Opinión

  • | 2018/11/09 00:01

    Por qué las armas NO deben llevar IVA y cómo arruinar nuestros astilleros

    Gravar las ventas que se hagan de buques, sistemas, armas & Co. del Estado hacia sí mismo sería un error. La Ley de Financiamiento, a pesar de la polémica, al menos reconoce esto parcialmente y los excluye del impuesto.

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La producción y reparación de sistemas de defensa, buques, aviones y armamento en Colombia es un impulso a la productividad del país. Lo plasmado en la Ley de Financiamiento favorece apenas parcialmente a este sector y, mientras tanto existe, al parecer, un movimiento ideologizado que se enfoca en el eufemismo de la violencia para criticar todo lo que haga el gobierno. Reflexionemos y veamos las preocupaciones desde otro punto de vista.

1era preocupación: el eufemismo de la violencia para hundir la competitividad

Recientemente escuché afirmaciones como esta: “país absurdo: las armas sin IVA y los alimentos con IVA”. Hagamos unas precisiones antes de empezar. No estoy de acuerdo con gravar la canasta familiar; dudo de la eficacia de las devoluciones; quisiera que colegas macroeconomistas también emprendieran produciendo alimentos de la CF para que al menos imaginen por un momento el golpe tan fuerte que significará pasar de 0% a 18% en el flujo de caja de las empresas pequeñas agroalimentarias.

Pero este artículo no es sobre ese tema; ya se ha tematizado en otros espacios de manera legítima. Mi preocupación se da por otras dos cosas: Una es la satanización que se ha iniciado sobre los sistemas militares en este contexto y la otra se refiere a la vieja costumbre de cambiar las reglas, afectando en este caso la competitividad de la industria naval.

Sucede que existen empresas del Estado como Cotecmar, Indumil, CIAC y Codaltec, que son verdaderos tesoros productivos para Colombia. No solo lo digo por los cientos de miles de millones de pesos que aportan al Estado a través de sus ventas, pues existe también una dimensión poderosa de innovación y creación de empleo que nos ha permitido fabricar radares, buques, armamento, sistemas inteligentes propios, made in Colombia.

Recuerden que el Estado Colombiano, así como fue confirmado en 2017, tiene el monopolio de la fuerza y por ende es el verdadero gran cliente interno de sus propias industrias militares. Gracias a sus avances, producen suficientes innovaciones de uso civil y las exportan. Dichos avances son fundamentales, pero la ideología sesgada ni siquiera permite una discusión sobre estos temas, porque cualquier cosa relacionada con el sector defensa es mala.

Entonces, gravar las ventas que se hagan de buques, sistemas, armas & Co. del Estado hacia sí mismo sería un error. La Ley de Financiamiento, a pesar de la polémica, al menos reconoce esto parcialmente y los excluye del impuesto (ver art. 424, sección 10).

Pensemos que antes de aprobarse la última reforma tributaria (Ley 1819 de 2016), teníamos unas situaciones particulares anticompetitivas. Por ejemplo, traer un buque de otro país no causaba IVA mientras que fabricarlo aquí y venderlo sí.  ¿Cómo se supone que debían competir los astilleros en Colombia si su propio Estatuto Tributario los hundía financieramente?

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La existencia de industrias militares permite la innovación en lo civil. He mencionado en otros artículos cómo el internet, las bolsas de té, los hornos microondas, los iPhones, etc., provienen parcialmente de inventos militares.

Nuestra trágica experiencia con la guerra nos permite usar lecciones aprendidas para asesorar a otros países en temas tan diversos como estrategia, innovación, conflicto, sistemas de defensa, etc., posicionando a Colombia como una potencia regional.

Por eso, la discusión del IVA de la canasta familiar no tiene nada que ver con el IVA de equipos militares y policiales. Recordemos que, ante amenazas externas e internas, Colombia tiene que tener la capacidad de reaccionar y eso implica equipar a sus Fuerzas de manera eficiente.

