| 3/1/1997 12:00:00 AM

En el nombre del Padre

La Fundación Social adelanta un plan de modernización que va a representar una inversión de US$100 millones en tres años y que busca ponerla a la vanguardia en el servicio al cliente.

Las empresas de la Fundación Social, que desde su creación en 1911 formaron un círculo cerrado que no aceptaba nuevos socios, entraron hace tres años en un dinámico proceso de cambio. La primera señal se dio en 1994 cuando se unieron con el grupo chileno Banmédica en Salud Colmena y la más reciente es la emisión de bonos por US$60 millones que hicieron en enero pasado.



Esta emisión no sólo representa un cambio en la forma de financiación del grupo, sino que convierte a la Fundación en la primera entidad no societaria en acudir al mercado público de capitales.



Los recursos obtenidos por este mecanismo, junto con los US$40 millones que el grupo saca directamente de sus arcas, se van a destinar a financiar un ambicioso programa de modernización que espera poner a tono a las empresas de la Fundación con la competencia y los cambios que está viviendo el sector financiero y previsional.



En el eje de todos los cambios se encuentra una nueva concepción del servicio al cliente, que pretende que éste pueda satisfacer todas sus necesidades y resolver sus problemas aunque sólo tenga una relación con las empresas del grupo.



Los planes a mediano y largo plazo del Grupo Social se concentran en tres frentes de trabajo. Modernización, fortalecimiento del negocio de seguridad social y desarrollo del sector inmobiliario.



El programa de modernización está centrado en el negocio financiero y bancario. El objetivo es readecuar la organización para el manejo competitivo del negocio bancario en una nueva perspectiva, en la cual el cliente es el mayor protagonista. Esto implica un cambio estratégico y operativo. Con el nuevo esquema, las empresas del grupo van a empezar a trabajar en forma integrada y no en la forma acostumbrada, es decir, como unidades de negocio independientes.

Con este propósito, está integrando operaciones que se desarrollaban independientemente, en áreas como tecnología, tesorería y mercadeo. Así, el centro de cómputo de todo el grupo se está montando en un solo edificio, con el fin de darle coherencia a la estrategia y mejorar la eficiencia y el servicio. - Alvaro Dávila, presidente Fundación social



Como la tendencia moderna es que el cliente visite las instituciones financieras cada vez con menos frecuencia, el proyecto hace énfasis en la necesidad de llevar las instituciones al usuario, explotando los canales tradicionales de telefonía pero también sistemas como internet, autoservicio y conexión desde el hogar o la oficina. La Corporación Colmena prestará algunos servicios por internet a partir del segundo semestre del año.



Otro frente en el que está trabajando el Grupo Social es en el fortalecimiento de la actividad previsional. Su interés obedece tanto a razones sociales como económicas. Por un lado, reconoce que el negocio de pensiones y cesantías es el principal sistema de ahorro de las personas de ingresos medios y bajos, y que las perspectivas de crecimiento en esta área son grandes. Pero también considera que el ahorro está intrínsecamente ligado a la salud y los riesgos profesionales, y que, por ende, ofrecer un servicio integral en estos frentes, conectado con los productos financieros, ayuda a concretar la misión social del conglomerado.



Por su parte, en el sector inmobiliario está dando pasos para diversificarse. El grupo creó con otros socios Matco, una fábrica de materiales de construcción; está formando bancos de tierras; entró a la venta de servicios técnicos y en general está fortaleciendo áreas como la promoción, comercialización y gerencia de proyectos por medio de Constructora Colmena y Fiduciaria Colmena.



La Fundación también viene desarrollando una política de asociación en empresas relacionadas con sus negocios o con programas de desarrollo comunitario. La política es tener participaciones minoritarias. En Matco se asoció con Conconcreto y Ospinas. En Dinámica, una empresa que presta servicio de apoyo diagnóstico y complementa la actividad de las EPS, se unió con Suramericana. Con este grupo también firmó una alianza en Datasalud, compañía que facilita el manejo de información a las empresas del sector salud y en la que participa Computec.



Además, creó Ciudad Verde con las cooperativas de recicladores de Manizales, para manejar integralmente el problema de las basuras en esa ciudad.



No es como los otros



A diferencia de los demás grupos económicos, el Grupo Social no tiene ánimo de lucro. Las utilidades que generan las 14 empresas del conglomerado, descontando impuestos y provisiones, se destinan en su totalidad a financiar programas sociales. Esta suma no es nada despreciable, si se tiene en cuenta que en 1996 bordeó los $20.000 millones.



Podría decirse que el esquema es único en su género, ya que no son las empresas las que tienen una fundación, sino que la Fundación es la dueña de las compañías. Esta estructura permite atender doblemente la misión de aliviar las causas estructurales de la pobreza, que fijó en 1911 el padre Campoamor cuando levantó los cimientos de este conglomerado.



