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Opinión

  • | 2019/12/16 00:01

    5G

    La supremacía tecnológica involucra ahora una quinta generación de tecnologías móviles como la próxima columna vertebral de las comunicaciones globales, que se enfoca no solo en conectar a las personas sino también a las cosas. Mientras las grandes potencias ya se aprestan a avanzar en esta nueva economía de datos, América Latina se mantiene expectante a que maduren los nuevos modelos de negocio para hacer frente a las grandes inversiones que serán necesarias.

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A mediados del semestre pasado, Corea del Sur lanzó la primera red nacional de telefonía móvil 5G y se convirtió en el primer país del mundo en ofrecer esta tecnología en todo el territorio a través de tres grandes operadores nacionales. En la misma semana, Estados Unidos inició su adaptación a la conectividad 5G en dos ciudades, y a los pocos meses, la Unión Europea incluyó dentro de sus planes que en 2020 todos los países miembros deberán disponer de, al menos, una ciudad principal con 5G.

Muchas economías del mundo se están preparando para el revolcón tecnológico que tendrá esta nueva generación que promete revolucionar la industria, a partir de un salto considerable en la productividad como consecuencia de mayor automatización, explotar el Big Data, la inteligencia artificial entre muchos otros casos de uso.

Sin embargo, mientras las grandes potencias mundiales se preocupan por agilizar el despliegue hacia esta nueva era, América Latina solo está inundada de dudas y cuestiones relacionadas a si los países de la región pueden estar preparados pronto para sumarse a este nueva, y prácticamente necesaria, tendencia. De acuerdo con un documento de investigación titulado ‘El valor de la transformación digital a través de la expansión móvil en América Latina, realizado por  Raúl Katz y Sebastián Cabello recientemente  (http://www.teleadvs.com/wp-content/uploads/Expansive-Mobile-Final-report-SPA-1.pdf ), la evolución del 4G al 5G podría significar un crecimiento económico exponencial para la región. 

De hecho, si las seis economías más grandes (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú) tuvieran el propósito definido de acoplar la conectividad 5G, podrían agregar hasta USD 250 billones al PIB agregado regional. Y si se extrapola el impacto hacia el resto de la región latinoamericana, podría estarse hablando, entonces, de USD 293 millones en un periodo de 10 años (casi medio punto de producto por año).

No hay dudas de que el impacto de 5G sobre las economías será muy importante, sin embargo, para el mundo en desarrollo, la mayor de las dudas está dada por las cuantiosas necesidades de inversión que serán necesarias. Ese mismo estudio de Katz-Cabello indica que habría que invertir entre un 10 y un 40% más de lo que se está invirtiendo actualmente. El desafío es mayúsculo, si en especial se considera que para que 5G funcione correctamente las redes tendrán que densificarse entre 3 y 4 veces más de lo que están hoy, lo cual significa instalar muchas más antenas y estaciones de base. Solo así podrán funcionar soluciones como carros automatizados y contar con ciudades inteligentes que aprovechen la información de todo tipo de sensores y medidores conectados a la red. 

En concordancia, uno de los retos en varios países de América Latina, viene siendo la habilitación y la licitación del espectro para dar cabida a esta conectividad. En esto, Colombia mantiene un panorama incierto sobre la subasta del espectro de 700MHz para 4G que, al menos, ya tiene precio base y cuatro oferentes. No obstante, se necesita mucho más espectro para que los operadores puedan jugársela, bajo unas condiciones de competencia propicias, por la red 5G en el largo plazo.

Para el caso del 5G se necesitan una combinación de bandas de frecuencia para que los servicios funcionen correctamente: la primera por debajo de 1Ghz (1.000 Mhz) para ampliar la cobertura en zonas de difícil acceso como las rurales y la penetracion indoor, la segunda entre 1 y 6 Ghz para ofrecer una buena combinación en cobertura y capacidad, y la tercera por encima de 6 Ghz para ciertos servicios que requieren ultra velocidad y muy baja latencia o grado de respuesta como es el caso de los autos conectados o la realidad virtual.

Así, mientras países como México ya están trabajando en una licitación de frecuencias para bandas de hasta 3,5 Ghz o Brasil que ya planea una licitación de espectro para 5G en marzo de 2020, en nuestro país estamos sorteando todavía cuestiones de 4G. A pesar de los esfuerzos de la Agencia Nacional del Espectro, las circunstancias políticas y las encarnizadas luchas competitivas de los actores, han retrasado poder avanzar en el uso del espectro para habilitar nuevos servicios como el Internet de las Cosas.

Estimular la innovación y la implementación de políticas que den lugar a un aumento en la conectividad móvil en el país, y en la región, se vuelve fundamental. De hecho, desarrollar un plan digital que involucre a todo el territorio bajo la tendencia del 5G, que va desde frecuencias muy bajas para mejorar la cobertura hasta frecuencias muy altas para mejorar la velocidad, es trascendental para densificar mucho más la red para cumplir el mismo propósito: aumentar la penetración de internet. 

La diferencia vendrá de la mano con un valor agregado en calidad bajo una de las tendencias tecnológicas que revolucionará próximamente el mercado.

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