Las absurdas reglas de decretos viejos como el 1809 de 1994, que pedía que la Industria Militar cobrara IVA al Estado por venderle equipos, deben quedarse en el pasado.

No es aceptable que se mezclen categorías arancelarias ideológicamente aduciendo que no gravar el material de guerra significa promover la violencia. Es precisamente ese tipo de aseveraciones malintencionadas lo que termina desinformando al país, generando más sectarismo y poco diálogo del que tanto necesitamos.

Les aseguro que a los miembros de las FF.MM y a sus familias poco les gusta la violencia, pero tampoco a Colombia le debería interesar la inseguridad y menos reducir sus capacidades militares ante tantas amenazas, incluyendo al abyecto Dictador del otro lado de la frontera. Así, es acertado que la Ley de financiamiento no permita que el Estado se cobre IVA a sí mismo en temas estratégicos.

2da preocupación: cambios silenciosos para la construcción naval para hundir la competitividad

Ahora bien, veamos un problema grave que se esconde en la propuesta de la Ley, que me hace pensar que el Ministerio de Hacienda podría estarle cortando las alas (¿involuntariamente?) al Ministerio de Defensa.

Me surge una preocupación frente algunas especificidades del borrador de la Ley en su mismo artículo 424, dado que las categorías que pasaron a estar exentas en vez de excluidas en la antigua reforma tributaria, podrían volver a pasar a la categoría de excluidas y, otras que lograron una tarifa diferencial, subirían a la tarifa generalizada del 18%.

La diferencia entre exento y excluido se puede resumir así: un bien exento causa el IVA con una tarifa del 0%, y sus productores pueden solicitar devoluciones por el IVA que se pagó para insumos en la producción. Esto puede ser atractivo para una empresa que logra una devolución de parte del IVA causado y prefiere invertir en Colombia. Un bien excluido, en cambio, no causa el IVA y no permite devoluciones. En el caso del diseño y construcción de armas y material de guerra, un gran logro en la reforma del 2016 fue haber pasado de excluido a exento.

Del borrador de la Ley se entiende que los logros en tarifas diferenciales del 5%, por ejemplo, para las construcciones fluviales y marítimas se eliminarían, reduciendo la competitividad y aumentando el riesgo de migración de los armadores a mercados más atractivos.

No deberían estar ni excluidos ni gravados; deberían estar exentos. La pasada reforma tributaria fue generosa con la construcción fluvial, bajando el gravamen del 16% al 5%, pero no lo fue con la construcción marítima, dado que pasó de la categoría ‘excluido’ a ‘gravado’ con 5%. 

Sin embargo, fue un logro general para la industria naval, tema que se ahogará ahora en una ‘amable’ categoría que no permitirá devoluciones de IVA. La nueva Ley de Financiamiento puede acabar con la competitividad de los astilleros si esto se permite.

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Este punto debe analizarse bien entre los Ministerios, dado que Colombia se ha posicionado como una referencia regional en construcciones navales. Además, el caso de Israel y EE.UU demuestra que las industrias militares en algún momento se atomizan en empresas privadas innovadoras.

Si no hay incentivos para traer innovación que luego se traduce en usos civiles, estamos golpeando sin darnos cuenta el discurso de la competitividad. Si los dos Ministerios logran un diálogo productivo, espero que el resultado sea el impulso a la innovación.

 Perspectivas de ambos temas

Es importante impulsar más el diálogo técnico hacia la competitividad, no los insultos ideológicos cargados de nostalgia y resentimiento. Alguna vez escuché a un inversionista decir: ‘prefiero invertir afuera y no en Colombia, no tanto por la inseguridad, sino por esa perversa costumbre de Colombia de cambiarle a uno las reglas cada vez que quieren’. Lo repito, señores lectores, no favorezco el IVA para la canasta familiar, pero no mezclemos huevos con armas y no satanicemos la competitividad del sector defensa: suum cuique.

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