| 12/19/2010 8:00:00 AM

La tendencia: los empaques reciclables

“Las tendencias en envases para productos perecederos en la segunda década del siglo XXI, están marcadas por los envases sostenibles, de ciclo y forma de uso” dice Martha Rodríguez, profesora de diseño de la Universidad Javeriana.

En términos de tendencias, en envases lo que está y seguirá vigente, está relacionado con la conciencia ambiental y en esa medida, íntimamente ligado a lo reciclable. Martha Rodríguez, profesora de diseño de la Universidad Javeriana, señala que para entender los envases sostenibles, alguien puede remitirse al Sustainable Packaging Coalition® (SPC), un proyecto del GreenBlue®.

El SPC ha definido los envases sostenibles como: “envases beneficiosos, seguros y saludables para los individuos y las comunidades a lo largo de su ciclo de vida”. Así mismo, ha determinado que los envases deben cumplir con los criterios de costos y rentabilidad impuestos por el mercado; contar con el uso de energías renovables en sus procesos de producción, fabricación, transporte y desuso; procurar la optimización del uso de materiales reciclados y provenientes de recursos renovables; y estar fabricados bajo tecnologías de producción limpia y buenas prácticas.

Pero, ¿a qué hace referencia el ciclo de uso y la forma de consumo? El ciclo de uso tiene que ver con la disposición final del envase. Una vez se consume el producto contenido, el envase es clasificado en: retornable, reusable, degradable, biodegradable, no retornable, reciclable y re procesable. Precisamente en ese paso final, el consumidor tiene un papel clave, pues es el encargado de hacer la clasificación de los empaques, desde su casa.

En Colombia ya hay dispuestas rutas selectivas, que se encargan de recoger los desechos que son reciclables. Aunque no es muy común en el país, no quiere decir que esto represente un atraso, pues es una tarea que hasta ahora se está implementando en casi todos los países del mundo.

Por su parte, la forma de consumo está asociada con la dosificación del producto, para a partir de ahí cambiar la clasificación de los empaques en las siguientes categorías: porción única, unidad determinada, carga unificada, multienvase y unidad mínima de carga.

La trascendencia de un empaque tiene que ver con lo que logra producir en el consumidor. La apuesta es lograr una conexión sensorial con el envase, que ahora y en futuro, se traduzca en una conversión de los beneficios en recompensas emocionales y en una transmisión de valores basada en una conexión con el consumidor y la marca, explica Rodríguez.

Y ¿por qué? “porque el consumidor de hoy en día, está mucho más informado, toma decisiones rápidamente. Además, el envase debe ser fácilmente identificable, con personalidad, con una funcionalidad clara y debe permitir navegar rápidamente a través de la comunicación visual”, concluye.

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