Opinión

  • | 2018/02/26 00:01

    Ante la propuesta de Trump: jamás un maestro armado en el aula

    En un editorial del periódico The New York Times se preguntaba en qué tipo de país los padres de familia deben enviar a los niños a la escuela con bolsos o mochilas a prueba de balas.

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Bolsos que, atados a la espalda, según sus fabricantes, son capaces de detener balas de pistolas calibre .357 Magnum, .44 Magnum, 9 mm, munición de punta hueca y más.

Luego de que el exestudiante Nikolas Cruz asesinara con un arma de fuego a 17 personas (escolares y profesores), en una institución escolar de secundaria cerca de Miami, el presidente Donald Trump propuso armar al 20% de los docentes, aquellos que tuvieran algún tipo de experiencia en manejo de armas, según él para disuadir a los locos. Esta es la propuesta de Trump para proteger a los estudiantes de las matanzas que han ocurrido de manera sistemática durante este siglo en ese país.

Para quienes trabajamos en el sector educativo esta idea nos produce indignación. Es un paso más en las ya excesivas acciones o propuestas que atentan contra el más mínimo sentido de respeto por la vida humana y el desarrollo de la cultura y los valores de occidente, los cuales, aunque no perfectos, han tenido la intención de liderar a la humanidad para que se proteja la vida y se garantice su existencia en condiciones dignas (igualdad política, económica y social).

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Este exabrupto del presidente Trump, sólo se puede explicar porque él responde, no a la vida, sino a las necesidades de la multimillonaria industria militar, vinculada al Departamento de Defensa de los Estados Unidos, y a la poderosa Asociación Nacional del Rifle, o su acrónimo en inglés NRA, que cuenta con 5 millones de asociados y que, para algunos republicanos (los ultra conservadores), son los verdaderos guardianes de las esencias americanas, hasta lograr que muchos de ellos, para dolor humano, decidan su voto sobre la base del derecho a portar armas.

Como lo han sostenido varios analistas de este gravísimo problema de la sociedad estadounidense, la alharaca durará una semana, unos cuantos días de debate, comentarios en redes sociales, y cadenas de oraciones, y luego, como ha pasado en anteriores matanzas, se olvidará. Esperemos que no. Por primera vez los estudiantes y profesores de Estados Unidos han decidido tomar acción, en lo que parece ser el inicio un movimiento nacional estudiantil. Ya era hora para oponerse a la raíz del problema: la fabricación de armas, la facilidad para adquirirlas y la creencia de algunos sectores de esa sociedad que piensan que la mejor manera de garantizar la seguridad es garantizar su propia defensa.

EE.UU tiene 270 millones de armas; todo un arsenal para matar. Las voces que protestan contra este exagerado armamento en poder de las familias americanas han recordado que, en algunos Estados, las farmacias se demoran más en entregar los medicamentos formulados que un almacén en entregar una arma, que se vende sin ningún control. En paralelo, un estudio de 2016 en el American Journal of Medicine calculó que entre dos docenas de las naciones más ricas del mundo, el 91% de los niños de 0 a 14 años, el 92% de los jóvenes de 15 a 24 años y el 82% de todas las personas muertas por armas de fuego eran de los Estados Unidos

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Otras estadísticas señalan que los estadounidenses representan aproximadamente el 4.4% de la población mundial, pero poseen el 42% de las armas del mundo. La tasa de homicidios con armas de fuego en los EE.UU fue de 33 personas por millón en 2009, mientras que en Canadá y Gran Bretaña, fue de 5 por millón y 7 por millón, respectivamente. En 2013, las muertes relacionadas con la posesión de armas por los estadounidenses incluyeron 21.175 suicidios, 11.208 homicidios y 505 muertes causadas por una descarga accidental. Ese mismo año en Japón, con un tercio de la población frente a Estados Unidos, las armas de fuego estuvieron involucradas en solo 13 muertes. Ante este panorama, cuesta creer que ahora en EE.UU se apareció el mesías de la NRA que propone incrementar las armas, no el desarme.

Tampoco, la solución es fortalecer la atención de los enfermos mentales, muchos de ellos vinculados con su participación en las guerras que ese país ha librado fuera de sus fronteras, pues las cifras muestran de forma contundente que las enfermedades mentales no son un factor que explique las excesivas matanzas que ocurren en Estados Unidos.

La idea que maestros vayan armados a las aulas y los estudiantes con bolsos y vestimentas antibalas a la escuela es inaceptable. El camino parece obvio: fortalecer la educación, la cultura ciudadana y por sobre todo prohibir la venta de armas y regular la producción y su uso. Por fortuna y para bien de la humanidad, los maestros, estudiantes, académicos y voces del partido demócrata (cada vez más se entiende que no daba igual Hillary Clinton que Trump) han rechazado la propuesta de Trump.

Por primera vez los jóvenes se han movilizado e inclusive han protestado frente a la Casa Blanca contra la venta libre de armas y su posesión indiscriminada. La escuela debe existir exactamente para lo contrario: para que florezca la vida. El día de San Valentín, la celebración de amor y amistad estadounidense, debería ser una celebración de la vida. Fue justamente ese día que ocurrió la matanza. Que no ocurra nunca más.

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