Opinión

  • | 2019/03/12 00:01

    Alcalde : por favor dejemos de improvisar

    Los bogotanos merecemos el desarrollo de políticas serias. El pico y placa ambiental impuesto de un día para otro es clara muestra de la falta de planeación. Peor aún más es saber que esta medida no sirve para nada, pues no disminuye de manera significativa los niveles de material particulado. Por el contrario, afecta el comercio y sigue comprometiendo la salud de los ciudadanos que vivimos en la capital del país.

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Bogotá atraviesa por el peor momento en su historia. Así lo considero pues es cuando más nos encontramos amenazados. Las altas concentraciones de material particulado tienen efectos directos sobre la salud de los ciudadanos. Antes temíamos a las Farc cuando se acantonaban en La Calera. La inseguridad es un problema frecuente de esta ciudad, con el que desafortunadamente nos hemos acostumbrado a convivir. Para mí lo es ahora la mala calidad del aire, pues las muertes que ha ocasionado en el país igualan las ya ocasionadas por el conflicto armado.

En Bogotá el 10% de las muertes anuales están asociadas con la mala calidad del aire. El alcalde considera de manera errónea que la solución es imponer el pico y placa ambiental, pues está probado que este no contribuye de manera significativa a la disminución de los niveles de contaminación.

Esta medida genera un efecto positivo a nivel de movilidad, pues las vías de la ciudad se encuentran más despejadas, pero no menos contaminadas. Un estudio reciente de la Universidad de Los Andes incluso prueba que ni siquiera el día sin carro disminuye de manera considerable los niveles de polución. Este estudio combina los reportes de las 13 estaciones de la Red de Monitoreo de Calidad del Aire, que se encuentran distribuidas en 9 localidades (Usaquén, Kennedy, Fontibón, Santa Fe, Barrios Unidos, Engativá, Suba , Tunjuelito y Puente Aranda), junto con los resultados de la aplicación Waze en materia de movilidad.

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Los resultados son sorprendentes pues prueba que en un día sin carro la velocidad promedio de los vehículos aumenta en un 20%, mientras que la mala calidad del aire medida en partículas, disminuye en tan solo un 2% comparado con cualquier día hábil en la ciudad. Si bien se redujeron la mayoría de los contaminantes del aire local, la variación de PM10 y PM2.5 (material particulado) que genera el grueso de las enfermedades asociadas con la contaminación tales como las respiratorias y cardiovasculares, así como las muertes prematuras es mínimo.

A nivel comercial el resultado es desastroso. Varios negocios afirman que, de seguir así, muy seguramente tendrán que despedir empleados e incluso cerrar. El pico y placa dejo pérdidas de hasta un 80% de acuerdo con Fenalco Bogotá. Los más afectados fueron los centros comerciales, restaurantes, centros de diagnóstico, parqueaderos y talleres de servicio. La demanda notablemente disminuyó pues las personas no solo no tenían cómo transportarse, sino que en muchos casos la recomendación era que no salieran de sus casas, pues la inhalación de material particulado es altamente perjudicial, especialmente para niños y adultos mayores. Fuimos retenidos en nuestras casas, limitando las salidas al máximo, en especial en sectores como Fontibón o la Sevillana, donde se encendió la alerta naranja.

Un tema importante que debe tenerse en cuenta es la presunta disminución de los precios de las viviendas en Bogotá. Esto está relacionado directamente con la contaminación, pues parte del precio que se paga por una vivienda incluye su entorno, en este caso la calidad del aire. La Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) exige como límite 50 μg / m 3 - promedio anual de PM10 (el material particulado más grueso). La Organización Mundial de la Salud en este sentido es más estricta pues tiene como límite 20 μg / m 3- promedio anual.

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El cumplimiento de la primera norma implicaría beneficios avaluados en US$12,16, mientras que la aplicación de la segunda generaría beneficios de US$189.64. Esos valores a su vez, representan el 1,35% y el 21,04% del ingreso medio de los hogares bogotanos. Esto afirma otro estudio de la Universidad de los Andes publicado el año pasado.

En Bogotá no se están cumpliendo estas normas, lo que eventualmente podría conllevar a que los precios de las zonas con mayor contaminación decaigan. De hecho, incluso podría generar que los compradores de vivienda se desplacen a municipios cercanos, no solo por la escasez de suelo en Bogotá (lo que hace que en general los proyectos en la Sabana sean más atractivos por su menor precio), sino también por las condiciones del aire de la ciudad.

El futuro de la ciudad está seriamente comprometido. La existencia de un protocolo de calidad del aire junto con un plan de prevención mejoraría ostensiblemente la calidad de vida de los bogotanos. Pareciera que aquí no vivimos, más bien sobrevivimos.

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