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| 9/23/2019 2:26:00 PM

¿La vuelta del efecto Orloff?

Una publicidad brasilera de los años 80 trataba de convencer a los consumidores de que para evitar la resaca deberían tomar la marca de vodka Orloff utilizando la frase ““Eu sou você, amanhã” (soy usted, mañana). Un análisis de Martín E. Díaz Plata.

Una publicidad brasilera de los años 80 trataba de convencer a los consumidores de que para evitar la resaca deberían tomar la marca de vodka Orloff utilizando la frase ““Eu sou você, amanhã” (soy usted, mañana). Los comentaristas brasileros adoptaron dicho slogan para comparar la evolución de su economía y la argentina de tal manera que cada evento económico en su país vecino, desde la hiperinflación hasta los distintos (y en su mayoría fallidos) planes de estabilización, se vería repetido en su país. Argentina hoy es Brasil mañana. El pico de dicho efecto fueron los ajustes a los planes Austral y Cruzado en 1988 y 1989. 

La muy posible derrota de Mauricio Macri en la primera ronda de elecciones presidenciales del próximo 27 de octubre ha provocado menciones de la vuelta del efecto Orloff. ¿Será que los ciudadanos brasileros se desilusionarán de cómo Jair Bolsonaro, otro presidente creyente en el libre mercado y la iniciativa privada, está manejando el país y un gobierno socialista lo reemplazará? ¿Es posible que las autoridades en Brasilia se tienten de medidas heterodoxas desde congelamiento de precios hasta reestructuraciones de deuda que seguramente el próximo gobierno argentino implementará? Tal vez el Partido de los Trabajadores hasta imite la misma cínica táctica kirchnerista de colocar a un candidato menos repelente para el público en la fórmula presidencial. 

Las semejanzas entre la economía argentina y brasilera son menores de lo que eran en los ochentas y noventas, y una inflación que rehúsa bajar de niveles punitivos para la sociedad es el estandarte de dichas diferencias. Milton Friedman decía que la inflación era el impuesto más cruel pues las clases menos favorecidas no tienen manera de protegerse de ella. Y, por ende, los gobiernos incumbentes pierden elecciones en presencia de una alta inflación. Además de la inflación, la herencia de crónicos déficits argentinos es bastante peor que la que le dejaron a Bolsonaro. Otras diferencias, especialmente los consistentes niveles más altos de inversión en Brasil podrían llevar a la conclusión de que el efecto Orloff no va a replicarse esta vez. 

Sin embargo, Bolsonaro puede en su típico estilo autoritario y en una situación de impopularidad auto infligirse una crisis echando a Paulo Guedes, su respetado ministro de Economía. Esto podría llevar a un alejamiento de políticas fiscales sanas, generando un circulo vicioso en el que el progresivo deterioro en la economía conlleve a medidas más populistas que en sí empeoren aún más las finanzas estatales y reduzcan las posibilidades de que se elija a un gobierno responsable y competente. 

La similitud en los ingresos exportadores de ambos países también hace que las economías se muevan en paralelo. Tanto Luiz Inácio Lula (2003-2011) como Néstor Kirchner (2003-2007) tuvieron el viento a favor en sus gobiernos, con los precios agrícolas creciendo a más del 60% y 20%, respectivamente. Desde la salida del poder de Lula en 2011 y de los Kirchner en 2015, este índice ha caído más del 20% y 5% acumulado. Varios estudios han comprobado que el precio de los bienes primarios explica más de la mitad del comportamiento de las economías latinoamericanas. 

Irónico resaltar que la última vez que el efecto Orloff fue citado con cierta frecuencia fue a principios de 2016 cuando a raíz de la elección de Macri, Argentina dio un giro dramático de sus políticas económicas y alcanzó los mismos niveles de riesgo crediticio que Brasil. Los brasileros esperaban que Brasil imitara dichos positivos desarrollos. Es decir, el efecto Orloff en el que Brasil seguiría a Argentina también en las buenas. 

Sin embargo, la gran diferencia que creo que va a liberar a Brasil de este efecto es la madurez de las políticas económicas de ambos países. Los políticos latinoamericanos, y los argentinos en particular, son grandes aficionados a “soluciones” rápidas y bombásticas con las que pretender enfrentar problemas profundos, desde inflación hasta inestabilidad cambiaria pasando por déficits provocados por gastos excesivos e improductivos y una falta de capacidad de recaudar impuestos. En la inmensa mayoría de estas “soluciones”, el remedio es peor que la enfermedad. En otras palabras, congelar precios, otorgar subsidios, fijar la moneda en niveles arbitrarios, y cerrar importaciones, son medidas bastante más fáciles de entender e implementar que el crear un ambiente favorable a la inversión y al libre mercado. Argentina no ha podido salir de esta adicción a las intervenciones estatales arbitrarias y pareciera, a pesar de la impredecibilidad de Bolsonaro, que Brasil sí. Gracias, pero no soy usted, mañana. 

P.S. Cuando a Eric Cantona le dieron su premio en la UEFA recitó a Shakespeare. Confirmación de que también en columnas económicas podemos hablar de fútbol. ¿Mejor gol de la temporada hasta ahora? El taco de Pedro en el amistoso entre Chelsea y el RB Salzburgo. 

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