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| 10/28/2019 2:13:00 PM

Transición y coexistencia energéticas: de las fuentes fósiles a las renovables

Aunque es claro que productos como el petróleo van a ir perdiendo peso en la canasta energética mundial, la transición no va a ser rápida. Es necesario pensar la estrategia energética desde una perspectiva de la coexistencia de fuentes y no desde la rápida eliminación de una de ellas. Una colaboración de Vicente Hormizda, gerente de OH, consultoría y servicios.

La conciencia ambiental ha permeado para bien la mente de cada colombiano: todos sin duda alguna deseamos conservar nuestro planeta, pero lo que posiblemente no sabemos es que Colombia tiene una de las matrices energéticas que produce menores emisiones de CO2 en el mundo ya que alrededor del 70% de nuestra energía es generado por el uso del recurso hídrico. Esto, no obstante, nos hace más vulnerables al cambio climático.

Reviviendo nuestra historia, al inicio de los 90’s se sintió una de las sequías más intensas de la historia, la cual fue generada por el Fenómeno de El Niño y que hizo del racionamiento de energía, en ese momento, un integrante más de las familias colombianas.  A partir de ese suceso el gobierno nacional empezó a desarrollar planes que ayudaron a expandir el Sistema Interconectado Nacional y que pudiera adaptarse a los cambios técnicos, económicos y medioambientales, de ahí que a la generación eléctrica poco a poco fueron llegando otros actores que ayudaron a suplir la demanda y cuya fuente principal era la energía fósil. 

Teniendo en cuenta la vulnerabilidad del sistema, que se hizo más evidente con los retrasos que ha tenido Hidroituango, los últimos gobiernos han tenido una política de incentivar la entrada de las energías renovables no convencionales, tales como solar fotovoltaica, eólica o biomasa, que se ve reflejado en la expedición de la ley 697 de 2001, 1715 de 2014 y la 1955 de 2019 (Plan de Nacional de Desarrollo 2018-2022) que traen los lineamientos y varios beneficios para desarrollar esta industria.

Según la Bp review (2019) la demanda de energía mundial en 2018 creció un 3,7%, siendo una de las tasas más altas de crecimiento de los últimos 20 años y el gas natural fue el actor principal, representando casi el 45% del crecimiento global de consumo de energía. En ese mismo orden las energías renovables aumentaron 14,5% que, aunque disminuyeron levemente su tendencia de crecimiento, siguen siendo la fuente más activa en su desarrollo. 

Las proyecciones del Fondo Monetario Internacional en el 2019 nos dicen que el crecimiento mundial será del 3%, y en América Latina y el Caribe de tan sólo el 0,2%, siendo Colombia junto con Bolivia los únicos dos países de este hemisferio que crecerán por encima de promedio mundial, ubicándonos con 3,4% para este año y el 3,6% para el 2020.

Para mantener el buen desempeño de la economía local y de acuerdo a las proyecciones de la Upme donde indica que el consumo de energía eléctrica estará creciendo al 2% en la próxima década, es imprescindible tener una generación confiable  por lo cual se hace necesario seguir impulsando el desarrollo de las energías renovables y seguir con la tendencia mundial del uso del gas como fuente confiable y que ayuda a la reducción de las emisiones de carbono tal como sea demostrado en EE.UU., donde obtienen este hidrocarburo de la explotación de los Yacimientos No Convencionales.

Pero no sólo necesitaremos de energía eléctrica para seguir desarrollando las diferentes industrias sino también insumos o materia prima con qué trabajar. Uno de los renglones fuertes que aporta este tipo de productos es la petroquímica que, por procesos físicos y químicos, que se realizan en las refinerías, transforma el petróleo y gas en una gran variedad de derivados que ayudan a obtener productos tales como lubricantes, fertilizantes, plásticos, pinturas, pesticidas, perfumes, fibras sintéticas (vestidos), detergentes, saborizantes, gomas, productos farmacéuticos, chicles, jabones, monturas de gafas, pañales desechables entre otros muchos más.   

Un futuro retador tenemos por delante porque la demanda energética seguirá creciendo y la autosuficiencia es necesaria para poder seguir por la senda del desarrollo sostenible. En ese aspecto la industria del petróleo no solamente ayudará en suplir la demanda con los proyectos de Yacimientos no convencionales, recobro mejorado y costa afuera sino a generar unos impactos socioeconómicos positivos que junto con las energías renovables conseguirá tener una coexistencia energética por varias décadas.

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