Por un lado, las empresas generan los recursos para atender sus programas sociales y por otro hacen presencia en actividades que por su naturaleza tienen un importante impacto social y llegan a sectores de ingresos medios hacia abajo que normalmente no están bien atendidos por otras organizaciones.



Durante casi 60 años, la Fundación se dedicó al manejo de cuentas de ahorro en la Caja de Ahorros del Círculo de Obreros, que luego se convirtió en la Caja Social.



Pero a partir de la década de los 70 abandonó el período de consolidación para entrar en una nueva era, reflejo de los cambios introducidos al sistema financiero con la creación del Upac y de las corporaciones de ahorro y vivienda. Es así como en 1974 entra en el negocio con la CAV Colmena. En esa época también surgieron la constructora, fiduciaria, compañía de seguros y leasing, todas agrupadas bajo la "marca" Colmena, además de Cenpro, la programadora de televisión.



Esta primera fiebre de expansión duró hasta 1982 y se mantuvo controlada hasta cuando se produjeron la apertura financiera y el cambio en el régimen de seguridad social durante el gobierno de César Gaviria. Es así como en la década del 90 se inició una tercera etapa en la historia del grupo, con su ingreso al campo de pensiones y cesantías, salud, seguros de vida y administración de riesgos profesionales.



Tal vez el hecho más destacable es que el grupo Social dejó de ser una organización dedicada a manejar el ahorro para abordar globalmente el negocio financiero. La primera señal en ese sentido se dio en 1991 con la conversión de la Caja Social en banco.



Al principio, el ingreso a la medicina prepagada se consideró una actividad adicional, pero con la expedición de la Ley 100 se tomó la decisión de meterse de lleno en el negocio previsional y hacer una fuerte presencia en ese campo.



Con los nuevos frentes de trabajo también se produjo una apertura del Grupo Social, que por décadas estuvo cerrado y operó sólo con empresas de la Fundación, salvo una antigua alianza entre Leasing Colmena y Lico, la empresa leasing de las cajas de ahorro españolas.



En 1994 se unió con el grupo chileno Banmédica, que con una inversión cercana a los US$2 millones en Salud Colmena, entró como socio de la compañía. Los otros socios, que le dieron vida al proyecto junto con la Fundación, son las clínicas Palermo y San Ignacio y la Fundación Abood Shaio.



En 1995 se unió en Pensiones y Cesantías Colmena con el grupo asegurador estadounidense American International Group (AIG), mientras que la Fundación entró como socia de Interamericana de Seguros de Vida, que se transformó en Compañía de Seguros de Vida Colmena AIG. La operación se cerró por una cifra que oscila entre US$25 y los 30 millones, y la empresa de pensiones se convirtió en la única compañía en la que la Fundación no tiene mayoría absoluta.



Aunque en este momento no hay en la mira alianzas con otras empresas o grupos, no descarta esta posibilidad. La Fundación está consciente de que ya no es necesario trabajar sola y, si se presentan las condiciones apropiadas, está dispuesta a considerar una unión estratégica en cualquiera de sus frentes de trabajo.



La proyección internacional del Grupo se concentra por ahora en Ecuador. Allí tiene una alianza con el grupo Pichincha Diners Club en Seguros Pichincha y Ecuhábitat, una sociedad de servicios financieros que está desarrollando sistemas de crédito hipotecario.



Inversión social



- Eduardo Villamar, vicepresidente Funadción Social Como ya se explicó, la labor social de la Fundación se desarrolla en dos instancias. La empresarial y la comunitaria. Si bien los críticos de este conglomerado argumentan que se mueve bajo férreos principios capitalistas, ya que las empresas financieras cobran unas tasas de interés muy altas mientras las tarifas de las demás compañías están a la par de las que se manejan en el mercado, dirigentes del grupo insisten en que la misión social no está encaminada a subsidiar servicios sino a llevarlos donde se necesitan.



Con este criterio, los resultados de la acción se miden con otras variables. Así, cerca del 90% de la actividad del Banco Caja Social se concentra en los estratos medio y bajo, donde captó unos $400.000 millones en 1995. Por su parte, el 40% de los créditos otorgados ese año se concedieron a la micro, pequeña y mediana empresa.



Por su parte, Leasing Colmena concentra más del 50% de sus colocaciones en las pequeñas y medianas empresas mientras que el 55% de las soluciones de vivienda que ejecutó Constructora Colmena correspondieron al estrato bajo y el 36% al medio.



En la labor comunitaria propiamente dicha, replanteó la forma de abordar el problema. En primer lugar, decidió afinar los criterios de selección de los 16 municipios en donde va a centrar el trabajo. Además, en cada zona va a hacer un desarrollo integral de los distintos programas que tiene la Fundación y va a sistematizar y coordinar las ayudas, para poder evaluar mejor sus resultados en la lucha contra las causas estructurales de la pobreza.



Estos cambios forman parte del programa de modernización del Grupo, que con el replanteamiento de su gestión económica y social pretende poner a tono los planteamientos del padre Campoamor con las necesidades del mercado y la sociedad de finales de siglo.

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