| 11/10/2008 12:00:00 AM

¿La primera crisis para los conciertos?

Nunca en la historia de Bogotá hubo tantos buenos conciertos como en este año. Lo malo, los escenarios se están quedando vacíos y los empresarios pierden rentabilidad.

Hace dos años Bono, el famoso vocalista de U2 explicó la razón por la cual su grupo no se presentaría en Colombia como parte de su gira mundial Vertigo. Dijo que no le interesaba llegar a un país donde no se respetaban los derechos humanos. Hoy esa historia parece una anécdota de un pasado muy distante. La Capital se ha visto inundada por una ola de megaconciertos, con nombres que hace dos años nadie hubiera imaginado que pudieran incluir al Colombia en su itinerario de tours. Pero ahora el problema de Bogotá no son los derechos humanos sino la falta de espectadores.

El inicio de este sorprendente auge de conciertos comenzó el año pasado con la llegada de Roger Waters, exitoso solista y antiguo bajista de Pink Floyd, el grupo precursor del rock psicodélico. Le siguió Soda Stereo, el legendario grupo argentino del rock en español.

En 2008 ya se han presentado una decena de artistas extranjeros y la serie de conciertos no parece parar.

Los amantes de la música vieron al principio del año a Nito Mestre y The Doors, que se presentaron en pequeños teatros del centro. Luego vino Iron Maiden. Sus seguidores acamparon tres días antes del concierto para poder estar más cerca de sus ídolos metaleros. Les siguieron jazzistas tan famosos como el americano Ron Carter o el francés Eric Trufazz, que asistieron al Festival de Jazz y luego, los conciertos de Maná y Andrés Calamaro.

En estos últimos se empezó a ver una cierta saturación en la demanda. Ni siquiera el deseo de ver a las leyendas roqueras fue suficiente para llenar los escenarios. Se vendieron menos boletas de las esperadas – 18.000 de 25.000 previstas y 15.000 de 20.000 respectivamente -.

Algunos de los conciertos que siguieron confirmaron la desaceleración. En la presentación de la reconocida estrella del Pop Kylie Minogue, el parque Jaime Duque estaba lleno en un 70%, un porcentaje menor al anticipado por los empresarios. En la de R.E.M., que alternaba con The Mars Volta, cambiaron de lugar del parque Simón Bolívar donde estaba previsto originalmente como se veía en las boletas impresas, al Coliseo el Campín, un escenario mucho más pequeño.

El concierto de Nine Inch Nails, que se debía realizar el 12 de octubre, fue súbitamente cancelado, tras sólo haber vendido unas 2.000 boletas faltando un mes para la presentación. Mientras tanto el concierto del grupo Caracas había vendido hasta ese momento más de 7.000, y siguió adelante. “Yo no cancelé el concierto, fue la banda”, dice Alfredo Villaveces, organizador del evento.

El hecho empezó a desanimar a los empresarios. “El público responde mal cuando traen artistas buenos”, afirmó Carlos García, empresario que trajo con éxito Grupo Armada, hablando sobre los golpes financieros de los últimos espectáculos.

Pero el futuro de Colombia no parece estar cerrado para los artistas de primera línea. Con la caída de las ventas de discos en el mercado mundial, que han sido remplazados por los reproductores de MP3, los programas de computación que permiten robar música, los quemadores de CD, así como ITunes que permiten comprar canciones individuales, los recursos económicos de los músicos tienen que venir de otro lado. Por eso, muchos de ellos migraron hacia las presentaciones en vivo y hacia la venta de sus productos de merchandising que van desde discos hasta camisetas y paraguas.

Además, la recesión en Estados Unidos y Europa los ha hecho mirar hacia países emergentes como los latinoamericanos,. “Los managers se están dando cuenta que Colombia es buen mercado y que es un país seguro”, afirmó Villaveces, con relación a la creciente de importación extranjera.

Los tiempos forzaron un cambio interesante en los artistas, que están buscando formas para adaptarse mejor a los cambios extremos. Esto crea nuevas oportunidades en los países en desarrollo, que son mercados más bien vírgenes, pero donde se refugian muchos conocedores que han mirado por años desde la distancia, la evolución de los artistas más cotizados del mundo.

Ahora habrá que ver qué tan fuerte es el mercado colombiano. La primera prueba parece mostrar que es difícil para el público seguirles el paso a tantos conciertos en los que, en promedio, la boleta más barata no baja de $70.000. Por eso se necesitó de tan solo unos meses para revertir la euforia bogotana, con lo que quedaron sillas y sillas vacías en los conciertos.

En estas circunstancias, se espera la venida de Fito Páez, Serrat, Los Fabulosos Cadillacs y Maroon 5, y habrá que esperar qué ocurre con ellos. Por lo pronto, sus éxitos en boletería están llenos de incertidumbre.


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