| 10/16/2018 3:02:00 PM

¿Para dónde va el dólar en lo que resta de 2018?

La divergencia entre las posturas monetarias y las perspectivas de crecimiento en Estados Unidos y el resto del mundo presagian que el dólar continuará fortaleciéndose. ¿Cuáles son las implicaciones de esta tendencia?

Durante los últimos seis meses, el dólar de Estados Unidos se ha fortalecido frente a las demás monedas –7% nominal y 6% real, en los índices de las tasas de cambio ponderadas por la participación de sus socios en el comercio exterior–, por varias razones.

La primera es la aceleración de la actividad económica en ese país, que mantiene el PIB creciendo por encima de su potencial. Otra es la perspectiva de una aceleración del tránsito a la normalidad de la postura monetaria de la Reserva Federal (Fed), debida a las expectativas de las presiones inflacionarias, que surgirán del exceso de demanda en que incurrió esa economía, debido al estímulo fiscal implementado por la administración del presidente Donald Trump, a través de una rebaja de impuestos y un incremento del gasto público, cuando la economía está en pleno empleo.

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El efecto de esa apreciación internacional del dólar ha sido devastador en algunas economías emergentes (EE), con amplios desbalances macroeconómicos –déficits fiscales y en la cuenta corriente–, altas deudas externas y escasa liquidez en moneda extranjera, en las cuales generó crisis cambiarias y caídas en la actividad económica, como en Turquía y Argentina.

También se ha sentido con fuerza en otras, como en Suráfrica y Brasil, donde la incertidumbre política creó preocupación por la implementación de las reformas estructurales para llevar a cabo la consolidación fiscal y mejorar la solvencia del Estado.

Como las proyecciones de los analistas y los organismos multilaterales sugieren que la actividad económica en los Estados Unidos continuará a un ritmo muy dinámico –2,9% y 2,5% en 2018 y 2019, según el FMI–, impulsada por la postura fiscal estimulante; mientras que en las otras economías avanzadas (EA) grandes no será tan ágil y en las EE no se acelerará con gran vigor, es probable que el dólar continué fortaleciéndose.

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Al mismo tiempo, en razón a que los otros grandes bancos centrales están rezagados en la normalización de sus posturas monetarias respecto de la Fed y es probable que ésta apure el tránsito hacia la normalidad, las mayores tasas de interés en Estados Unidos y la menor liquidez en dólares en los mercados internacionales reforzarán la apreciación de esa divisa.

En su última reunión el Comité de Operaciones de Mercado Abierto (FOMC) de la Fed aumentó 25 puntos básicos la meta para la tasa de interés sobre los fondos federales –que es la que se cobran los bancos entre ellos por préstamos a un día–, con lo cual la dejó entre 2 y 2,25% anual.

La mediana de las proyecciones de los miembros del FOMC sugiere otro incremento de la misma magnitud en diciembre próximo y tres más el año entrante, pero las predicciones de algunos analistas indican que podría incluso haber otro adicional en 2019. Además, las últimas declaraciones de algunos de los miembros del FOMC dan lugar a pensar que quizá la Fed no se detenga en una tasa de interés neutral, que no impulsa ni frena la actividad económica, sino que podría tener que elevarla hasta una desestimulante.

Sin embargo, el Banco Central Europeo ni el Banco de Japón han sugerido que comenzarán pronto a elevar sus tasas de interés de referencia para la política monetaria.

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Por tanto, esa divergencia en las posturas monetarias de la Fed y de los otros grandes bancos centrales seguirá alimentado la fortaleza del dólar a lo largo del año entrante, porque inclinan las preferencias de los inversionistas hacia los activos denominados en esa moneda, con lo cual estimulan los flujos de capital desde el resto del mundo hacia Estados Unidos.

Esas perspectivas también generan un menor apetito de los inversionistas por los activos riesgosos de las EE, en favor de los más seguros que ofrecen las EA, entre ellos los de Estados Unidos, que con frecuencia actúan como refugio en episodios de turbulencia en los mercados internacionales.

En consecuencia, es probable que las monedas de las economías emergentes continúen debilitándose frente al dólar en lo que queda de este año y en el siguiente. También es factible que durante este período sus activos sufran episodios de desvalorización como los que han enfrentado en lo corrido de este año.

Para morigerar la depreciación de sus monedas y la desvalorización de sus activos, las EE deben estrechar sus desbalances macroeconómicos, mantener una abundante liquidez en moneda extranjera, mejorar sus solvencias fiscal y externa, conservar baja la inflación y preservar la confianza de los inversionistas, sosteniendo una alta credibilidad de sus políticas fiscal y externa y evitando desmejoras en la calificación de su deuda pública.

En la medida en que el diferencial en el ritmo de la actividad económica se estreche por una moderación del crecimiento en los Estados Unidos, al desvanecerse el estímulo fiscal y aminorar el exceso de demanda por el estrechamiento de la postura monetaria, es probable que la fortaleza del dólar decline a partir de finales de 2019 y en 2020.

En Colombia, mientras los desbalances fiscal y externo continúen disminuyendo, se estabilice y comience a reducirse la deuda pública, se mantenga holgada la liquidez en moneda extranjera, se afirme el crecimiento y se conserve baja la inflación, los efectos de las turbulencias externas causadas por el estrechamiento de la postura monetaria de Fed serán moderados. La elevación de los precios del petróleo favorece esta perspectiva, en la medida en que contribuye a estrechar los déficits fiscal y externo, al tiempo que dinamiza los ingresos en moneda extranjera, tanto por exportaciones como por inversión extranjera.

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Las previsiones de las autoridades, los analistas y las entidades multilaterales favorecen estas perspectivas, siempre que se cumplan las metas de déficit (-3,1 y -2,4% del PIB en 2018 y 2019) y deuda pública (43 y 41% del PIB) establecidas con base en la regla fiscal, el crecimiento siga repuntando este año (2,7%) y se encamine hacia el potencial (3%-3,8%) el año entrante (3,3%), la inflación (3,3% anual) permanezca cerca de la meta (3% anual) y el déficit en la cuenta corriente permanezca moderado (-3% del PIB).

Por ello los analistas proyectan que la TRM cerrará esta año y el entrante alrededor de $3.000.

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