| 5/2/2019 12:01:00 AM

Crisis de Argentina: qué tanto tiene que ver el FMI

La prima de riesgo de Argentina está disparada y los inversores inquietos, no solo porque la expresidente Cristina Fernández encabeza las encuestas, sino porque el apoyo financiero y los vencimientos de las obligaciones se han concentrado en el actual mandato. Por Héctor R. Torres*

Argentina tuvo que pedir prestado al Fondo Monetario Internacional (FMI) por primera vez en 1958. En las seis décadas posteriores, el país ha firmado 22 acuerdos con el Fondo. La mayoría se descarriló posteriormente o terminó en fracaso. A pesar de sus credenciales pro mercado, el presidente Mauricio Macri se ha sumado a este desfile de decepciones. En poco más de tres años, su gobierno ha firmado dos acuerdos con el FMI. Y los acontecimientos recientes sugieren que la problemática historia de Argentina con el Fondo podría estar a punto de repetirse.

El último capítulo comenzó en junio de 2018, cuando el país tenía déficits fiscales y de cuenta corriente que, combinados, equivalían a 11% del PIB. Los inversores desconfiaron de los bonos argentinos, lo que obligó al gobierno de Macri a acudir al Fondo en busca de ayuda.

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Con el fuerte respaldo de Estados Unidos, el FMI pronto le otorgó a Argentina un préstamo del FMI de US$ 50.000 millones para usarlo en los próximos tres años. El gobierno pretendió que esto era solo un programa ‘preventivo’: Argentina no necesitaba el dinero, lo importante era que los inversores privados supieran que estaba a su disposición.

Sin embargo, solo dos meses después, Macri admitió que Argentina necesitaba incluso más de US$50.000 millones, y que los requería de inmediato. En la jerga del FMI, el acuerdo tenía que ser "cargado de frente".

En este punto, la amistad de Macri con el presidente Donald Trump (se conocían del mundo inmobiliario) dio sus frutos. El Fondo acordó, aunque a regañadientes, recargar el préstamo con US$7.000 millones adicionales, lo que lo lleva a US$57.000 millones. Además, desembolsará alrededor de 90% del monto total, o US$51.200 millones, antes de la próxima elección presidencial de Argentina a fines de 2019.

Este es el préstamo más grande jamás otorgado por el FMI a un país, y la economía en crisis de Argentina depende mucho de ese apoyo financiero. El 15 de abril, el Fondo envió una cuota de US$9.600 millones. Pero, en lugar de usar este dinero para acumular sus reservas de divisas o recomprar deuda en dólares, el gobierno de Macri lo va a usar para comprar pesos argentinos.

Como era de esperar, la prima de riesgo de Argentina se ha disparado. Los inversores están inquietos porque la expresidente Cristina Fernández de Kirchner encabeza las encuestas. Además, saben que, al concentrar prácticamente todo el apoyo financiero del FMI en su actual mandato, Macri también ha concentrado los vencimientos de las obligaciones de reembolso de Argentina con el Fondo. Como el FMI tiene el estatus de acreedor preferencial, será el primero en la fila de acreedores y, por ende, el primero en cobrar.

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En otras palabras, si después de 2020 Argentina no tiene suficientes dólares para pagar a todos sus acreedores, los inversionistas privados podrían verse obligados a reestructurar sus reclamaciones con pérdidas. Ellos lo saben, como también que tienen una oportunidad limitada para salir de Argentina y es probable que la usen pronto.

El gobierno argumenta que el Tesoro necesita vender US$9.600 millones en el mercado interno para cubrir los gastos presupuestarios denominados en pesos. Que use préstamos en dólares del Fondo para comprar pesos argentinos parece alarmante, pero el FMI aceptó. Sin embargo, el gobierno solo podrá comprar pesos argentinos en dosis homeopáticas, de hasta US$60 millones por día, a través del banco central y en subastas públicas.

Esto no tiene sentido. En virtud de su acuerdo con el FMI, el gobierno se comprometió a que en 2019 no tendrá déficit en su balance presupuestario primario (antes de los pagos de intereses) y también a refinanciar al menos 70% de todos los vencimientos de capital y de intereses de la deuda pública en pesos. El gobierno está cumpliendo con éxito ambas condiciones. Más aún, está refinanciando más de 100% de los vencimientos de capital e intereses de la deuda pública en pesos, superando la meta de este año. Por lo tanto, no tiene necesidad presupuestaria de utilizar los dólares del FMI para comprar pesos. Más bien, las autoridades, con el respaldo del Fondo, utilizarán el dinero para mantener estable el tipo de cambio hasta las elecciones de este año, lo que aumenta las posibilidades de reelección de Macri.

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El FMI no debería apoyar esto, por varias razones. Para empezar, los argumentos falsos para justificar el disparate de endeudarse con el FMI para comprar pesos pondrá en peligro los esfuerzos (incluso los míos) para normalizar las relaciones entre Argentina y el Fondo. En segundo lugar, los dólares que el gobierno se propone vender para comprar pesos serán muy necesarios para que el próximo gobierno pueda hacer frente a los pagos de deuda e intereses que vencen en 2020.

Además, tener US$9.600 millones, en lugar de la cantidad equivalente de pesos depreciados, pondría al próximo gobierno en una posición un poco más cómoda si, como parece inevitable, necesita renegociar el actual acuerdo del FMI. Por otra parte, Macri podría incluso fracasar en su objetivo de asegurar un peso estable hasta las elecciones, dado que una subasta diaria de US$60 millones no le dará suficientes municiones para evitar picos de volatilidad en el mercado de divisas.

Finalmente, mientras más deuda tenga Argentina con un acreedor privilegiado como el FMI, más difícil será convencer a los inversionistas privados "no privilegiados" de reconducir sus créditos y seguir financiando el país en 2020 y después.

Lamentablemente, la historia puede estar por repetirse. En octubre de 2001, unos 60 días antes de incumplir el pago de sus deudas, Argentina solicitó un préstamo de US$8.000 millones del Fondo. Usó la mayor parte de este dinero para comprar pesos a inversionistas institucionales que abandonan el país. El FMI está a punto de volver a cometer el mismo error. No debe esperar un resultado diferente.

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