la función de mando, se mide estableciendo la capacidad de establecer objetivos, motivar, lograr resultados mediante las personas y, sobre todo, mediante la generación de confianza y de colaboración de los equipos de trabajo. Es esta la dimensión del liderazgo que un directivo debe tener de cara a los resultados de la empresa porque la función directiva es, sobre todas las cosas, una actividad colectiva, es decir, colaborativa. 

  • La función de ejecución o la capacidad de hacer 

Todo directivo debe poner por obra lo decidido. Su tarea no es especulativa o científica; por el contrario, requiere volcarse y volcar a las personas a la acción. Entre más alto esté el directivo en la organización menos requiere la acción personal porque su tarea es más de gobierno. 

No obstante, el hacer del directivo está en un plano diferente del hacer de un técnico o de un trabajador manual. Esto significa que la actividad del directivo está orientada a las conversaciones, las reuniones y, sobre todo, al desarrollo de la capacidad de otras personas para que lleven a cabo objetivos y tareas concretas. 

De esta manera, la inteligencia de un directivo se mide por la calidad de sus conversaciones, de sus reflexiones y, especialmente, por las reuniones y los comités que tiene a su cargo. Lo anterior significa que la función de ejecución se basa en los resultados que el directivo logra por medio de los demás. 

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Conclusión 

Un buen directivo no es el gran ejecutor. Por el contrario, decide mucho y bien y, al tiempo, mueve los equipos en función de objetivos y propósitos. Lo poco que le queda de tiempo es para la acción personal. Por esto, su deber es acrecentar su coeficiente directivo para conducir mejor su organización. 

Al final, las tres grandes preguntas de reflexión para mejorar nuestra capacidad son: ¿cómo es el proceso de toma de decisiones en mi organización? (función de gobierno), ¿cómo muevo a los demás a la acción? (función de mando), ¿cómo enfoco mi acción personal para asegurar mejores resultados? (función de ejecución).

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