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| 8/8/2020 9:13:00 AM

Así se vive después del pico de la pandemia

El exfiscal delegado contra las finanzas criminales, Andrés Jiménez, cuenta su experiencia en Francia, que lleva casi tres meses en desconfinamiento.

Al inicio del pico del coronavirus, el presidente Emmanuel Macron decretó un confinamiento por dos semanas en Francia a partir del 16 de marzo, que luego se extendería hasta el 15 de abril. A pesar de las restricciones, ni los niños, ni los viejos tenían prohibido salir.

El virus y las personas afectadas por él concentraban la atención en los primeros días, pero con el paso del tiempo empezaba a reflejarse el costo social, humano y económico en el resto de la sociedad. El escenario nunca fue una disyuntiva entre vida y economía, sino la búsqueda de un equilibrio entre pasar la crisis sanitaria y mitigar su impacto.

El 13 de abril, Macron anunció como fecha de desconfinamiento el 11 de mayo. A pesar de superar los 20.000 muertos, el costo sobre el tejido social y económico era demasiado fuerte. Las diferencias se estaban profundizando, pues no todos los niños tienen la opción de aprender por internet y no todos los padres pueden apoyarlos por igual, sobre todo, en las áreas menos favorecidas. Así mismo, mencionó que no es solo el coronavirus el que mata personas, sino también otras enfermedades crónicas que dejaron de atenderse y merecían volver a tener atención.

Los “gestos barrera” se convirtieron en la fórmula general de prevención contra el virus, lavado de manos, gel desinfectante y uso del tapabocas en lugares cerrados. Los gestos barrera son el costo de la nueva vida en sociedad. La pedagogía a través de medios y en la calle es constante, pues una eventual vacuna, que no está nada cercana, no puede esperarse para retomar. 

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Desconfinamiento

En la primera etapa, los niños regresaron escalonadamente al colegio y sobre la base de la voluntariedad. El comercio volvió a funcionar y, si bien ya no había que llenar una declaración jurada para salir de la casa, los desplazamientos estaban limitados máximo a 100 kilómetros del domicilio.

La segunda etapa del desconfinamiento inició el 2 de junio, en esta fecha la libertad volvió a ser la regla general de la forma de vida de los ciudadanos y las limitaciones solo la excepción. En esta fecha se eliminó el límite de los 100 kilómetros, los restaurantes volvieron a abrir, se aceleró la reapertura de colegios, se inició una campaña para identificar la deserción escolar y se anunciaron medidas para preparar las vacaciones de verano. Los sitios de turismo podían volver a recibir reservaciones, sobre todo en regiones de baja circulación del virus.

El primer día de la apertura de los cafés, que son importantes dentro de la cultura francesa, salió temprano en los medios el Ministro de Economía compartiendo con personas en un café parisino que volvía a abrir sus terrazas. El mensaje del Gobierno fue claro, estaba bien retomar paulatinamente la vida de antes y había que salir a apoyar a quienes durante mucho tiempo estuvieron cerrados. En términos de medidas de protección, la distancia entre mesas debe ser de 1 metro, el tapabocas es obligatorio para el personal que atiende y para los clientes para moverse dentro del sitio. El menú físico ha ido desapareciendo para darle paso a códigos QR que se escanean en las mesas. 

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Finalmente, el 14 de junio, Macron hizo su última intervención televisiva relacionada con el virus, declaró la crisis como controlada, es decir, el virus todavía circulaba y aún circula en Francia, pero dentro de los indicadores que se consideran aceptables para que continúe la reactivación de la vida social y económica. Decretó, así mismo, el regreso obligatorio y presencial de los estudiantes a los colegios y la retoma de otras actividades económicas importantes como el turismo y la cultura. Fueron lamentables las pérdidas humanas, pero también era cierto que la mayoría de contagiados se había recuperado. Había que aprender a vivir con el virus y mantener la prudencia con los gestos barrera con una gran dosis de responsabilidad ciudadana.

C‘est la vie

De manera progresiva han vuelto a abrir cines, museos, hoteles, piscinas, playas, parques de atracciones y aeropuertos. Desde entonces he podido viajar por Francia y ver cómo la gente quiere seguir adelante con sus vidas y sus trabajos, a pesar del virus. De seguir conociendo personas que lo tuvieron, lo superaron y que sin dramatizar dicen c’est la vie. 

Los franceses quieren seguir adelante con su vida, a pesar de que el virus sigue presente.

Los trenes de alta velocidad para viajar largas distancias van llenos y todas sus sillas van ocupadas, la única medida obligatoria es el tapabocas. Los aviones van todos con sus sillas ocupadas y se sirve la comida primero a quienes ocupan los puestos cerca de las ventanas y luego a los del medio para que no se quiten el tapabocas todos al tiempo. En los hoteles es obligatorio el uso de tapabocas en las áreas comunes y la reservación para las comidas se convirtió la regla general para evitar aglomeraciones. Igual sucede con los museos como el Louvre y el D’Orsay, y los parques de diversiones.

El costo

A pesar del gigantesco esfuerzo económico de Francia, que equivale a 20% de su PIB, que es igual a todo el PIB de Austria, se estima que la economía gala tendría una caída de 11% este año. Si es posible mantener la recuperación, se espera retomar los niveles de riqueza de 2019, solo hasta 2022.

La nueva normalidad sigue siendo frágil y depende de la responsabilidad de los ciudadanos con los gestos barrera para que no haya un rebrote de la epidemia. Si bien es algo que preocupa, no detiene la vida. El testeo ha continuado masivamente y la tasa de casos positivos sobre cada 100.000 habitantes es de 1%, en el pico de la pandemia era de 25%. 

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Sin duda, no es posible comparar los recursos de Francia con los de Colombia, pero sí es posible comparar formas de manejar la crisis.

Lo primero es que el trabajo de los gobernantes se consideraba esencial, es decir, nunca se mostraron encerrados y siempre estuvieron moviéndose por el país. Lo segundo es que la Asamblea Nacional continuó funcionando de manera presencial, ejerciendo control político, pero también aprobando leyes necesarias para afrontar la crisis. Lo tercero, la resiliencia de los ciudadanos para salir adelante y entender que el virus es una faceta más de la vida, la cual hay que afrontar. 

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